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Transformación social y alternativa socialista

El siguiente escrito es un fragmento del articulo “Los Puntos de la Brújula: Hacia una alternativa socialista” de Erik Olin Wright (http://www.ssc.wisc.edu/~wright/PuntosBrujula–NLR41.pdf)

La cuestión central de una teoría de la transformación es ésta: dados los obstáculos y oportunidades para la transformación emancipadora generados por el proceso de reproducción social, las discontinuidades en ese proceso y la incierta trayectoria futura del cambio social, ¿qué tipo de estrategias colectivas nos ayudarán a avanzar en la dirección de la emancipación social? Las luchas por ideales democráticos, igualitarios y emancipadores se han arracimado históricamente en torno a tres formas básicas de transformación a través de las cuales se podrían construir nuevas instituciones de poder social: rupturista, intersticial y simbiótica.

Las transformaciones rupturistas pretenden crear nuevas instituciones de poder social mediante una brusca ruptura con las formas y estructuras sociales existentes. La idea central es que la confrontación directa y la lucha política crearán una disyunción radical en la que las instituciones existentes serán destruidas y se construirán otras nuevas en un corto espacio de tiempo. Se plantea así un escenario revolucionario para la transición al socialismo: una victoria decisiva y general de las fuerzas populares que da lugar a la rápida transformación de las estructuras económicas subyacentes. Sin embargo, las transformaciones rupturistas no se limitan a las revoluciones. Pueden afectar a ciertos conglomerados de instituciones y no a los fundamentos del sistema social; también pueden ser parciales y no totales. La idea unificadora es una brusca discontinuidad y un cambio rápido, en lugar de una lenta metamorfosis durante un largo periodo de tiempo.

Las transformaciones intersticiales tratan de construir nuevas formas de poder social en los nichos, espacios y márgenes de la sociedad capitalista, a menudo allí donde no parecen plantear una amenaza inmediata para las clases y elites dominantes. Ésta es la estrategia más profundamente inmersa en la sociedad civil y a menudo es invisible al radar de los críticos radicales del capitalismo. Aunque las estrategias intersticiales están en el centro de algunos planteamientos anarquistas del cambio social y desempeñan un gran papel práctico en los esfuerzos de muchos activistas comunales, los socialistas revolucionarios han despreciado a menudo tales esfuerzos, considerándolos meramente paliativos o simbólicos, sin que ofrezcan muchas perspectivas de un desafío serio al statu quo. Sin embargo, acumulativamente, tales transformaciones pueden suponer no sólo una diferencia real en la vida de la gente, sino, al menos potencialmente, un componente clave de la ampliación del ámbito transformador del poder social en el conjunto de la sociedad.

Las transformaciones simbióticas suponen estrategias en las que la extensión y profundización de las formas institucionales de poder social popular también resuelve ciertos problemas prácticos a los que se enfrentan las clases y elites dominantes. La democratización del Estado capitalista, por ejemplo, fue el resultado de presiones concertadas y luchas desde abajo que en un primer momento se consideraron una seria amenaza a la estabilidad del dominio capitalista. El incremento de poder social fue real, no ilusorio, pero también ayudó a resolver problemas que perturbaban los intereses de los capitalistas y otras elites, contribuyendo a la estabilidad del capitalismo. Las transformaciones simbióticas tienen así un carácter contradictorio, beneficiándose a menudo de una tensión entre los efectos a corto y a largo plazo del cambio institucional: a corto plazo, las formas simbióticas de poder social corresponden a los intereses de las clases y elites dominantes; a largo plazo pueden desplazar el equilibrio de poder hacia un poder social más amplio.

Estos tres tipos de transformaciones sugieren posturas y actitudes muy diferentes hacia la política de transformación. La transformación rupturista, al menos en sus formas más radicales («destruir el Estado»), supone que las instituciones centrales de reproducción social no se pueden utilizar eficazmente con propósitos emancipadores; deben ser destruidas y sustituidas por algo cualitativamente nuevo y diferente. La transformación intersticial («ignorar al Estado») pretende ir construyendo poco a poco un mundo alternativo dentro del viejo. Quizá haya momentos en que se puedan aprovechar para ese fin las instituciones establecidas, pero las transformaciones intersticiales suelen dejar de lado los centros principales de poder. La transformación simbiótica («usar el Estado») busca formas de insertar los cambios emancipadores en las instituciones decisivas de reproducción social, especialmente el Estado, con la esperanza de forjar nuevas formas híbridas que no quepa echar atrás, avanzando en la dirección de un ámbito ampliado para el poder social emancipador.

