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Puerto Rico: La participación laboral más baja del mundo

Por Ricardo R. Fuentes Ramírez*/Especial para CLARIDAD

Publicado en Claridad, El Periódico de la Nación Puertorriqueña

http://www.claridadpuertorico.com

Según las estadísticas del Departamento del Trabajo, durante el mes de septiembre la tasa de participación de Puerto Rico cayó a 39.2%. No sólo es la más baja en nuestra historia, sino que es posiblemente la más baja del mundo. Según las estadísticas más recientes del Banco Mundial, en el 2010 los países con la tasa de participación más baja fueron Gaza, Moldavia, Jordania e Irak, con una tasa de 41%. Por otro lado, nuestros vecinos latinoamericanos tienen una tasa de participación promedio de 66.2% y Estados Unidos una tasa de 63.7%. ¿Cómo explicamos la tasa de participación tan baja presente en Puerto Rico? Este fenómeno sin duda alguna ha abierto las puertas a un sinnúmero de explicaciones no sólo erróneas, sino además elitistas y clasistas.

La explicación más elitista, simplemente argumenta que el puertorriqueño se caracteriza por ser un vago,

propenso por tanto a “vivir del mantengo.” Otra explicación, un poco menos elitista, argumenta que se trata

sencillamente de un asunto de incentivos. Estos argumentan que muchos trabajadores y trabajadoras en cierto

nivel de pobreza se encuentran en una situación en donde realmente salen mejor dejando de trabajar y recibiendo

programas de asistencia. Los partidarios de esta idea suelen comoquiera criminalizar las personas que reciben

programas de asistencia, estimulando el mito generalizado de que se trata de personas que llenan sus carros de

compra de artículos innecesarios e incluso viven mejor que segmentos de la clase trabajadora. Lo más lamentable

es que esta criminalización elitista es sumamente común en gran parte de los sectores progresistas del país. Tan

reciente como esta campaña electoral, podemos encontrar mensajes de candidatos y candidatas cayendo en este

discurso.

No cabe duda de que el asunto de los incentivos influye, pero se queda sumamente corto para comprender a

profundidad los procesos subyacentes en este fenómeno. Por otro lado, podemos encontrar información valiosa

para entender este particular si nos enfocamos en las dinámicas de clase que se dan al interior de nuestra

economía, y entre ésta y el capitalismo global. Específicamente, podemos comprender nuestra participación laboral

si la contextualizamos con nuestro proceso de desarrollo capitalista dependiente, o como lo llamó el sociólogo y

economista alemán Andre Gunder Frank: el lumpendesarrollo.

El análisis no es nuevo. A principios del siglo pasado, Trotsky y Lenin ya hablaban de la “ley de desarrollo desigual y

combinado” y de imperialismo, para explicar cómo las potencias capitalistas bloquean en gran medida el desarrollo

de las naciones del Tercer Mundo, hoy eufemísticamente llamadas “en vías de desarrollo.” El poder económico de

los países capitalistas avanzados les permite explotar y empobrecer a las naciones del Tercer Mundo. No sólo se

trata de que nuestros pueblos están económicamente atrasados, sino que nuestro subdesarrollo es el resultado del

enriquecimiento de los países desarrollados. No obstante, ocurren transferencias de capital y tecnología de esos

países a los nuestros, por tanto vemos desarrollo. Pero es un desarrollo dependiente, siempre a favor de los

intereses del capital extranjero; es decir, lumpendesarrollo.

