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“La Teoria del Desarrollo Capitalista: Principios de la Economia Politica Marxista” de Paul Sweezy

“Desde su publicación en 1942, este libro se ha convertido en el estudio analítico clásico de la economía marxista. Escrito por un economista conocedor de la teoría académica moderna así como la literatura marxista, ha sido reconocido como el libro de texto ideal para la materia. Exhaustivo, lucido, autoritario, no ha sido retado, ni siquiera acercado, por otro trabajo posterior.”

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Tres fuentes y tres partes integrantes del Marxismo -Vladimir Ilich Lenin

La doctrina de Marx suscita en todo el mundo civilizado la mayor hostilidad y el odio de toda la ciencia burguesa (tanto la oficial como la liberal), que ve en el marxismo algo así como una “secta perniciosa”. Y no puede esperarse otra actitud, pues en una sociedad que tiene como base la lucha de clases no puede existir una ciencia social “imparcial”. De uno u otro modo, toda la ciencia oficial y liberal defiende la esclavitud asalariada, mientras que el marxismo ha declarado una guerra implacable a esa esclavitud. Esperar que la ciencia sea imparcial en una sociedad de esclavitud asalariada, sería la misma absurda ingenuidad que esperar imparcialidad por parte de los fabricantes en lo que se refiere al problema de si deben aumentarse los salarios de los obreros disminuyendo los beneficios del capital. Pero hay más. La historia de la filosofía y la historia de la ciencia social muestran con diáfana claridad que en el marxismo nada hay que se parezca al “sectarismo”, en el sentido de que sea una doctrina fanática, petrificada, surgida al margen de la vía principal que ha seguido el desarrollo de la civilización mundial. Por el contrario, lo genial en Marx es, precisamente, que dio respuesta a los problemas que el pensamiento de avanzada de la humanidad había planteado ya. Su doctrina surgió como la continuación directa e inmediata de las doctrinas de los más grandes representantes de la filosofía, la economía política y el socialismo. La doctrina de Marx es omnipotente porque es verdadera. Es completa y armónica, y brinda a los hombres una concepción integral del mundo, intransigente con toda superstición, con toda reacción y con toda defensa de la opresión burguesa. El marxismo es el heredero legítimo de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés. Nos detendremos brevemente en estas tres fuentes del marxismo, que constituyen, a la vez, sus partes integrantes.

I

La filosofía del marxismo es el materialismo. A lo largo de toda la historia moderna de Europa, y en especial en Francia a fines del siglo XVIII, donde se desarrolló la batalla decisiva contra toda la escoria medieval, contra el feudalismo en las instituciones y en las ideas, el materialismo se mostró como la única filosofía consecuente, fiel a todo lo que enseñan las ciencias naturales, hostil a la superstición, a la mojigata hipocresía, etc. Por eso, los enemigos de la democracia empeñaron todos sus esfuerzos para tratar de “refutar”, minar, difamar el materialismo y salieron en defensa de las diversas formas del idealismo filosófico, que se reduce siempre, de una u otra forma, a la defensa o al apoyo de la religión. Marx y Engels defendieron del modo más enérgico el materialismo filosófico y explicaron reiteradas veces el profundo error que significaba toda desviación de esa base. En las obras de Engels Ludwig Feuerbach y Anti-Dühring, que —al igual que el Manifiesto Comunista— son los libros de cabecera de todo obrero con conciencia de clase, es donde aparecen expuestas con mayor claridad y detalle sus opiniones. Pero Marx no se detuvo en el materialismo del siglo XVIII, sino que desarrolló la filosofía llevándola a un nivel superior. La enriqueció con los logros de la filosofía clásica alemana, en especial con el sistema de Hegel, el que, a su vez, había conducido al materialismo de Feuerbach. El principal de estos logros es la dialéctica, es decir, la doctrina del desarrollo en su forma más completa, profunda y libre de unilateralidad, la doctrina acerca de lo relativo del conocimiento humano, que nos da un reflejo de la materia en perpetuo desarrollo. Los novísimos descubrimientos de las ciencias naturales — el radio, los electrones, la trasformación de los elementos — son una admirable confirmación del materialismo dialéctico de Marx, quiéranlo o no las doctrinas de los filósofos burgueses, y sus “nuevos” retornos al viejo y decadente idealismo. Marx profundizó y desarrolló totalmente el materialismo filosófico, e hizo extensivo el conocimiento de la naturaleza al conocimiento de la sociedad humana. El materialismo histórico de Marx es una enorme conquista del pensamiento científico. Al caos y la arbitrariedad que imperan hasta entonces en los puntos de vista sobre historia y política, sucedió una teoría científica asombrosamente completa y armónica, que muestra cómo, en virtud del desarrollo de las fuerzas productivas, de un sistema de vida social surge otro más elevado; cómo del feudalismo, por ejemplo, nace el capitalismo. Así como el conocimiento del hombre refleja la naturaleza (es decir, la materia en desarrollo), que existe independientemente de él, así el conocimiento social del hombre (es decir, las diversas concepciones y doctrinas filosóficas, religiosas, políticas, etc.), refleja el régimen económico de la sociedad. Las instituciones políticas son la superestructura que se alza sobre la base económica. Así vemos, por ejemplo, que las diversas formas políticas de los Estados europeos modernos sirven para reforzar la dominación de la burguesía sobre el proletariado. La filosofía de Marx es un materialismo filosófico acabado, que ha proporcionado a la humanidad, y sobre todo a la clase obrera, la poderosa arma del saber.

