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¿Concierto de Juanes o paz sin fronteras?

Por: Arleen Rodríguez Derivet*
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Es lo mismo, pero no se dice igual. Fuera del circuito periodístico, nadie se refiere al suceso de esta semana en Cuba con el título que su creador le dio.

Paz sin fronteras se llamará en los diarios, pero en la memoria de los cubanos se guardará como “el concierto de Juanes”, aunque posiblemente el colombiano sea el de menos kilometraje artístico entre todos los que su proyecto convocó para La Habana.

Hasta la legendaria Plaza de la Revolución, donde este domingo reverberarán los calores de la única estación de la isla, puede dar fe de multitudinarios conciertos con Silvio, Amaury y Los Van Van, por solo citar a los primeros convocados cubanos y contra los que se desató la impotente furia de los dinosaurios de la política anticubana.

Especialmente ladró la jauría contra ellos -que lo pusieron todo, desde el entusiasmo hasta la pelea, para un concierto que no los hará más amados de lo que ya son en Cuba y en el extranjero-, pero también contra el escenario, por ser sólido conjunto -artistas y plaza- de un patrimonio intangible, no ya de la cultura, sino del alma misma de la nación en los pasados 50 años.

Pero vuelvo a la pregunta que motiva el comentario: ¿Paz sin fronteras o Concierto de Juanes? En una isla, cuya soberanía no conoce otra frontera que el perímetro de la base militar yanqui en Guantánamo; donde hace más de 40 años estudian decenas de miles de jóvenes del tercer mundo, y médicos y maestros locales salen a salvar y enseñar por todo el mundo, convencidos de que su patria es la humanidad, el “sin fronteras” es relativamente común.

En cuanto a la paz, difícilmente haya otra tierra, de norte a sur y de este a oeste del planeta, donde la alegría tenga tanto que ver con la ausencia de violencia.

Considerando, por sus antecedentes y por su nombre, que el proyecto de Juanes está destinado a aliviar zonas de conflicto y que ya se ha anunciado que el próximo será en la dramática frontera México- Estados Unidos (¿será detrás o sobre el muro de la ignominia?), lo más cercano en el caso de Cuba, habría sido el Estrecho de Florida, por donde tantas veces, sobre lanchas artilladas, viajó la muerte hasta la isla y donde se perdieron y aun se pierden cientos de soñadores del sueño americano a los que Estados Unidos niega visas para hacer que se lancen al mar, antes en balsas rústicas y más recientemente en las rápidas lanchas del tráfico humano, porque deben tener los pies secos para clasificar.

Con perdón del aliento apolítico del concierto, hablo, por supuesto, de la Ley de Ajuste Cubano, razón actual de la conflictividad del Estrecho de Florida. Pero, claro, Juanes no es Cristo que caminó sobre las aguas. Es sólo un ser humano, nacido y crecido en el país de las fronteras y las violencias, y que a pesar de eso, aún cree en el poder de la amistad, del canto y en los hombres, valores que lo convierten en un revolucionario, según el más revolucionario de los hombres y aunque el propio Juanes no lo sepa.

Por eso Cuba le abrió las puertas. Y aunque los periódicos le llamen de otro modo, para todo el cubano que tenga memoria, este será el histórico concierto de Juanes en La Habana. El canto que derritió los odios de este lado -el que siempre ha puesto las víctimas- al sur del conflictivo estrecho.

*Periodista cubana

Fuente: http://www.telesurtv.net/noticias/opinion/1296/-iquestconcierto-de-juanes-o-paz-sin-fronteras/

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Revelan la química del amor

Por Seth Borenstein / The Associated Press

WASHINGTON – Como toda joven enamorada, Bianca Acevedo y su prometido se regalaron corazones con motivo del Día de San Valentín, que se celebra hoy.

Pero Acevedo, una científica especializada en el sistema nervioso, sabe bien que la fuente del amor es la cabeza, no el corazón.

Acevedo realiza investigaciones en un campo relativamente nuevo, que trata de explicar la biología del amor romántico. Y la fría explicación es que el amor es una combinación de imágenes cerebrales, hormonas y genética.

“Todo tiene una base biológica. Ya conocemos algunos de los factores más importantes”, señaló Larry Young, del centro de investigaciones Yerkes de la Universidad Emory de Atlanta. Young estudia el cerebro de un roedor monógamo para tratar de tener una mejor idea de lo que sucede en el cerebro humano.