Todas esas estrategias presentan problemas. Ninguna de ellas garantiza el éxito. Todas ellas albergan riesgos y dilemas. En diferentes momentos y lugares, una u otra puede ser la más eficaz, pero normalmente ninguna de ellas basta por sí misma. A menudo sucede que los activistas se comprometen profundamente en una u otra de estas visiones estratégicas, que les parece universalmente válida, y malgastan demasiadas energías en el rechazo de los demás modelos. Un proyecto a largo plazo con perspectivas de éxito debería afrontar el complicado problema de combinar esas estrategias, incluso si la combinación significa inevitablemente que las luchas a menudo se crucen.

En este inicio del siglo XXI resulta fácil el pesimismo sobre las perspectivas futuras de un socialismo de poder social; pero es importante recordar que en todo el mundo se están ensayando muchas de esas propuestas. Existen experimentos, se están construyendo continuamente nuevas instituciones (y también, desgraciadamente, destruyendo) en los intersticios de las sociedades capitalistas, y de vez en cuando se producen victorias políticas en las que el Estado puede colaborar en el proceso de innovación social. Constantemente surgen nuevas formas de poder social. No sabemos cuáles puedan ser los límites de tales experimentos parciales y fragmentarios y de la innovación en el capitalismo: el poder social puede quedar en último término restringido a los márgenes, o puede haber mucha más capacidad de maniobra. Pero lo que es seguro es que todavía no hemos llegado a esos límites.

Pensar sistemáticamente sobre las alternativas emancipadoras es un elemento del proceso por el que se pueden ampliar los límites de lo posible. Lo que por el momento parece únicamente lejanas visiones de un cambio viable puede convertirse quizá en proyectos políticos coherentes. Embarcándonos en la exploración del aumento del poder social dentro del capitalismo, podemos alcanzar un mundo de poder sobre él y quizá finalmente trascenderlo.

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Socialismo venezolano: ¿de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba?



Primero quiero mencionar un proyecto empresarial venezolano que ha salido a relucir a través de la controversia de Wikileaks y luego quiero mencionar las leyes orgánicas recién aprobadas en Venezuela. La información de ambos temas la conseguí en venezuelanalysis.com. En ese contexto, luego me gustaría reflexionar un poco sobre el experimento socialista venezolano.


La Arepera Socialista

En la reciente controversia de WikiLeaks salió a relucir un “cable” estadounidense en el que discutían a fondo la Arepera Socialista creada en Caracas. Recientemente en Puerto Rico se están comenzando a vender arepas venezolanas pero para los que aun no sepan lo que son, se trata de una tortilla de maíz bastante gruesa que se come sola o con algún relleno como pollo, carne o queso. Culturalmente, son el equivalente a lo que son para nosotros frituras como las empanadillas o las alcapurrias. A través de la Corporación de Mercados Socialistas (COMERSO) se creo la Arepera Socialista en el Parque Central de Caracas, y los diplomáticos estadounidense que aparentemente la visitaron comunicaban al exterior lo sorprendentemente más eficiente y más barata que era comparada a las demás areperas de la ciudad. COMERSO tiene como objetivo ser canal de comercialización de los productos elaborados por las comunas, las fábricas socialistas y las empresas recuperadas del sector privado. Además, deberá incentivar la propiedad socializada en los medios de distribución (además de los de producción) para colaborar en la transición hacia el socialismo.

Leyes Orgánicas del Poder Popular

Por otro lado, en Venezuela ya se han aprobado cuatro de las cinco “leyes para el poder popular” que tienen como fin transformar las estructuras estatales de planificación y toma de decisiones para involucrar a más organizaciones de base. Las cinco leyes que conforman el bloque son: La Ley Orgánica del Poder Popular, la Ley Orgánica de Planificación Pública, la Ley Orgánica de Comunas, la Ley Orgánica de la Auditoria Social y la Ley Orgánica para el Desarrollo y Promoción de la Economía Comunal.

