Fortuño: Mano dura y poca originalidad

Fortuño ahora nos dice que es el momento de restringir las manifestaciones de ciertos grupos del país. No nos debe sorprender, solo reafirma que Fortuño no es nada original. Solo está siguiendo una receta básica. La receta neoliberal. Siempre es bastante homogénea: reducir los gastos y el rol del gobierno en el país e intentar pasar lo más que se pueda a las manos de los grandes empresarios y comerciantes. Pero no se acaba allí. La receta a quien perjudica es a la abrumadora mayoría del pueblo; por ende es de esperar alguna oposición. Las manifestaciones y protestas del pueblo, según la receta neoliberal, serán recibidas con represión, con mano dura. A macanazos, a tiros si es necesario, y violando los derechos civiles del pueblo.

Fortuño, al ser tan poco original, no es el primero que lo hace. Cuando Pinochet se hizo dictador de Chile a la fuerza y comenzó a aplicar la receta neoliberal, llevó a cabo una de las más horrorosas violaciones de derechos humanos en la historia. Asesinó a miles y torturó a decenas de miles. Fortuño no es tan extremo, aunque quien sabe si en la posición de Pinochet hubiese hecho lo mismo. Pero Fortuño sigue más el modelo republicano de violaciones de derechos civiles. Cuando Ronald Reagan aplicó la receta neoliberal en Estados Unidos durante los ’80, abogó por la derogación de leyes que protegían los derechos civiles de los estadounidenses como el Civil Rights Act de 1964 y el Voting Rights Act de 1965. De la misma manera, vetó el Civil Rights Restoration Act de1988, obligando al Congreso a conseguir la mayoría necesaria para anular el veto del presidente. De la misma manera cuando Bush hijo aplicó la receta neoliberal, se aseguró de acompañarla con el Patriot Act, la peor violación de derechos civiles que han visto los estadounidenses en años, y en el caso de Puerto Rico, que nos aplica igual, simplemente es una continuación de la violación de nuestros derechos humanos y civiles como pueblo.

Pero si algo nos ha demostrado la historia es que el neoliberalismo y sus defensores no son invencibles. Los países que lo sufrieron nos dan una idea de cual es la clave. Mantenernos en la calle manifestándonos y protestando. No dejarnos intimidar por la mano dura. Ante mayor represión, mayor debe ser nuestra lucha. Por otro lado, no dejarnos engañar por alternativas electorales que solo quieren calmar las aguas y continuar entregándole el país a los empresarios y los comerciantes, que en el caso de nuestro país sería el Partido Popular Democrático. Solo debemos intentar usar el método electoral como otra herramienta para transformar nuestro país cuando tengamos una alternativa que genuinamente sea del pueblo y para el pueblo. En fin, sabemos la receta de Fortuño, así que el elemento sorpresa él lo perdió hace tiempo. Nos toca organizarnos como pueblo, dentro de nuestros centros de trabajo, en nuestras comunidades, en nuestros centros de estudio, para orquestar una contraofensiva que no le permita seguir destruyendo lo que nos queda del país.

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