¿Cómo esto nos ayuda a entender nuestra participación laboral? El imponer desde afuera procesos de producción

capitalistas en países que no habían pasado por procesos de desarrollo industrial propios, creó una incongruencia

en las fuerzas productivas de éstos. El capital de los países avanzados sólo necesita una cantidad limitada de

obreros y obreras, dejando fuera del proceso de producción a una cantidad abrumadora de personas o

integrándolas sólo levemente en el mismo. Esto creó un fenómeno que algunos teóricos han llamado

semi-proletarización, refiriéndose a que muchas de las personas en el Tercer Mundo son integradas a procesos de

producción capitalistas sólo en parte, obligándolas a tener que recurrir a actividades de subsistencia como la

siembra de alimentos y la cría de animales. La teórica alemana Rosa Luxemburgo introdujo la idea, hoy elaborada

por el sociólogo estadounidense John Bellamy Foster, de que esto les permite a los capitalistas mantener los

salarios depreciados a nivel global. En términos marxistas, implica que el ejército de reserva industrial del

capitalismo global se encuentra mayormente en el Tercer Mundo.

Puerto Rico no se excluyó de este proceso. Nuestro proceso de industrialización, iniciado con Operación Manos a la

Obra, es un clásico ejemplo del lumpendesarrollo. Las empresas extranjeras nunca generaron suficientes empleos

como para integrar la mayoría de nuestra fuerza laboral, y tampoco crearon eslabonamientos con nuestra economía

local, dejándonos en gran medida subdesarrollados, o lumpendesarrollados. Pero las particularidades de nuestro

local, dejándonos en gran medida subdesarrollados, o lumpendesarrollados. Pero las particularidades de nuestro

caso económico colonial implicaron que en vez de semi-proletarización y actividades de subsistencia como la

siembra de alimentos y la cría de animales, tenemos actividades económicas informales y programas de asistencia

social. No obstante, el lumpendesarrollo capitalista al que fuimos sometidos es la raíz de nuestra baja participación

laboral, no la vagancia de los puertorriqueños o un arreglo de incentivos reformable.

A modo de ejemplo, supongamos que se lleva a cabo una reforma que logre incentivar el trabajo en vez del

“mantengo,” y la participación laboral sube a un 60%. Usando los últimos datos del Departamento del Trabajo,

vemos que esto incrementaría nuestro Grupo Trabajador en cerca de 661,000 personas, para un total de cerca de

1,927,000 personas. Actualmente, 173,000 personas no consiguen trabajo. Por tanto, podemos suponer que la

mayoría de esas nuevas adiciones al Grupo Trabajador tampoco conseguirán. En otras palabras, tendríamos cerca

de 834,000 personas desempleadas, con una tasa de desempleo sobre un 40%. Contrastemos esta cifra con que

durante la Gran Depresión, la tasa de desempleo en Puerto Rico nunca subió sobre un 25%. Es decir, nuestra

estructura económica, no podría sustentar un aumento en nuestra participación laboral.

No cabe duda de que el problema no es ni de vagancia o incentivos; es estructural. Pero, no se trata de cualquier

problema estructural, es un problema estructural causado por el lumpendesarrollo capitalista de nuestro país. Esto

debe servir como recordatorio de que la reestructuración económica que nos urge debe ser guiada hacia la

democratización de nuestra economía, socializando nuestros recursos económicos y utilizándolos de una manera

planificada, democrática y participativa. Ésa debe ser la visión que guíe nuestro trabajo actual, una visión socialista

para el Siglo XXI. Finalmente, debemos desprendernos de todo discurso que reproduzca el elitismo, el clasismo,

nuestra denigración como pueblo, y que además promueva visiones que en nada ayudan a comprender o

transformar nuestra realidad. Es fundamental ser críticos de esta retórica, que criminaliza y ataca nuestras

comunidades pobres y marginadas, cuando deberíamos estar integrándonos a sus luchas e integrándolas a las

nuestras.

* El autor es estudiante en el programa doctoral de economía en UMASS.

© Claridad 2004-2009 | http://www.claridadpuertorico.com | Generado: nov 27, 2012

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“La Teoria del Desarrollo Capitalista: Principios de la Economia Politica Marxista” de Paul Sweezy

“Desde su publicación en 1942, este libro se ha convertido en el estudio analítico clásico de la economía marxista. Escrito por un economista conocedor de la teoría académica moderna así como la literatura marxista, ha sido reconocido como el libro de texto ideal para la materia. Exhaustivo, lucido, autoritario, no ha sido retado, ni siquiera acercado, por otro trabajo posterior.”

