Etiquetado: clase trabajadora

Al el empresario poner su dinero merece sus ganancias?

Al hablar sobre como los empresarios explotan los obreros y obreras (ya que las ganancias de los primeros vienen directamente de la riqueza que los últimos crean); muchas veces surge el comentario de que fueron los empresarios quienes invirtieronn el dinero para producir. En otras palabras, tienen derecho a recibir ganancias en cambio; y eso no es explotación. El problema es que las personas que tienen el dinero para empezar a producir normalmente son un grupito bien pequeño. Un grupito bastante poderoso, y con un historial bastante feo. Siempre nos recuerdan que hay muchos casos de trabajadores pobres que ahorran y trabajan lo suficiente para convertirse en grandes empresarios (muchos citan de ejemplo la película de Will Smith, Pursuit of Happiness). “El que quiere lograr ser exitoso lo puede lograr si se esfuerza. Cualquiera puede llegar a ser un gran empresario; un gran capitalista.”

Esa lógica me acordó a una escena que vi una vez en la televisión. Se trataba de un kiosco de tiro al blanco en una feria. Por un dólar tenían un intento para darle a un blanco, y si lo lograban ganaban un premio. Pero los dueños del kiosco alteraron las miras en los rifles, para asegurar que ningún participante ganase algún premio. Dada la dificultad de ganar, pocas personas jugaron el juego. Los dueños del kiosco se dieron cuenta de que tenían que dejar que alguien ganase ocasionalmente, para estimular a otros a seguir jugando. Y así lograron hacerse de dinero. Claro, ocasionalmente alguien lograba pegarle al blanco y ganar un premio. Pero era cuando los dueños del kiosco quisieran. Ellos controlaban el juego; y eran ellos quienes terminaban ganando al final.

Quizás así mismo es la dinámica en el capitalismo. Sí, a veces de las clases pobres y trabajadores o de las clases “medias” “profesionales” salen nuevos grandes empresarios; nuevos capitalistas. Pero, esos “ganadores” ocasionales no cancelan la dinámica de que un pequeño grupo de personas es quien controla los recursos de todos los países de nuestro planeta, controla que se produce con esos recursos, como se producen, y quien consume lo producido. Ese pequeño grupo de personas logra un poder prácticamente dictatorial desde lo económico hasta la político e incluso lo cultural. Ese pequeño grupo de personas, los grandes CEO’s, los millonarios, la burguesía, como le quieran llamar, es quien controla el juego y es quien termina ganando a costas del resto de todas las personas que no están en su posición. Hay muchas cosas en este mundo que se deben cambiar. Y de esa lista de cosas que debemos cambiar, yo creo que nunca debemos quitar esta dinámica. En otras palabras, yo creo que en todo momento debe estar entre nuestros objetivos construir una nueva sociedad no-capitalista. Para mi ya basta de retórica como la de “el problema es sólo el colonialismo; no el capitalismo.” Para mi ya basta de argumentar la posibilidad de un capitalismo humano con consciencia social. Para mi, esa es la verdadera utopía. Por eso pienso que entre nuestras consignas siempre debe estar presente la construcción de una nueva sociedad, distinta y lejana al capitalismo.

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Crisis, Consumo y Boicot

Una de las tendencias que provoca crisis recurrentes en el capitalismo global es la tendencia al subconsumo. El proceso de acumulación capitalista, caracterizado por la concentración y centralización del capital y el empobrecimiento de la mayoría de la población, provoca que las mercancias producidas no tengan suficientes compradores. En fin, el plusvalor contenido en esas mercancias, fruto del trabajo de hombres y mujeres, no puede ser realizado y convertido en ganancias para el capitalista. En esta etapa el Estado Benefactor viene al rescate. Se le transfiere dinero a las masas empobrecidas a traves de servicios o transferencias directas para que estas pueden reiniciar sus patrones de consumo y el sistema continue expandiendo.

Los trabajadores/consumidores, aumentan su consumo y así ayudan al modelo capitalista a volver a caer en tiempo.

Esto ilustra que si hay un boicot que realmente tendría consecuencias revolucionarias para nuestro sistema político-económico es el boicot del consumo. El sistema capitalista depende del consumo para realizar el plusvalor y por tanto acumular y expandir. El aumento en el consumo le da vida al capitalismo cuando se empieza a derrumbar. Un posible plan de la clase trabajadora para contribuir a derrocar el régimen de los capitalistas es no consumir. Es decir, consumir solo en modelos alternativos como Empresas de Propiedad Comunal u Obrera o Cooperativas de Trabajo Asociado. Si es solo una minoria de trabajadores haciendo este “consumo alternativo” no tendra resultados sustanciales. Pero si se da un movimiento masivo de boicot al consumo que beneficie al capital y de apoyo al consumo de modelos alternativos es posible que sí de resultados. Este proyecto obviamente no derrumbara el capitalismo ni construira el socialismo. Pero si es suficientemente masivo, podría debilitar ciertos elementos del sistema y podría fortalecer espacios que en un futuro puedan transformarse en instancias revolucionarias. La estructura del capitalismo lo conlleva a pasar por ciclos económicos. En el punto más bajo del descenso de la producción es cuando el boicot del consumo golpearía más fuerte. Las condiciones actuales nos dan a entender que estamos cerca de este punto tan vulnerable para el sistema. Lamentablemente, dudo que tengamos el tiempo suficiente para concientizar y lograr desarrollar este boicot de consumo eficazmente. Propongo evaluar que lo intentemos para el próximo descenso cíclico del sistema. Probablemente tenemos de 30 a 50 años (o quizás más) para desarrollar las condiciones para llevarlo a cabo. No debemos volver a dejar la oportunidad pasar.