II

Después de haber comprendido que el régimen económico es la base sobre la cual se erige la superestructura política, Marx se entregó sobre todo al estudio atento de ese sistema económico. La obra principal de Marx, El Capital, está con sagrada al estudio del régimen económico de la sociedad moderna, es decir, la capitalista. La economía política clásica anterior a Marx surgió en Inglaterra, el país capitalista más desarrollado. Adam Smith y David Ricardo, en sus investigaciones del régimen económico, sentaron las bases de la teoría del valor por el trabajo Marx prosiguió su obra; demostró estrictamente esa teoría y la desarrolló consecuentemente; mostró que el valor de toda mercancía está determinado por la cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario invertido en su producción. Allí donde los economistas burgueses veían relaciones entre objetos (cambio de una mercancía por otra), Marx descubrió relaciones entre personas. El cambio de mercancías expresa el vínculo establecido a través del mercado entre los productores aislados. El dinero, al unir indisolublemente en un todo único la vida económica íntegra de los productores aislados, significa que este vínculo se hace cada vez más estrecho. El capital significa un desarrollo ulterior de este vínculo: la fuerza de trabajo del hombre se trasforma en mercancía. El obrero asalariado vende su fuerza de trabajo al propietario de la tierra, de las fábricas, de los instrumentos de trabajo. El obrero emplea una parte de la jornada de trabajo en cubrir el costo de su sustento y el de su familia (salario); durante la otra parte de la jornada trabaja gratis, creando para el capitalista la plusvalía, fuente de las ganancias, fuente de la riqueza de la clase capitalista. La teoría de la plusvalía es la piedra angular de la teoría económica de Marx. El capital, creado por el trabajo del obrero, oprime al obrero, arruina a los pequeños propietarios y crea un ejército de desocupados. En la industria, el triunfo de la gran producción se advierte en seguida, pero también en la agricultura se observa ese mismo fenómeno, donde la superioridad de la gran agricultura capitalista es acrecentada, aumenta el empleo de maquinaria, y la economía campesina, atrapada por el capital monetario, languidece y se arruina bajo el peso de su técnica atrasada. En la agricultura la decadencia de la pequeña producción asume otras formas, pero es un hecho indiscutible. Al azotar la pequeña producción, el capital lleva al aumento de la productividad del trabajo y a la creación de una situación de monopolio para los consorcios de los grandes capitalistas. La misma producción va adquiriendo cada vez más un carácter social — cientos de miles y millones de obreros ligados entre sí en un organismo económico sistemático –, mientras que un puñado de capitalistas se apropia del producto de este trabajo colectivo. Se intensifican la anarquía de la producción, las crisis, la carrera desesperada en busca de mercados, y se vuelve más insegura la vida de las masas de la población. Al aumentar la dependencia de los obreros hacia el capital, el sistema capitalista crea la gran fuerza del trabajo conjunto. Marx sigue el desarrollo del capitalismo desde los primeros gérmenes de la economía mercantil, desde el simple trueque, hasta sus formas más elevadas, hasta la gran producción. Y la experiencia de todos los países capitalistas, viejos y nuevos, demuestra claramente, año tras año, a un número cada vez mayor de obreros, la veracidad de esta doctrina de Marx. El capitalismo ha triunfado en el mundo entero, pero este triunfo no es más que el preludio del triunfo del trabajo sobre el capital.