Oprime para descargar La Teoria del Desarrollo Capitalista de Paul Sweezy en PDF

Las cooperativas navegan mejor la crisis económica

POR LEILA ANDREU CUEVAS / CENTRO DE PERIODISMO INVESTIGATIVO
PUBLICADO MARTES, 17 DE ENERO DE 2012/TOMADO DE WWW.PRENSACOMUNITARIA.COM

El movimiento cooperativista mundial ha podido navegar mejor las difíciles aguas de la crisis financiera mundial que desató la gran recesión del 2008 y que ha jamaqueado al capital internacional desde sus cimientos debido a su modelo centrado más en el servicio y el bien común que en las ganancias.
Un estudio de las 300 empresas cooperativistas más grandes del mundo concluyó que, aunque se vieron afectadas por la crisis, lograron mantener su estabilidad y seguridad gracias a su modelo de análisis de riesgo y el énfasis en el servicio a sus miembros.
El informe anual Global300, divulgado por la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), sirve para abrir la discusión del 2012 en el marco del Año Internacional de las Cooperativas, promulgado el 18 de diciembre de 2009 por las Naciones Unidas.
El 2012 será un año importante para el movimiento cooperativista mundial y puertorriqueño porque servirá de marco para analizar de forma integral la situación y perspectivas de las cooperativas desde el nivel local, nacional hasta el internacional, y lo que han hecho para mejorar la calidad de vida de sus socios y las sociedades donde viven.
El Global300 reveló que las 300 empresas cooperativas más grandes del mundo tuvieron ingresos conjuntos de $1.6 trillones, lo cual es comparable al Producto Interno Bruto de lo que sería la novena economía mundial. Esta cifra se basó en los informes anuales de las cooperativas sobre el año fiscal 2008.
“Por consiguiente, el modelo cooperativo una vez más demuestra que representa una contribución importante para el bienestar económico y social de las poblaciones y sus comunidades”, señala ACI.
Ban Ki-moon, secretario general de las Naciones Unidas, reconoció que el éxito de las cooperativas “ha contribuido a impedir que muchas familias y comunidades caigan en la pobreza”.
“Con su distintivo énfasis en los valores, las cooperativas han demostrado ser un modelo empresarial versátil y viable, que puede prosperar incluso en épocas difíciles”, dijo Ki-moon con motivo de la proclamación del 2012 como Año Internacional de las Cooperativas.
En este contexto, al evaluar la situación actual de cooperativismo en Puerto Rico, se reconoce una situación similar de crecimiento a pesar de la crisis con el importante auspicio de sobre un millón de personas.

Cooperativismo puertorriqueño se consolida
Las cifras más recientes de la Corporación para la Supervisión y Seguro de cooperativas de Puerto Rico (COSSEC) de los pasados cinco años, hasta el 30 septiembre de 2011, muestran un crecimiento sostenido en el total de activos de las cooperativas en Puerto Rico, y en otros renglones excepto en el rendimiento de los mismos, que como es natural, se precipitaron en el 2008 con la crisis financiera, pero en el 2010 comenzaron a recuperar y en el 2011 continuó una leve tendencia alcista.
De acuerdo a las estadísticas recopiladas desde 1949 hasta el 2002, en los años entre el 1968 y 1974 hubo un boom de cooperativas de ahorro y crédito, llegando al pico de 485 en el 1970, pero a partir de ese momento, aunque comenzó un descenso en cantidad, se aprecia un aumento en el número de socios y sus haberes.
La tendencia observada ha sido de mayor fortaleza económica entre menos cooperativas. Aún tomando en cuenta los cambios económicos de Puerto Rico entre el 1970 y el 2011, la membresía total de las cooperativas aumentó junto con sus depósitos de ahorro, préstamos, reservas y haberes.
La baja en el número de cooperativas continuó hasta el 2010, cuando se registraron 119, según COSSEC.