Me interesa discutir tres de estas: la Ley Orgánica de la Planificación Publica, la Ley Orgánica del Poder Popular y la Ley Orgánica de las Comunas. Las tres ya fueron aprobadas. Entre los objetivos de estas leyes se menciona la descentralización del poder, la propiedad colectiva, la autonomía, y organizar el Consejo de Gobierno Federal como encargado de planificación.

El Consejo Federal de Gobierno fue creado oficialmente a principios de este año y se compone de los ministros, alcaldes, gobernadores, representantes de los consejos comunales y representantes de movimientos sociales. El consejo tiene entre sus tareas coordinar el presupuesto nacional.

Sin embargo, más allá de la reunión a nivel nacional, se ha reunido a nivel local con los consejos comunales para discutir la asignación de fondos y recursos para proyectos específicos que son de un interés colectivo, tales como obras públicas, escuelas y hospitales.


“Para ser capaz de poner fin al estado burgués que todavía tenemos, tenemos que crear condiciones para el desarrollo de un estado comunitario, colectivo, democrático, protagónico y revolucionario. Es decir, para crear un estado que no permite que el poder se concentren en manos de unos pocos privilegiados “, dijo el legislador venezolano Augusto Montiel explicando la necesidad de las leyes.

Según la prensa de la Asamblea Nacional, el bloque de leyes estaba abierto a “una amplia consulta nacional” con la participación del ministro para las comunas, consejos comunales, legisladores y el presidente de Venezuela.

Ley Orgánica del Poder Popular

El legislador Ulises Daal dijo que esta ley, con sus 134 artículos, se refiere a la participación directa de las comunidades en la gestión pública, y que ese concepto fue apoyado por el artículo 5 de la Constitución.

El artículo 7 de la ley establece que uno de los objetivos de la misma es “promover el fortalecimiento de la organización de personas de conformidad con la consolidación de la democracia protagónica revolucionaria … y la creación de formas de auto-gobierno comunales y comunitarios. ”

Las organizaciones productivas de propiedad social (empresas de propiedad obrera, comunitaria o comunal) deben tener prioridad cuando cualquier organización del poder público necesite de bienes, servicios o trabajos realizados, como se indica en el artículo 29 de la ley aprobada.

La Ley define las organizaciones de poder popular como organizaciones que surgen cuando las personas se organizan en función de dónde viven o de su vida cotidiana, formando organizaciones integradas por ciudadanos con intereses y objetivos comunes con el fin de superar las dificultades y promover el bienestar colectivo. Organizaciones autónomas del poder popular son los consejos comunales y las comunas.

Daal, dijo que mientras la gente se organiza a través de estas formas de autogobierno, “Nadie será capaz de quitarle el poder a la gente”.

Ley Orgánica de Planificación Pública

Esta ley incorpora los consejos comunales y las comunas en el sistema de planificación nacional.

“Esta ley tiene como objetivo sentar las bases para la planificación que permita la administración de los recursos de manera eficiente, para lograr entonces una distribución justa de la riqueza”, dijo Daal.

El Sistema Nacional de Planificación Pública esta compuesto por los consejos de planificación publica del  estado, de los municipios, de las comunas, de los consejos comunales y el Consejo Federal de Gobierno.

La ley, según el informe, prevé la participación amplia y de masas en la determinación de objetivos de los planes, su aplicación y revisión futura.

La Ley Orgánica de Comunas

Se compone de 65 artículos relativos a la creación y organización de las comunas en el país, así como la formación del Parlamento Comunal que figuras de la oposición temen que un día desplace a la Nacional Asamblea.