III

Cuando fue derrocado el feudalismo y surgió en el mundo la “libre” sociedad capitalista, en seguida se puso de manifiesto que esa libertad representaba un nuevo sistema de opresión y explotación del pueblo trabajador. Como reflejo de esa opresión y como protesta contra ella, aparecieron inmediatamente diversas doctrinas socialistas. Sin embargo, el socialismo primitivo era un socialismo utópico. Criticaba la sociedad capitalista, la condenaba, la maldecía, soñaba con su destrucción, imaginaba un régimen superior, y se esforzaba por hacer que los ricos se convencieran de la inmoralidad de la explotación. Pero el socialismo utópico no podía indicar una solución real. No podía explicar la verdadera naturaleza de la esclavitud asalariada bajo el capitalismo, no podía descubrir las leyes del desarrollo capitalista, ni señalar qué fuerza social está en condiciones de convertirse en creadora de una nueva sociedad. Entretanto, las tormentosas revoluciones que en toda Europa, y especialmente en Francia, acompañaron la caída del feudalismo, de la servidumbre, revelaban en forma cada vez más palpable que la base de todo desarrollo y su fuerza motriz era la lucha de clases. Ni una sola victoria de la libertad política sobre la clase feudal se logró sin una desesperada resistencia. Ni un solo país capitalista se formó sobre una base más o menos libre o democrática, sin una lucha a muerte entre las diversas clases de la sociedad capitalista. El genio de Marx consiste en haber sido el primero en deducir de ello la conclusión que enseña la historia del mundo y en aplicar consecuentemente esas lecciones. La conclusión a que llegó es la doctrina de la lucha de clases. Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase. Los que abogan por reformas y mejoras se verán siempre burlados por los defensores de lo viejo mientras no comprendan que toda institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de determinadas clases dominantes. Y para vencer la resistencia de esas clases, sólo hay un medio: encontrar en la misma sociedad que nos rodea, las fuerzas que pueden — y, por su situación social, deben — constituir la fuerza capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo, y educar y organizar a esas fuerzas para la lucha. Sólo el materialismo filosófico de Marx señaló al proletariado la salida de la esclavitud espiritual en que se han consumido hasta hoy todas las clases oprimidas. Sólo la teoría económica de Marx explicó la situación real del proletariado en el régimen general del capitalismo. En el mundo entero, desde Norteamérica hasta el Japón y desde Suecia hasta el Africa del Sur, se multiplican organizaciones independientes del proletariado. Este se instruye y educa al librar su lucha de clase, se despoja de los prejuicios de la sociedad burguesa, está adquiriendo una cohesión cada vez mayor y aprendiendo a medir el alcance de sus éxitos, templa sus fuerzas y crece irresistiblemente.

Democracia Participativa no basta, ¡hay que salir del capitalismo!

Construir una sociedad democratica y participativa es una meta fundamental para la humanidad. ¿Pero que sucede si se logra profundizar la democracia participativa sin alterar la estructura de clases capitalista? En alrededor de veinte estados de Estados Unidos se han enmendado las constituciones estatales para permitir iniciativas ciudadanas por medio de la recolecta de firmas para la realización de plebiscitos. Con estas medidas, los ciudadanos se vuelven sujetos activos y protagónicos en la legislación. Esto ha permitido el desarrollo de una cultura de democracia directa en varias partes de Estados Unidos. Sin embargo, como ya se ha dicho, la estructura de clases capitalista no se alteró. ¿Qué ocasionó esto?

Compañías como Wal-mart han empleado personas para recoger firmas y gastado millones en propaganda para convocar plebiscitos e influenciar en los votos de los electores. El fin es ir por encima de regulaciones que intentaban proteger a comunidades frente a esta corporación. Target, Home Depot y farmacéuticas también han aprovechado las iniciativas ciudadanas y los plebiscitos ciudadanos con el mismo fin. A través de mecanismos de democracia participativa, corporaciones han logrado ir por encima de planes de uso de terreno para construir más filiales o de un tamaño superior al previamente acordado. A través de esta iniciativa que tenía el fin de empoderar a los ciudadanos, las corporaciones han tenido un nuevo mecanismo, utilizando la necesidad de algunos ciudadanos de conseguir un empleo y aprovechando su potencial económico para desinformar a través de los medios de comunicación, para imponer su voluntad y su animo de lucro sobre los intereses de la comunidad.