El auspicio a las cooperativas es particularmente fuerte fuera del área metropolitana de San Juan, siendo ocho de las primeras 10 en total de activos las de Rincón, Arecibo (Coopaca), Aguada, Isabela, Vega Alta, San Rafael de Quebradillas, Credicentro de Barranquitas y Las Piedras. Entre la primera decena también está Medi-Coop y Dr. Manuel Zeno Gandía, con sucursales en San Juan.
No obstante todo lo anterior, las cooperativas de ahorro y crédito, con todo y sus $7,818 millones de dólares en conjunto, representan una fracción del mercado bancario y financiero del País, según las cifras de la Oficina del Comisionado de Instituciones Financieras hasta el 30 de septiembre de este año.
La banca comercial en Puerto Rico tenía en conjunto a dicha fecha $69,973 mil millones, seguida por las instituciones internacionales con $42,949, los bancos gubernamentales $17,180 y las compañías de inversión $14,664 mil millones, entre otros.
Conforme a estas cifras recientes, las cooperativas tienen un 4.64% del bizcocho financiero frente a un 41.33% de la banca comercial, 25.37% de las internacionales y 10.15% del Gobierno.

Diversificación es la clave
Para el economista Juan Lara, el “sector cooperativista está muy poco diversificado”. “Las cooperativas de ahorro y crédito, y dos de las aseguradoras más grandes del País (Cooperativa de Seguros Múltiples y Cooperativa de Seguros de Vida, COSVI) son piezas destacadas de la economía puertorriqueña. Por otro lado, son muy pocas las cooperativas industriales y de servicios, así como las cooperativas agrícolas”, explicó al Centro de Periodismo Investigativo.
Por lo tanto, una gran parte del potencial cooperativista nuestro no se ha logrado, a pesar de su crecimiento en las actividades financieras, como se ha discutido por mucho tiempo en el sector.
En contraparte está el modelo de cooperativismo de Mondragón en España, que ha tenido grandes logros e importante participación en la manufactura, construcción, vivienda, ventas al detalle, finanzas, y otras, indicó Lara.

Nuevo panorama en el 2012
Toda la variedad de sociedades en el mundo enfrenta una nueva coyuntura en la que el pueblo se ha tirado a las calles y acampado en espacios públicos para expresar su indignación y descontento con la crisis económica y la forma en que sus gobiernos la han manejado. Los modelos tradicionales capitalistas han sido cuestionados en España como en Estados Unidos, y la llamada “primavera árabe” no solo ha derrocado antiguos gobernantes, sino que ha propiciado cuestionamientos profundos al sistema capitalista.
Esas experiencias de millones de personas ha confirmado la pertinencia del modelo cooperativista porque lo han incluido en la agenda que proponen los pueblos que se han tirado a las calles.
En este contexto, Naciones Unidas comienza en enero un periodo de una forma imprevista que deberá aprovechar para su propuesta de crear conciencia, fomentar el apoyo y desarrollo de este sector con la celebración del Año Internacional de las Cooperativas. Cuando hizo esta proclamación, la ONU resaltó la contribución de las cooperativas al desarrollo económico y social de los países, especialmente su impacto en la reducción de la pobreza, la creación de empleos y la integración social y lo resumió en el lema oficial “Las empresas cooperativas ayudan a construir un mundo mejor”. Estos son los tres objetivos principales que definió para el 2012:
1.Crear mayor conciencia pública sobre la contribución de las cooperativas al desarrollo económico y social, y el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio;
2.Promover el crecimiento de cooperativas, compuestas de personas e instituciones, para abordar sus necesidades económicas mutuas además de lograr una plena participación económica y social; y
3.Establecer políticas adecuadas en los gobiernos y organismos reguladores para implementar políticas, leyes y normativas que propicien la constitución y el crecimiento de las cooperativas.