Como se informó en el diario venezolano El Nacional, la Ley Orgánica de Comunas define estas estructuras sociales como “entidades locales formadas por varias comunidades que comparten las mismas características e intereses, con un régimen en el que los medios de producción son propiedad socializada y con un desarrollo endógeno y sostenible del modelo. “

Cada comuna tendrá Carta Fundacional (normas establecidas por la comunidad), un Banco de la Comuna, un Plan de Desarrollo de la Comuna y un Consejo de Planificación de la Comuna. El gobierno local y regional se debe someter al “Poder Popular, operando en la medida en que sea necesario para poner en práctica la voluntad del pueblo expresada a través de las comunas. A nivel nacional, todas las comunas estarán representadas en un parlamento nacional Comunal.

Últimos Comentarios

Tras el fracaso de la Unión Soviética y su modelo de capitalismo de estado o “socialismo desde arriba,”en los movimientos de izquierda ha cogido auge el concepto del “socialismo desde abajo” junto al de la democracia participativa. La llamada Revolución Bolivariana que ocurre en Venezuela choca con esta tendencia. A pesar de que el proceso en Venezuela enfatiza en la democracia participativa, intenta construir el socialismo a través del estado, con leyes y constituciones, desde arriba. Los socialistas “desde abajo”se oponen al proceso bolivariano porque el socialismo que intentan construir en Venezuela no surgirá como el producto de un movimiento de masas organizadas desde abajo, construyendo el poder desde abajo.

Los bolivarianos contrargumentan que la Revolución Bolivariana sí es desde abajo. Primero, la organización y movilización de masas contra el presiente neoliberal Rafael Caldera fue lo que dio paso a la victoria electoral del proyecto político de Chávez. En otras palabras, no fue el proyecto político de Chávez que propicio la organización de las bases, sino que las bases organizadas y movilizadas propiciaron la victoria electoral de Chávez y su proyecto. Además, el proyecto siempre ha hecho hincapié en que las bases sean participativas y protagónicas en el proceso. En otras palabras, los partidarios del socialismo venezolano consideran que no se puede plantear que el proceso en su país es otro intento del socialismo parlamentarista europeo o el socialismo soviético centralizado sino que es algo sumamente distinto.

Las personas que han visitado las comunidades venezolanas o que por lo menos han visto documentales como Inside the Revolution o South of the Border han visto que las comunidades venezolanas y los trabajadores venezolanos son los protagonistas de los cambios en ese país. Nadie puede argumentar que se trata de un proceso en el que la gente sigue las órdenes del gobierno mientras este se encarga de construir su concepción de socialismo. La gente esta organizada, militante, combativa, y participando activamente de la construcción del socialismo en sus empresas y en sus comunidades.

Entonces, ¿el socialismo venezolano se esta construyendo desde arriba o desde abajo? Yo pienso que de ambas maneras. A través de la historia han habido intentos de construirlo genuinamente desde abajo y han habido intentos de construirlo plenamente desde arriba. Todos los intentos han fracasado. Un sector del movimiento socialista venezolano decidió romper con las ortodoxias y combinar ambos métodos. Intentan construir el socialismo a través del estado, con elecciones, leyes y cambios a la constitución harmonizado con la construcción de comunas y gobiernos autónomos comunales (que con las ultimas leyes orgánicas se suben al mismo rango de poder que el ejecutivo y la legislatura), empresas comunitarias o comunales y empresas propiedad de trabajadores. Desde arriba y desde abajo se intenta derrumbar el poder burgués y construir el poder popular.

Yo tengo esperanzas en el proyecto. Les confieso que gran parte de mi desea mudarme tan pronto termine mis estudios a Venezuela para allí ejercer mi profesión y colaborar con el proceso (pero el 1% de nacionalismo que queda en algún rincón de mi ser me lo prohíbe). Reconozco que tiene deficiencias, que ha cometido errores y que probablemente cometa más. Pero, ¿algún proceso revolucionario ha sido perfecto? ¿Algún proceso revolucionario lograra ser perfecto? Reconocer las deficiencias del proceso no me mueve a minimizarlo o descartarlo. Todo lo contrario. Me mueve a solidarizarme más con ese proceso. Seamos internacionalistas y apoyemos a Venezuela en este proceso tan importante en nuestra historia.