Las corporaciones logran hacer que el individuo racionalice que le conviene permitirle a estas seguir haciendo lo que ellas quieran. Las corporaciones tienen la capacidad de lograr que las personas, “democrática y participativamente,” determinen fervorosamente que estas deben continuar contaminando el medio ambiente, explotando trabajadores local e internacionalmente, y promoviendo valores que perpetúan una sociedad poco solidaria.

La estructura de clases capitalista le brinda a las corporaciones el abrumador privilegio de ser las administradoras de las riquezas que genera la sociedad. Las corporaciones, seguirán usando, como siempre han usado, las riquezas que este privilegio les concede, para a través del Estado, los medios de comunicación y la educación convencer al resto de la población de que no se les debe arrebatar este privilegio.

La estructura de clases capitalista influye en todos los asuntos que nos afectan como sociedad; desde la degradación de nuestro medio ambiente, el discrimen por razones de raza, genero o preferencia sexual, hasta las relaciones de poder opresivas como el imperialismo o el colonialismo. Intentar resolver estos problemas de manera aislada, independientemente de la lucha contra la estructura de clases capitalista, conllevara a un triste ejercicio inútil. Como explica el filósofo y crítico social marxista Slavoj Žižek, en esta coyuntura, lo utópico es presumir que los problemas se pueden resolver uno a uno, poquito a poquito. No se trata de solo luchar contra el sistema económico, se trata de que haya una convergencia en todas las luchas del pueblo (ambiental, genero, clases, estudiantil, etc.) para así construir una nueva sociedad, distinta y mejor que la capitalista.

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La Economía y la lucha por la independencia

Los argumentos a favor y en contra de la independencia normalmente se relacionan de alguna u otra manera a la economía. Por tanto, se amerita introducirnos a las principales teorías económicas y el rol que pueden jugar en la lucha por la independencia.

I- La Economía

La palabra “Economía” normalmente trae a la mente conceptos como el empleo, el dinero, los precios y el éxito o fracaso de los negocios. Sin embargo, como ciencia social, la economía es mucho más abarcadora.

Se pueden dividir las escuelas de pensamiento de Economía de varias maneras. Para nuestros propósitos,podemos dividirla en dos grupos principales. El grupo predominante entre los economistas es el que parte de las siguientes premisas: vivimos en el capitalismo, viviremos en el capitalismo, y el capitalismo es el mejor sistema entre las alternativas existentes. Algunas tendencias dentro de este grupo abogan para que el gobierno tome un rol activo en la economía capitalista, como los economistas keynesianos (asociados a las propuestas de partidos como el Partido Demócrata en Estados Unidos y algunos sectores dentro de los partidos en Puerto Rico). Otras tendencias dentro de este grupo abogan porque el gobierno juegue un rol mínimo en la economía capitalista, como los economistas neoclásicos (asociados a las propuestas del Partido Republicano, del Partido Nuevo Progresista y algunos sectores del Partido Popular). Pero en fin, todos coinciden en que capitalismo es lo que hay y es lo que debe haber. Su tarea como economistas es aplaudir y defender el sistema capitalista.

En el otro extremo están los economistas que no parten de estas premisas. Son una minoría entre los economistas y son pocos los departamentos de economía que se identifican con este grupo. Los economistas de este grupo se destacan porque hacen énfasis en las clases sociales. Para este grupo de economistas, clases sociales no se refiere a cuantos ingresos recibes (si eres clase alta, media o baja); ni tampoco se reduce, aunque se relaciona, con si eres un empleado o si empleas a personas. Las clases sociales se relacionan a preguntas mucho más fundamentales.

Toda sociedad tiene que utilizar la mente y el esfuerzo físico de las personas que la componen para transformar la naturaleza en bienes que satisfagan nuestras necesidades. Por ejemplo, las sociedades primitivas tenían que asignar parte de su población para sembrar, cazar y/o cocinar. Sin embargo, no todas las personas podrían participar de estas tareas. A modo de ejemplo, algunas personas tendrían que cumplir una labor de seguridad y velar que otra tribu enemiga no saqueara sus pertenencias. ¿Estas personas que no contribuían directamente a “producir” los alimentos, se les dejaba sin comer? No. Las personas que trabajaban directamente produciendo alimentos (cazando, sembrando o cocinando) producían más de lo que ellos mismos iban a comer (producían un excedente) para distribuirse a aquellas personas que aunque no trabajaron directamente en la producción, contribuyen a la supervivencia de la sociedad de otras formas. Cómo se crea el excedente en la producción, quién lo administra y a quién se distribuye son las preguntas que determinan la estructura de clase de una sociedad. La lucha de clases no es otra cosa que los diferentes agentes de este proceso intentando apropiarse de mayores cantidades del excedente de la producción. Incluso, puede darse lucha de clases dentro de una misma clase social. Por ejemplo, los distintos tipos de capitalistas, los industriales (dueños de fabricas), los financieros (bancos) y los comerciales (dueños de tiendas) tienen tensiones entre ellos al todos intentar apropiarse de mayores cantidades del excedente que le roban al trabajador en el proceso de explotación capitalista.