La solución cooperativista
La alternativa cooperativista no es exclusiva de los países capitalistas. La propia sociedad cubana, que desarrolla ahora un modelo socialista más flexible, la acoge también. Al comentar sobre la presente situación en Cuba, en un reciente viaje a Uruguay, la hija mayor del legendario Ché, Aleida Guevara March, afirmó que “las nuevas medidas económicas debieran encaminarnos hacia el cooperativismo”.
La doctora en medicina, que se encuentra en gira de promoción del último libro de su madre, habló a la revista Brecha sobre los nuevos desafíos que enfrenta la sociedad cubana y medidas tomadas como la flexibilización del trabajo por cuenta propia y la entrega de tierras a campesinos particulares.
Cuestionada si Cuba se “encamina a una economía distinta”, Guevara March dijo “para mi gusto estas medidas deben encaminarnos a una economía cooperativista. Me gusta más la asociación en cooperativas para una sociedad socialista que la salida individualista. Pero tampoco puedes imponer eso a la gente. Ellos mismos se tienen que dar cuenta si esta solución es mejor o peor. Vamos a esperar. Hay que ver cómo nos desenvolvemos, cómo influenciamos a estas personas y seguimos adelante”.


Visualizan la integración cooperativa
Aun cuando el cooperativismo sea visto como una alternativa real para los grupos locales organizados por intereses comunes, como el ahorro, la agricultura o la producción artesanal, el expresidente de Mondragón Corporación Cooperativa y fundador de Eroski en España, Antonio Cancelo, planteó la concentración de las cooperativas como el modelo futuro.
Cancelo destacó, en una entrevista de EFE publicada en Expansión.com, que este sector en España se olvida de la cantidad de estas sociedades “porque es desproporcionado”, y ese “gran número de empresas cooperativas” hace que “tengan una talla demasiado pequeña con una respuesta insuficiente con los que tienen que negociar”.
El fundador de Eroski agruparía cooperativas de diferentes mercados con unas estrategias comunes, similar a lo que ya se practica en los países escandinavos.
El Grupo Mondragón, que con 239 empresas es el primer grupo empresarial del País Vasco y el séptimo de España, llamó a ajustarse los pantalones porque el 2012 va a ser extremadamente “difícil” y con “riesgos crecientes”.
Aún en este escenario, Mondragón aspira a reinventarse mediante un “redimensionamiento de las cooperativas”, reforzando la internacionalización, innovación y la intercooperación, según reportó el DiarioVasco.com.
La preocupación estriba en que los datos de los países avanzados “vuelven a ser decepcionantes” y los países emergentes empiezan a verse afectados, indica el diario citando a Paco Azpiazu, responsable de la Unidad de Planificación y Control del Centro Corporativo y de las líneas maestras del plan de gestión de las cooperativas para el 2012.
La estrategia que se planteó el Grupo es priorizar en los objetivos a largo plazo y los intereses cooperativos de responsabilidad social, por encima de los individuales de los socios trabajadores.
Dentro de los movimientos de acampada o indignados que existen en España se está discutiendo algo similar. Por ejemplo, el Movimiento 15-M de Zaragoza propone la creación de cooperativas integrales, combinando diferentes tipos, como las de servicio y consumo, de manera que satisfagan necesidades de vida y ayuden a la independencia de los mercados y el Estado.
Todos estos planteamientos, que parten de sociedades diferentes, tienen en común la gran insatisfacción con el modo de vida social actual y la necesidad de encontrar otros modelos que les permitan ser más autosuficientes e independizarse del sistema, para no caer como víctimas de sus desatinos.

Este contenido se publica como resultado de la alianza entre Prensa Comunitaria y Puerto Rico Cooperativista, el periódico de la Liga de cooperativas de Puerto Rico.

¿Por qué socialismo? -Albert Einstein

¿Debe quién no es un experto en cuestiones económicas y sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que si.

Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer que no hay diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil por que la observación de fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado. Además, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia humana –como es bien sabido– ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social.

Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó “la fase depredadora” del desarrollo humano. Los hechos económicos observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.

En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con los que lograr ciertos fines. Pero los fines por si mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y –si estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos– son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad.

Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones que afectan a la organización de la sociedad. Muchas voces han afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente dañada. Es característico de tal situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi opinión pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que solamente una organización supranacional ofrecería protección frente a ese peligro. Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo: “¿porqué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?”

Estoy seguro que hace tan sólo un siglo nadie habría hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. Es la expresión de la soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida?

Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son a menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas fáciles y simples.

El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida. Solamente la existencia de éstos diferentes, y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento. El concepto abstracto “sociedad” significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de generaciones anteriores. El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por si mismo; pero él depende tanto de la sociedad -en su existencia física, intelectual, y emocional- que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la “sociedad” la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra “sociedad”.

Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido — exactamente como en el caso de las hormigas y de las abejas. Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio. La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral ha hecho posible progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades biológicas. Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el pensamiento consciente y los deseos.

El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana. Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones culturales que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad. Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos.

Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar. Como mencioné antes, la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos, inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y demográficos de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí para quedarse. En poblaciones relativamente densas asentadas con bienes que son imprescindibles para su existencia continuada, una división del trabajo extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente necesarios. Los tiempos — que, mirando hacia atrás, parecen tan idílicos — en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han ido para siempre. Es sólo una leve exageración decir que la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de producción y consumo.

Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad.

La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo — no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. A este respecto, es importante señalar que los medios de producción –es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional– puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares.

En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré “trabajadores” a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción — aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En cuanto que el contrato de trabajo es “libre”, lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto.

El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directamente o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.

La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada de “contrato de trabajo libre” para ciertas categorías de trabajadores. Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se diferencia mucho de capitalismo “puro”. La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un “ejército de parados”. El trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia es una gran privación. El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo, y a ése amputar la conciencia social de los individuos que mencioné antes.

Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura.

Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males, el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño. La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual.

Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?

Tomado de http://www.marxists.org

Los alquimistas de la crisis financiera

Reseña de documental “Quants: The alchemists of Wallstreet” 

El documental Quants: The alchemists of Wallstreet cumple el objetivo de introducir a la audiencia al grupo de técnicos matemáticos (los “quants”) detrás de los complejos modelos financieros que dieron paso a la crisis económica actual. Mediante narración y entrevistas a algunos de los matemáticos que participaron del proceso, de entrada nos demuestran las series de limitaciones de estos modelos, y por tanto, el riesgo de utilizarlos. Como uno de los “quants” plantea, nadie puede predecir si las personas pagarán sus hipotecas, y siempre hay una ideología detrás de los supuestos. Además, estos supuestos, como además plantea el matemático, en muchos casos son ridículos considerando la heterogeneidad de las personas. Sus críticas no se limitan a los modelos financieros, sino que arremeten contra la teoría económica también, al uno de los “quants” plantear que los economistas piensan que tienen leyes, como en las ciencias naturales, cuando en realidad tienen dudosos supuestos con los que construyen modelos sin sentido. Explican que por ejemplo en la física, la naturaleza se repite en el sentido de que si llevas a cabo un experimento relacionado a una ley natural, el experimento siempre dará el mismo resultado, mientras que en estos modelos económicos y financieros, al tratarse de seres humanos, funcionan de la manera opuesta. Es decir, los modelos detrás de la Economía y la Finanza, como plantea uno de los matemáticos, al final del día son esencialmente fraudulentos. Como evidencia mencionan que en muchos modelos, si resultan en que hay demasiado riesgo, se juega con las matemáticas para que escondan dicho riesgo.