Los derechos humanos en Puerto Rico

10 Diciembre 2010

Los derechos humanos

Hiram Lozada (abogado)

Cuando celebramos, hoy 10 de diciembre, el aniversario 62 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por la Organización de las Naciones Unidas en 1948, hay que recordar que es la base fundamental de nuestra carta constitucional de derechos civiles de 1952 y de posterior legislación de protección social y económica. Para celebrar el evento, lo mejor es ver sus incumplimientos y procurar su efectiva vigencia.

Así hay que señalar que cuando se propone una cuota de $800 para los estudiantes de nuestra universidad pública, en un país donde el 65% de la población vive en la pobreza, se viola terriblemente el derecho a la educación.

Cuando el Gobierno utiliza la fuerza policiaca para invadir y cercar los recintos universitarios y se niega a dialogar con los estudiantes y los profesores, se violan los derechos a la libertad, la justicia y la paz.

Cuando los funcionarios del Gobierno proponen “sacar a patadas” a los estudiantes y profesores que disienten y protestan, propician “actos de barbarie” que menosprecian los derechos del hombre y la mujer.

Cuando la Policía y los cuerpos militares atacan y macanean a los estudiantes, por la mera participación en demostraciones pacíficas, el Estado se convierte en un régimen de tiranía y opresión, repudiado por las declaraciones de nuestra constitución y de las Naciones Unidas.

Cuando el Gobierno propone la construcción de un gasoducto, que cruzará mortalmente nuestros bosques y montañas y amenazará la vida de cientos de miles de personas, se viola la política pública constitucional de proteger al medio ambiente, la vivienda, la salud y a un nivel adecuado de vida.

Cuando el Gobierno criminaliza las protestas, niega y esconde información sobre sus actos y proyectos y utiliza su vasto poder económico para difundir la mentira, viola el derecho a la participación democrática, de información y de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas del país.

Cuando el Gobierno utiliza su poder para comprar conciencias, tomar por asalto las instituciones públicas, llenar de acólitos los tribunales y suprimir la voz de las minorías, destruye el régimen de derecho, descarrila la voluntad del pueblo y viola las exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.

Así cuando el Gobierno es tiránico, ilegítimo, inmoral y antidemocrático, surge, como dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el supremo deber de la rebelión.

Tomado de El Nuevo Dia

La tendencia Revolucionaria y La tendencia Reformista de Juan Antonio Corretjer

Fragmento de La Lucha por la independencia de Puerto Rico de Juan Antonio Corretjer

 

II. La tendencia Revolucionaria

 

En todos los países de la tierra, en todos los tiempos, un proceso más o menos largo engendra ciertas condiciones que desembocan en una revolución. No hay revoluciones importadas: famosa y cierta es la observación: “cada pueblo hará su propia revolución, si es que la quiere; y si no quiere, no habrá revolución.” Es lo cierto que todo pueblo llega al momento en que quiere a su revolución. Y la tiene.

La revolución es, pues, la culminación de un proceso histórico. La tendencia revolucionaria, por ello mismo, va marcando, con su crecimiento, el adelanto de ese proceso.

Puerto Rico es, como lo son todas las naciones americanas, una nación formada bajo la mano del imperialismo. Se diferencian en su formación las nacionalidades americanas de las euro- peas en esto: mientras las europeas se núclean con la aglutinación de los estados feudales, las americanas nacen, rota su continuidad histórica precolombina por el Descubrimiento y Conquista, bajo la mano de imperios europeos: España, Francia, Inglaterra y Portugal.

Dijimos anteriormente que, después de Lares, negar la existencia de una nación puertorriqueña es una imbecilidad. Pero la nación ha comenzado a formarse mucho antes. La explotación de las minas por los Conquistadores a base de la explotación del brazo indígena; la guerra indo-española terminada en la jornada de Yagüecas, la importación de esclavos negros, la repartición de la tierra en hatos realengos a protegidos de la Corona; la permanencia en Puerto Rico de españoles pobres; el mestizaje: estos hechos

produjeron inmediatamente diferencias de intereses y reacciones sicológicas que fueron sin duda alguna factores de diferenciación nacional: la nación comenzaba a formarse.