Día de Acción de Gracias: ¿Gracias a quién?

Desde pequeño me enseñaron que en el día de acción de gracias tenemos que dar gracias por literalmente todo lo que tenemos. Debemos agradecer nuestros hogares, nuestra salud, nuestros celulares, nuestra vestimenta, nuestra oportunidad a una educación, nuestras computadoras…en fin, todo.

¿Pero a quién le damos las gracias? En términos espirituales, el cristiano me diría que le debo todo a su dios. Por un sinnúmero de razones que no explicaré en esta nota, tengo un gran presentimiento de que todo lo que tengo no me lo lanzó un dios desde el cielo.

En términos más políticos, quizás un puertorriqueño muñozista de corazón o uno estadista extremista me diga que todo lo que tenemos es gracias a nuestra relación con Estados Unidos. Según ellos, sin Estados Unidos viviríamos en la pobreza que viven los demás pueblos latinoamericanos. Por ende, ¡debemos darle gracias a los Estados Unidos! Por otro sinnúmero de razones, estoy muy seguro de que todo lo que tengo no me lo lanzó Estados Unidos a través de uno de sus programas de ayudas federales. ¿Y entonces?

Las preguntas adecuadas en este punto serían: ¿De dónde salió mi casa? ¿Quién me sana cuando me enfermo? ¿De dónde salió mi celular? ¿De dónde salió mi vestimenta? ¿De dónde surge la educación que recibo? ¿De dónde salió mi computadora?

Un análisis profundo a estas preguntas me hace llegar a la sencilla conclusión de que les debo las gracias a hombres y mujeres. Pero no hombres y mujeres cualesquiera. Les debo las gracias a hombres y mujeres trabajadores. Ese grupo de personas que aquel viejito sabio barbudo llamo proletariado.

El médico que me sana, es trabajador también. Quizás no es explotado en un proceso de producción ya que él es dueño de su taller de trabajo, pero esto no quita que el también es un trabajador. Igual de trabajadores son los profesores y profesoras que me educan día a día en la universidad. Igualmente los maestros y maestras que me educaron en un pasado. Hombres trabajadores construyeron mi hogar. Trabajadores y trabajadoras ensamblaron mi celular en una fábrica. Al igual que mi vestimenta y mi computadora.

Aparentemente, le debemos las gracias por todo lo que tenemos a la clase trabajadora. Hombres y mujeres como la mayoría de nuestros padres y madres. Hombres y mujeres como los que seremos nosotros y nosotras cuando nos introduzcamos en el mercado laboral. Les debemos las gracias a todos y todas los que trabajan…a todos y todas los que han trabajado… a todos y todas los que trabajaremos.

Me tomo el atrevimiento de modificar un poema del Comandante Corretjer para aplicarlo a la ocasión:

Gracias a esas manos aborígenes porque trabajaban.
Gracias a esas manos negras porque trabajaban.
Gracias a esas manos blancas porque trabajaban.
De entre esas manos indias, negras, blancas,
de entre esas manos nos salió la patria.
Gracias a las manos que la mina excavaran.
Gracias a las manos que el ganado cuidaran.
Gracias a las manos que el tabaco, que la caña y el café sembraran.
Gracias a las manos que los pastos talaran.
Gracias a las manos que los bosques clarearan.
Gracias a las manos que los ríos y los caños y los mares bogaran.
Gracias a las manos que los caminos trabajaran.
Gracias a las manos que las casas levantaran.
Gracias a las manos que las ruedas giraran.
Gracias a las manos que las carreteras y los coches llevaran.
Gracias a las manos que las mulas y caballos ensillaran y desensillaran.
Gracias a las manos que los hatos de cabras pastaran.
Gracias a las manos que cuidaron de las piaras.
Gracias a las manos que las gallinas, los pavos y los patos criaran.
Gracias a todas las manos de todos los hombres y mujeres que trabajaron.
Porque ellas la patria amasaran.
Y gracias a las manos, a todas las manos que hoy trabajan
porque ellas construyen y saldrá de ellas la nueva patria liberada.
¡La patria de todas las manos que trabajan!
Para ellas y para su patria, ¡Gracias!, ¡Gracias!