Este enfoque de clases basado en la producción, apropiación y distribución del excedente social fue una de las mayores contribuciones teóricas de Carlos Marx. Al elaborar su análisis de clases sobre el capitalismo, Marx le llamó plusvalor al excedente social que los capitalistas apropiaban a los trabajadores. Los trabajadores y las trabajadoras aumentan el valor de las materias primas que poseen los capitalistas; pero los frutos de este aumento en su valor son apropiados y administrados por los capitalistas. Los trabajadores y las trabajadoras trabajan más de lo que necesitarían trabajar si fuese solo para su consumo personal, igual que en las sociedades primitivas, pero la administración y distribución de ese excedente es ahora controlada por completo por la clase capitalista. Para Marx, cualquier persona que aspire a construir un nuevo sistema, distinto o mejor que el sistema capitalista, tiene que estudiar estas relaciones para poder transformarlas. De no hacerlo, solo se creará una nueva variación del capitalismo, en vez de transformarlo en un nuevo sistema económico.

II- La independencia de Puerto Rico

Planteamientos económicos son muy comunes en los argumentos a favor y en contra de la independencia. La mayoría de estos se enmarcan dentro del primer grupo teórico de la economía; los que consideran el capitalismo como la única opción. Dentro de esta teoría económica capitalista se puede argumentar que nos conviene la independencia ya que la habilidad de articular tratados económicos y desarrollar nuestra economía capitalista a nivel nacional podrían aumentar los empleos en el país, aumentar los salarios y mejorar nuestras condiciones de vida. Se pueden utilizar estos argumentos a favor de la independencia sin proponer una transformación de nuestra estructura de clase; sin amenazar la existencia del sistema económico capitalista en Puerto Rico. Probablemente sea más fácil argumentar a favor de la independencia dentro de esta perspectiva ya que se utilizarían conceptos que el país conoce y comprende de alguna manera.

Además, si se aspira a transformar la estructura de clases, se necesita la independencia. Por tanto, se pueden utilizar argumentos económicos capitalistas para lograr la independencia y una vez obtenida se puede empezar la campaña a favor del socialismo o cualquier otra alternativa poscapitalista.

Por otro lado, esta la alternativa más difícil: abogar desde ahora por la transformación de nuestra estructura de clases y el fin del capitalismo. Esta alternativa implica intentar explicarle al país conceptos sumamente difíciles como excedentes de producción y sus procesos de apropiación y distribución. Sin duda alguna es la alternativa más difícil y lenta en términos de resultados. Pero al ir directamente a una de las raíces de nuestros tantos problemas, la estructura de clases, se aseguran cambios reales y profundos.

El economista marxista Richard Wolff menciona en ocasiones un ejemplo hipotético que ayuda a tomar posturas en este dilema. Imaginémonos que fuimos al pasado cuando existía la esclavitud. Los esclavos y las esclavas viven y trabajan en condiciones infrahumanas. Surgen dos movimientos. El primero aboga porque se les trate mejor a los esclavos y las esclavas; que se les alimente mejor y se les aseguren mejores condiciones de vida. El segundo, considera que el problema es la esclavitud; no cuán bien están siendo tratados los esclavos y las esclavas. Por tanto, hay que luchar por la abolición de la esclavitud. ¿Con que grupo nos solidarizaríamos?

¿Nos basta con vivir en Puerto Rico libre y soberano, con una economía capitalista, y mejores condiciones de vida que en la actualidad? ¿O queremos una transformación radical de nuestra sociedad que realmente nos libere como seres humanos? ¿Aspiramos a la independencia para introducirnos al mundo como economía capitalista para comerciar y competir con otros países? ¿O aspiramos a construir con nuestras naciones hermanas un nuevo mundo? El movimiento independentista tiene que tomar postura en el asunto; ya que la economía y la estructura de clases como trajo Marx a colación, son fundamentales para toda sociedad.