Tres siglos contemplaron la laboriosa alquimia de la Patria, hasta que los síntomas de integración comenzaran a revelarse de una manera inequívoca. Tres siglos de lucha, de trabajo y de sangre: alzadas de indios, revueltas de esclavos; criollos y trabajado- res españoles que se fugan de las poblaciones y viven, en el abrupto interior, una vida independiente y dura. Amarguras, humillaciones, rencores, venganzas y complejos van formando el terreno en el cual una secreta química de historia va a ir fecundando esperanzas, aspiraciones, decisiones. Es la maravillosa progresiva manifestación morfológica del alma nacional y nuestra. Y a fines del Siglo XVIII ocurre la primera gran floración del alma patria: José Campeche inaugura genialmente el arte pictórico puertorriqueño. Campeche significa la aparición del genio puertorriqueño en su capacidad de aprovecharse del alma puertorriqueña para expresarla en forma artística.

Un hombre de origen humilde—era mulato—expresa inmediatamente otra manifestación de nuestra integración nacional: el Capitán Henríquez. Se ha alzado majestuosamente desde el fondo de la esclavitud. En su alma hay el temple de dos razas transformadas en el alma puertorriqueña; hay la resistencia y la disciplina que engendra el trabajo; el temple que forja el dolor y la voluntad tesonera de las desobediencias y los motines. Es capitán de mar. Es inmensamente rico. De su propiedad es una flota mercante de velas. Henríquez significa la aparición del genio puertorriqueño en su capacidad de aprovecharse creadoramente de las materialidades puertorriqueñas.

Las dos individuaciones inmediatas revelan un avance extraordinario en la voluntad y el discernimiento ideológico de la nación. El hijo de una aristocrática familia en el extremo oriental del país, y el hijo de una familia de trabajadores en su extremo occidental, como si significativamente quisieran abarcar entre sus

cunas el todo nacional en lo social y en lo geográfico, levantan la nación a nuevos y más altos niveles de manifestación. El uno es Antonio Valero de Bernabé. Y Roberto Cofresí el otro.

Con Antonio Valero de Bernabé comienza a injertarse una ideología en el tronco de nuestro embrionario proceso revolucionario. Nuestro desarrollo adquiere su primera conciencia política. Valero es el primer puertorriqueño en pensar claramente en la independencia del país. Si las condiciones generales hubieran tenido ya la maduración de esa individualidad extraordinaria, Valero habría sido nuestro Libertador. El glorioso, sabio, modesto y heroico lugarteniente de Bolívar incorporó a nuestra tradición revolucionaria un elemento característico al movimiento de independencia latinoamericana: su internacionalismo.

Si a Valero la sociedad en que apareció, por haber nacido en sus cumbres, le ofreció todo lo necesario al desarrollo de su extraordinaria personalidad, a Roberto Cofresí lo condenó al patí- bulo y a la ignominia de una leyenda negra de la cual aún no ha sido con justicia rescatado. Pirata, ladrón de los mares, asesino frío y cruel son los distintivos con que los historiadores españoles nos lo pasaron a la posteridad. El pueblo, a su vez, le labró una leyenda dorada de Robin Hood criollo. En una cosa solamente co- incidieron ambas leyendas: en exaltar el coraje indómito y la pericia marinera del caborrojeño.

Lentamente, de debajo de más de un siglo, ha comenzado a surgir su verdad: armado en corso Cofresí navegaba bajo la ban- dera de la República de Puerto Rico Libre. ¡Caso único en la historia: la primera proclamación de una República en pleno mar por la insurgencia solitaria y genial de ese Ulises del alma puertorriqueña!

Tócale a Roberto Cofresí el significativo rol de ser la primera figura histórica en llamarnos la atención sobre el “peligro yanki”. Nadie vio aquella prematura y significativa señal de los tiempos, ya que fue la flotilla yanki del Caribe bajo el mando de Porter, la que capturó a Cofresí y lo entregó a sus verdugos españoles. Los yankis habían puesto su flota al servicio de España para evitar la independencia de Puerto Rico y Cuba.

Cofresí y el Mariscal Valero representan la asunción de la voluntad patriótica al heroísmo, significan la capacidad del genio puertorriqueño para disponer militarmente del espíritu nacional.

