Etiquetado: poder

Tacticas y estrategias para la transicion al socialismo del Siglo 21

El artículo Marxist Perspectives on 21st-Century Transition to Socialism (Forthcoming) resume y analiza críticamente las tres posturas principales discutidas en la izquierda como estrategias hacia el socialismo: 1) la visión socialista revolucionaria de tomar el Estado y transformar de manera abrupta y de raiz la sociedad, 2) la visión socialdemócrata de lograr un acuerdo con el Capital, aspirando a eventualmente, y paulatinamente, transformarlo, y 3) la visión anarquista (o marxista autonomista) de ignorar el Estado, y crear espacios alternativos (como cooperativas, huertos comunitarios, etc.) que poco a poco remplacen el Capital.

El artículo concluye que ninguna visión en sí sola será exitosa, y nuestra tarea es buscar como combinar estas visiones dependiendo de distintas circumstancias. Según el mismo, uno de los errores más graves que podría cometer la izquierda es pensar que la visión anarquista (o marxista autonomista) de ignorar el Estado, y crear espacios alternativos que poco a poco remplacen el Capital en sí sola podría funcionar. Se tiene que tener en agenda la toma del poder estatal. Sin embargo, igual de grave sería asumir que el Capital se puede humanizar y regular indefinidamente, como plantean muchos dentro de la visión socialdemócrata. La toma del Estado debe ser con el propósito de crear condiciones para romper con el Capital, no para regularlo.

 

A continuación un video con un debate interesante entre Enrique Dussel y John Holloway, quien es uno de los ideólogos principales de la visión anarquista/marxista autonomista.

 

Información y ‘democracia de superficie’

Por: María Toledano
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Existe una relación histórica, conocida, que une información y poder. Es una relación estable, limpia y ordenada como un sacramento católico, como un buen matrimonio burgués. Las empresas propietarias de los grandes medios de comunicación (que a su vez detentan infinidad de otros negocios multinacionales) deciden, de acuerdo con sus intereses y los de sus anunciantes, qué se emite o publica, cómo y cuándo. Los férreos filtros (pocas veces se equivocan) vienen fijados por los directivos, verdaderas correas de transmisión -perros de presa- de su accionariado y responden ante los indefensos espectadores con pequeñas dosis de verosimilitud (una aparente mirada inocente sobre el mundo) que nada tiene que ver con la verdad de los hechos descritos, ni con el principio básico -repetido por ellos mismos hasta la extenuación- de la objetividad. De esto y otras muchas cosas de interés habla Pascual Serrano en su nuevo libro Desinformación (Península, 2009), un verdadero vademécum de análisis periodístico y falsedades desveladas que pone de manifiesto, de forma clara y distinta, ”cómo los medios ocultan el mundo”.

La idea es sencilla. Cuanto menos sepamos (esa es la única función de los mass-media) y más sepan (de cualquier materia) aquellos que circulan por las autopistas y moquetas del poder, más difícil será la crítica, más dura la batalla e imposible (casi) la erradicación de sus métodos y procedimientos de explotación y apropiación. La ciudadanía, destrozada y sin apenas más aliento que el denominado ”tiempo de ocio” promovido por la dinámica consumista, es incapaz de reaccionar y las píldoras o mensajes -lo que se denomina ”información”- van calando de tal forma que resulta imposible establecer un diálogo sensato (por no decir crítico) con alguien cuyas fuentes sean, únicamente, los medios mayoritarios. El objetivo está logrado. Por un lado la sociedad, el conjunto de los ciudadanos libres e iguales, legitima con su aceptación cotidiana -su incapacidad colectiva para desear otro modo de mirar, exigir y entender es dramática- los medios de masas y la veracidad de las noticias o análisis (ya no existe diferencia) y por otro, desautoriza, de raíz, sin paliativos, como exigen los cancerberos de la difusión, todas aquellas informaciones (por contrastadas que estén) que no provengan de sus autorizados órganos de emisión.