Por otro lado, un interesante planteamiento de unos de los “quants” es que a pesar de esta realidad, no se puede culpar estrictamente a los modelos por la crisis. ¿Pero entonces qué o quiénes son los culpables? ¿Los matemáticos por diseñarlos? ¿Los dirigentes del sector financiero por emplearlos? Además, ¿es esta debacle el resultado de individuos irresponsables o de la manera en que hemos organizado nuestra economía? Estas preguntas son fundamentales y surgen de lo que presenta el documental. Sin embargo, el documental no entra en esta urgente reflexión.  El documental, a pesar de que no lo plantea abiertamente, en esencia esta describiendo un aspecto del capitalismo moderno: la financialización (the financialization of capitalism). La financialización se refiere al traslado del eje de la economía de la producción a las finanzas. Esta dicotomía es ilustrada a través de todo el documental. Los “quants” plantean que las finanzas ya no se tratan de financiar nuevas empresas productivas, sino de jugar y especular con números e ignorar que detrás de estos números hay seres humanos. En fin, la producción de nuevos bienes y servicios esta ahora subordinada a la especulación financiera. Hacen énfasis en que ya hay más personas negociando derivados financieros de materias primas que personas trabajando en la producción de las mismas. En fin, como plantea el documental, ya no se preocupan por el valor de las mercancías, sino solo de su precio.

Esta crítica no es nueva. De hecho, economistas como Keynes y Marx advirtieron durante sus vidas sobre las peligrosas implicaciones de esta realidad. Por ejemplo, Marx en su primer tomo de El Capital ya planteaba que en el capitalismo, la actividad económica no inicia con una mercancía, a ser intercambiada, para luego consumir otra; sino que se inicia con un individuo que posee dinero y quiere transformarlo en una mercancía para venderla, y luego tener más dinero. En el tercer tomo de su obra advertía además que dentro de esta actividad subyace la tendencia de que los capitalistas quieren transformar dinero directamente a más dinero mediante la especulación. Su advertencia hecha hace más de cien años se ha materializado en la crisis financiera actual. Economistas como Paul Baran y Paul Sweezy, siguiendo en la línea de Marx, plantearon durante el siglo XX que la financialización era el resultado del mismo funcionamiento del sistema capitalista. Específicamente, al la producción real saturarse cuando el capitalismo llega a un nivel maduro en los países del primer mundo, los capitalistas tienen que recurrir a estos sectores especulativos para que no se afecten sus tasas de ganancias. Este planteamiento también se encuentra en los escritos de Keynes, al plantear que en los países donde la acumulación capitalista ya es significativa, se pierde interés en invertir en la producción, prefiriendo en vez la especulación.

Por otro lado, el documental plantea que uno de los problemas de la financialización es que el sector financiero asume riesgo con el dinero de las personas, y se queda con parte de las ganancias cuando las hay; pero cuando hay pérdidas, las traslada en su totalidad a los individuos. El planteamiento lo que ilustra es que, como plantea el geógrafo social David Harvey, la financialización tiene un contenido de lucha de clases, en donde el capital financiero se apropia de las riquezas del resto de la población. Esta lucha de clases “financializada” no se da en los países de manera aislada, sino que forma parte de un proceso en donde los países del primer mundo explotan los países del tercer mundo. El sociólogo John Bellamy Foster es uno de los que hace énfasis en que la sobre-explotación de las clases trabajadores del tercer mundo por parte del capital del primer mundo transfiere riquezas de los países de los primeros a los países de los segundos; en donde el capitalismo maduro implica que serán invertidos en sectores especulativos. Bellamy añade que el desarrollo de la financialización profundiza las tendencias destructivas del capitalismo, como la desigualdad, la inestabilidad, el militarismo y la guerra y la destrucción ambiental. Uno de los “quants” plantea que la población general, víctima de este proceso, se lo merece si no aspiran a transformarlo.

Sin embargo, aunque el documental es exitoso en el sentido de que describe uno de los elementos pivotes de la crisis de la financialización; al no entrar en las causas estructurales y su raíz en el sistema capitalista, no provee alternativa alguna para los individuos que se sientan insatisfechos con los procesos actuales. Si este análisis hubiese estado presente en el documental, para la audiencia sería claro que la solución no es mayor regulación del sector financiero, sino la transformación de nuestro modo de producción; es decir, la construcción de un nuevo modo de producción, siguiendo en la línea de Marx y Bellamy, basado en el equitativo y sustentable desarrollo humano.