Cuando esto ocurre hemos ya promediado el primer cuarto del Siglo XIX. Ese cuarto de siglo ha sido pródigo en manifestaciones de una conciencia puertorriqueña. Quince años antes llegó a nuestras playas un Comisario Regio. Traía la encomienda de la Corona de España de dirigir desde San Juan la campaña imperial contra los Libertadores de Venezuela. Al encopetado personaje se le ocurrió la mala idea de usar las milicias puertorriqueñas como parte de la tropa invasora de nuestra hermana nación. Bastó que corriera el rumor de su proyecto para que en pasquín famoso el pueblo puertorriqueño le hiciera saber que “no sufrirá jamás que se saque a un solo miliciano para llevarlo a pelear contra sus hermanos caraqueños”. Y los ánimos se caldearon de tal modo que el Comisario Regio no solamente hubo de desistir de su proyecto sino que además vióse obligado, para calmar los ánimos, a poner en libertad a tres diputados venezolanos que se hallaban presos en El Morro. El pueblo estaba ya en la resistencia. E igualmente, en 1864, los puertorriqueños resistieron la orden regia movilizándolos para pelear contra Santo Domingo.

Pero, para entonces, ya ha ocurrido un fenómeno culminan- te. El proceso revolucionario no es una simple espontaneidad: tiene su ideología y su dirección. Tiene sus héroes y sus mártires, sus Vizcarrondo y sus Quiñones. Betances ha aparecido, como un gigante, perfilando su figura viril y apostólica en nuestra cordillera moral. Betances es el iluminismo, es el ideario republicano y democrático, es el demoliberalismo. Y aquí, como en la América toda, no se trata del trasplante artificial y violento de una idea extranjera o extranjerizante; es que ha surgido en Puerto Rico un embrión de clase cuyo papel histórico es la subversión del feudalismo, la dirección de la lucha por la independencia: una incipiente burguesía. El país había madurado. La tendencia revolucionaria, surgida de las entrañas más remotas y vírgenes del pueblo, tiene ya su arma más poderosa: su correspondiente ideología. Va a producirse Lares, y, con Lares, la prueba irrefutable de la nacionalidad. El proceso revolucionario había creado la nación.

 

III. La tendencia Reformista

Si la tendencia revolucionaria es la autoctonía, si nos viene desde el primer resplandor de nuestra vida histórica e incorpora lo ajeno únicamente transubstanciándolo, apropiándoselo, asimilándolo, y es por ello la creadora de nuestro ser de pueblo y nuestra conciencia viva y militante, la tendencia reformista es exporta- da a Puerto Rico por dos imperialismos, y por dos imperialismos cuidadosamente estimulada y aprovechada. A través de nuestra historia ese veneno letal contiene nuestras energías, debilita nuestra conciencia, frena el desarrollo de nuestra nacionalidad, nos deforma, nos desnacionaliza. Es el arma más poderosa del imperialismo. El enemigo más peligroso porque es la quinta columna que ha colocado dentro de nuestra cabeza. Es persuasivo: se viste con la apariencia del sentido común. Es degenerante: estimula nuestro apetito de placeres y tienta a los menos sensuales con el paraíso de una vida hogareña de pacata redondez. Proclama la virtud de la cobardía. A la abyección le llama realismo. Usa siempre las palabras más nobles para encubrir las intenciones más perversas. Está ahora en el apogeo de su degeneración y su poderío. No siempre ha sido igual en forma ni siempre ha sido perverso en sus personalidades y expresiones. Su actual degeneración es el producto de un proceso. Pero ayer y hoy ha surtido el mismo efecto: rendir la bandera, debilitar al país, retardar su progreso, servir a los gobernantes extranjeros, evitar el advenimiento de la independencia. Tras un siglo de existencia no tiene otra cosa que esperar sino su definitivo fracaso: pero ha triunfado en lo único que ha podido servir: en posponer la organización de nuestra República, en prolongar el dolor de nuestro coloniaje.