El resultado es el siguiente: cualquier información ajena a los detentadores del poder mediático universal será considerada propaganda, falsificación o mentira. Resulta sorprendente comprobar, día a día, cómo la ciudadanía, en esta ”democracia de superficie” -gráfica expresión de Alain Badiou, citada en su reciente trabajo l’Hipothése communiste (2009)- ha cedido su soberanía informativa y, por tanto, la función de control y crítica, a las empresas de transmisión de la ideología dominante. Reaparece, vestido con los sensacionalistas colores de la información, el dilema clásico esbozado por Sócrates en La República de Platón: ¿quién vigilará a los vigilantes? ¿Qué contrapoder informativo puede garantizar la calidad y veracidad de las noticias difundidas, si aquellos en los que hemos depositado nuestra confianza mienten?

Vivimos atenazados, amedrentados, por el ruido informativo. El bombardeo permanente de datos provoca un atroz desconcierto. Ya no se trata de que los periodistas manipulen la realidad (su salario depende de la fidelidad ideológica a su empresa), el problema, mucho más grave, consite en la sobreabundancia y en la imposibilidad de retener, discriminar y analizar (una función periodística olvidada) lo relatado. Los canales de transisión se han multiplicado (las empresas ha creado un sistema reticular que difunde el mismo mensaje por infinidad de medios) creando la apariencia de absoluta y transparente libertad. La consagrada ” libertad de expresión ” ha sido asimilada a la proliferación de medios, dando por sentado -una falacia más- que un mayor número de radios, televisiones, revistas y periódicos garantiza la pluralidad.

El mercado informativo, el espacio donde se desarrolla el intercambio de datos, es un campo minado por las empresas transmisoras. Ese territorio hostil, arenas movedizas, esconde una trampa en cada recodo. Desde las “elecciones libres” en Afganistán (¿existe un censo riguroso?) hasta las noticias relacionadas con avances médicos vinculadas a intereses de las compañías farmacéuticas; de la corrupción en los partidos políticos a los resultados de cualquier tipo de encuesta, todo dato está filtrado por el emisor. Frente a este panorama, los medios alternativos de información (en internet, su mayoría) aparcen como una pequeña isla rodeada por acorazados y destructores. Si una parte de nuestro conocimiento del mundo -y por tanto, de nuestra capacidad para discernir- proviene de la información facilitada por los grandes medios de comunicación, ¿qué sabemos? ¿Cómo podemos reflexionar y elegir? La ”democracia de superficie” es, en realidad, una democracia mediática, confusa y extraña.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=90819

¿Quién manda?

Encontré interesante una nota que comentaba que en el año 2000, de las 100 entidades económicas más grandes del mundo, 51 eran compañías privadas y 49 eran países. Sin embargo, las 20 entidades económicas más grandes de la lista continuaban siendo países. Me interese en buscar los datos del 2008, y al estudiarlos me percaté que esto ha cambiado.

En el año 2008, de las 20 entidades económicas más grandes del mundo, solo 7 son países, mientras que 13 son compañías privadas. Evidentemente, hay una tendencia clara. Las compañías privadas están acumulando capital a tal grado que están asegurando su rol dominante no solo en procesos económicos, sino también en procesos políticos (cada vez tienen más poder para influenciar en la toma de decisiones), culturales (cada vez su visión de mundo predomina sobre visiones alternativas) y ambientales (cada vez el medio ambiente esta más firme en sus garras).

A medida que estas compañías crecen en poder, mayor es la cantidad de recursos de nuestro planeta que está bajo sus manos. Es decir, mayor es la cantidad de recursos de nuestro planeta que se estarán utilizando para maximizarle las ganancias a estas compañías, en vez de para maximizar el bienestar de toda la humanidad.

A continuación esta lista de las 20 entidades económicas más grandes del 2008 y su valor en millones de dólares (Producto Bruto Interno en el caso de los países y valor total de activos en el caso de las compañías):

1. Estados Unidos: 13,811.2
2. Japón: 4,376.7
3. Royal Bank of Scotland: 3,807.51
4. Alemania: 3,297.2
5. China: 3,280.1
6. Reino Unido: 2,727.8
7. Francia: 2,562.2
8. BNP Paribas: 2,494.41
9. Barclays: 2,432.34
10. HSBC Holdings: 2,348.98
11. Citigroup: 2,187.63
12. Italia: 2,107.5
13. UBS: 2,019.17
14. ING Group: 1,932.15
15. Bank of America: 1,715.75
16. Credit Agricole: 1,662.6
17. Mitsubishi UFJ Financial: 1,591.56
18. Societe Generale Group: 1,573.13
19. JPMorgan Chase: 1,562.15
20. Allianz: 1,547.48