En los humanos hay cuatro pequeñas áreas del cerebro que, según algunos investigadores, forman el circuito del amor. Acevedo, quien trabaja en el Albert Einstein College of Medicine de New York, es parte de un equipo que ha aislado esas regiones y les ha dado nombres muy poco románticos: área tegmental ventral (ATV), núcleo Acumbes, pálido ventral y núcleo dorsal del rafe.

El elemento clave es la ATV. Cuando se colocó a una persona que acaba de enamorarse en una máquina de imágenes de resonancia magnética y se le mostró fotos de su enamorado, la ATV se iluminó. Lo mismo cuando se observó a personas que siguen profundamente enamoradas luego de 20 años.

La ATV es un componente fundamental del sistema de recompensas del cerebro.

“Son células que producen dopamina (hormona y neurotransmisora) y la distribuye en distintas regiones del cerebro”, indicó Helen Fisher, investigadora y profesora de la Universidad de Rutgers. “Esta parte del sistema se activa porque uno trata de conseguir el premio mayor, un compañero”.

Una de las revelaciones de la investigación no es tan halagadora: el amor responde a reacciones químicas del cerebro y es como una adicción a una droga.

“El amor romántico puede ser adictivo; es una adicción muy bonita cuando las cosas marchan bien, y horrible cuando van mal”, expresó Fisher. “La gente mata por amor, y también muere”.

Acevedo dice que el factor adictivo “suena feísimo. Se supone que el amor es algo hermoso, que tiene una función: mantenernos juntos”.

A veces, sin embargo, el amor no une a la gente, por lo que los científicos estudiaron los cerebros de personas que acababan de romper con sus parejas y comprobaron que había actividad adicional en el núcleo Acumbes, que está asociado más fuertemente con la adicción.

“En la gente que ha sufrido desengaños hay más indicios de lo que podemos describir como un fuerte deseo”, explicó Lucy Brown, de la facultad de medicina del Albert Einstein College. “Es un deseo parecido al de una adicción a las drogas”.

Los investigadores estudiaron asimismo los cerebros de personas que llevan 20 años de casadas y siguen tomándose de la mano y comportándose como si acabasen de conocerse. En los cerebros de estos hombres y mujeres se iluminaron otras dos áreas, junto con la ATV: el pálido ventral y el núcleo dorsal del rafe.

El pálido ventral se asocia con el cariño y las hormonas que disminuyen el estrés, mientras que el núcleo del rafe bombea serotonina, que “estimula una sensación de calma”, según Fisher.

Esas áreas generan “la sensación de que todo está bien”, dijo Brown.

Los científicos estudiaron al roedor campañol, parecido al ratón de cloacas, para determinar qué es lo que hace posible el vínculo afectivo. Comprobaron que en las mujeres es facilitado por la hormona oxitocina. Cuando bloquearon los receptores de oxitocina, las hembras no desarrollaron sentimientos afectivos.

Entre los machos, la clave es la vasopresina. Cuando suministraron vasopresina a animales que jamás desarrollan lazos afectivos, los desarrollaron.

Los investigadores también hallaron una variante genética en campañoles que no son monógamos, y encontraron la misma variante en los hombres.

Los científicos creen saber cómo mantener fluidos los circuitos amorosos.

Young dijo que, en teoría, se puede estimular el amor romántico mediante sustancias químicas, pero que “si uno quiere realmente fortalecer una relación, debe hacer las cosas que estimulan la producción de estas moléculas y dejarlas que alimenten sus emociones”. Se refería a gestos como abrazos, besos y otras formas de contacto íntimo.

“Mi esposa me dice que las flores la estimulan”, expresó. “No sé si es así. A un científico le cuesta ver cómo pueden estimular los circuitos, pero sé que parecen tener efecto. Y la ausencia de ellas también tiene un efecto”.

amor y romance?

Intentando entender el amor, podemos empezar con que se trata de una combinación dialectica de varios elementos. El amor esta compuesto de relaciones de poder, cuestiones materiales y/o financieras, conceptos subjetivos definidos de maneras distintas a través de las épocas y las civilizaciones y de la misma manera de procesos biológicos. Psiquiatras, antropólogos y biólogos han encontrado correlaciones significativas entre los niveles de hormonas como la serotonina, la dopamina y la oxitocina y lo que nosotros llamamos el amor romantico o el estar enamorado.

Quizas, para nosotros cuyas vidas romanticas no se están desarrollando como en las películas, nos sea productivo ir deconstruyendo esta idea abstracta. Quizás ese debe ser un objetivo inicial.Cuando lea el Arte de amar de Erich Fromm expandiré
esta nota.