Al revés de la tendencia revolucionaria que ha surgido del fondo de nuestras realidades, de la maraña de nuestros problemas, de los ímpetus de nuestra voluntad, de las luces de nuestro pensamiento, la tendencia reformista viene al país como un derivado de la política de su metrópolis: “hoy yanki, ayer española”.

He aquí el rasgo fundamental de extranjería de la tendencia reformista: en todos los tiempos nuestro claudicante reformista acepta y predica las consignas del imperio. Ese rasgo revela su causa al observarse que la tendencia no se ha formado en nosotros mismos. No ha brotado de nuestras necesidades para las cuales no es cura el reformismo, sino de las necesidades del imperio sojuzgador.

Anotemos ya, para ponernos un punto de partida, la primera manifestación notable de la tendencia reformista. En aquel entonces se llamó asimilismo. Su líder lo fue el Dr. Pedro Gerónimo Goyco. El partido político que organiza se denomina Partido Liberal Reformista. El Punto Primero del Programa declara: “Aceptan ser conveniente que se trate y se resuelvan con criterio liberal, a la luz de los principios proclamados por la revolución de septiembre, sobre todas las reformas de administración pública, eco- nómico-administrativa y social de esta isla; (La Citada “revolución de septiembre” se refiere a la ocurrida en España, no a la de Puerto Rico). El Punto 2do. añade: “Aceptan el principio de asimilación con la Madre Patria; pero asimilación completa, haciendo extensivo a esta Isla en todos sus artículos el Título I de la Constitución de la Monarquía… etc… etc…”

Los reformistas se acomodan en la política española, aceptan las consignas del Gobierno español para mendigar reformas. Renuncian a la nacionalidad para reclamar “la asimilación en política con la Madre Patria; pero asimilación completa…” El impulso organizador, los principios del Programa, no son de origen puertorriqueño: todos se han originado en la Península.

Los incondicionales españoles se oponen. ¿Quién los acalla? ¿La fuerza de los reformistas acaso? No. Los acalla el propio Gobierno Español operando todavía atemorizado por la Revolución de Lares ocurrida dos años antes. El Proyecto de Reformas municipales, presentado aquel año, (1870) por el Ministro de Ultra- mar, Don Segundo Moret, hizo ver claramente a los incondicionales que una oposición sistemática a tales reformas los llevaría al fracaso y la anulación; los llevó a comprender que los mejores intereses del Imperio eran servidos por el reformismo; que la transacción reformista era la mejor manera de apartar al pueblo puertorriqueño del camino de la libertad, la independencia y la justicia.

Y, efectivamente, a través de toda su historia, el reformismo procede así: de las consignas del Imperio. Y así actúa para bien del Imperio y para apartar a Puerto Rico del camino de su libertad, de su independencia y de su justicia. Así, desde el Partido Liberal Reformista de 1870 hasta el Partido Popular Democrático del presente. Y desde Pedro Gerónimo Goyco a Luis Muñoz Marín.

Y he aquí también desde el principio revelado el fondo dramático, la trágica contradicción de que, mientras el Imperio cede reformas bajo la amenaza de los revolucionarios puertorriqueños, la cesión de reformas aparece en la superficie como una victoria del reformismo, allegando a esta enfermiza y nefasta tendencia prestigio en las masas, y comenzando, desde entonces, a producirse ese espejismo de sus ideales que ha hecho correr a nuestro pueblo, engañado y traicionado, largo camino de innecesario coloniaje, de dolor humano, de despotismo extranjero y frustración nacional.

 

“Sin teoría revolucionaria, no hay practica revolucionaria”

Todos los debates y las discuciones nos permiten pasar por un proceso ideologico dialectico que culmina en nosotros y nosotras teniendo la teoria revolucionaria para implementar la practica revolucionaria. Tambien es importante recordar la advertencia de Marx: “Charlar y hacer son cosas diferentes, más bien antagónicas.” Es imperdonable que pequemos de mantenernos en la teoria, y nunca pasemos a la practica o la accion. Pero tambien es importante recordar a Lenin cuando dijo: “Sin teoría revolucionaria, no hay practica revolucionaria.”

Por eso empuño la consigna de la Federacion Universitaria Pro Independencia: “A Estudiar y a Luchar”