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Independencia y Socialismo – Cesar Andreu Iglesias (PDF)

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“Cuando en 1951 publicó su primer libro (una selección de sus ensayos políticos), César lo tituló Independencia y Socialismo.  El título era acertado, pues expresaba en forma clara y sintética el tema central que unía los materiales diversos recogidos en el volumen. Más que eso: este sencillo título formulaba en forma compacta -de consigna- el programa político fundamental de toda su vida: la necesidad de unir la lucha por la independencia de Puerto Rico con la lucha por la emancipación social (por la transformación radical del sistema social imperante).” -Georg H. Fromm

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Estructuras de Clase y Cambio Social: Un dialogo sobre los ricos y la independencia

Por Ricardo R. Fuentes-Ramírez*/Especial para CLARIDAD

 

El compañero Hiram Lozada Pérez recientemente publicó una nota en [Claridad] titulada “Los ricos y la independencia,” que pone sobre la mesa el importantísimoasunto de las clases sociales y las tácticas de lucha dentro de la colonia. Lozada hace un llamado a “renunciar a lasconsignas de lucha de clases,” recalca que debemos tomar “cada cosa en su tiempo,” y así “utilizar, con visióntáctica, todo el imaginario liberal del consenso social.” Incluso, fue el propio Marx quien primero enfatizó laimportancia de aspirar a “cada cosa en su tiempo.” Para Marx, por ejemplo, la tarea de los irlandeses era unarevolución nacionalista, para adquirir su independencia de los ingleses, y lograr pleno desarrollo capitalista. Sololuego de esto se podía hablar de condiciones para luchar por el socialismo, en un futuro. Stalin continuópromoviendo esta visión de “cada cosa en su tiempo,” argumentando que la tarea de los comunistas en los paísesdominados por el imperialismo era aliarse, e incluso en ocasiones subordinarse, a las luchas anti-imperialistas bajoel liderato de los ricos.

 

La estrategia estalinista se promovió tanto en naciones que aun eran colonias, como en países en vías de desarrollo que ya habían adquirido su independencia, y por tanto eran neocolonias. Es en las neocolonias del mundo donde en la práctica se toparon con que en la fase actual del sistema mundial, la lucha anti-imperialista es ferozmente obstaculizada por los ricos de los países dominados. Como el propio Lozada reconoce, los ricos logran beneficiarse del arreglo colonial. Les resulta más táctico aliarse con el imperio, quearriesgarse con la posible volatilidad de un proceso emancipador. Precisamente por esto, José Carlos Mariátegui concluyó en 1927 que en Latinoamérica, “no es posible ser efectivamente nacionalista y revolucionario sin sersocialista.”1

 

Algunos argumentarán que la visión de Mariátegui, que luego fue la del Che, solo aplica a naciones que ya han obtenido su independencia. Por esto, vale la pena discutir la visión del teórico y revolucionario Amílcar Cabral, y su experiencia en la lucha por la independencia de Guinea-Bisáu y Cabo Verde. Cabral concluyó que en las colonias, cuando el poder político-administrativo está en manos del invasor, es posible lograr un grado de “consenso social,” como le llama Lozada, para organizar un frente amplio para la descolonización. Sin embargo,tan pronto se obtiene la independencia, y el poder político-administrativo se vuelca sobre manos locales, la luchade clases al interior de la nación se manifiesta, y cualquier tipo de proyecto que intente aglutinar los ricos y lostrabajadores estará destinado al fracaso. Precisamente esto ocurrió en Guinea-Bisáu y Cabo Verde, y suindependencia ha sido, como la de la mayoría de los países en vías de desarrollo, una farsa, reproduciendo losmismos problemas de la colonia en la neocolonia. Puerto Rico produce un caso particular, en donde aun siendocolonia, el poder político-administrativo ya está en manos locales. Por esta razón, la lucha de clases ya semanifiesta a nivel del estado colonial, y no solo resulta sumamente poco táctico enterrar nuestras consignas declase, sino que resulta ilusorio pensar que un proceso de liberación genuina pueda ser llevado a cabo en alianza detú a tú con los ricos. ¿Acaso la ola neoliberal que nos arropa, y el hecho de que sistemáticamente se pone sobre los hombros del pueblo trabajador la carga de la crisis, no basta como evidencia de que la lucha de clases es uno delos ejes de nuestros problemas contemporáneos?

 

No se trata, como intenta caricaturizar Lozada, de obtener laindependencia y la revolución social a la vez con un ejército. En Puerto Rico, hacen falta por ocurrir un sinnúmerode procesos antes de poder construir una economía plenamente socialista. Sin duda alguna, necesitamos primerola liberación nacional, la creación de una economía genuinamente nuestra, y su protección de la competenciadestructiva de los países capitalistas avanzados. Similarmente, hace falta integrar a nuestra economía la granporción de nuestra población que ha sido marginada de la misma, y asegurarle a todos los puertorriqueños ypuertorriqueñas una educación pública, accesible, y de calidad a todos los niveles. Estas tareas no sonnecesariamente socialistas, y no se trata de saltar etapas. Sin embargo, debemos reconocer, como reconocieronanteriormente Mariátegui y el Che, que estas tareas no serán completadas a profundidad bajo una alianza con obajo el liderato de los ricos. Junto a estos, siempre se lograrán victorias limitadas, tímidas, transitorias, o fáciles derevertir.

 

No se está planteando que no podemos hacer algunas alianzas con algunos ricos. Se está planteando que debemos reconocer que las relaciones sociales actuales provocan en nuestra lumpenburguesía local un carácter conservador y reaccionario. De éstos participar en un proceso de liberación nacional, debería ser subordinados al liderato del pueblo trabajador, en lugar de como socios iguales o bajo su liderato. Sería tragicómico que PuertoRico no sea capaz de internalizar las lecciones de los países que ya han logrado su independencia. Principalmente, debemos internalizar que las independencias obtenidas bajo el liderato de los ricos, no solo reproducen todos los problemas de la colonia en la neocolonia, sino que los empodera aun más, provocando un profundo retraso del cambio social. Si no queremos que nuestra independencia sea una farsa, no debemos enterrar el análisis ni las consignas de clases. Por el contrario, el análisis de clases nos permite asegurarnos que nuestra independencia sea genuina, y no meramente una transición del colonialismo al neocolonialismo. Sin duda alguna, como ya se ha dicho, obtener la independencia y una plena economía socialista madura simultáneamente es una propuestaabsurda. Antes de remplazar nuestra economía en su totalidad por una economía socialista, necesitamos unprofundo y largo proceso de reconstrucción, o mejor dicho construcción nacional. Sin embargo, solo el pueblotrabajador puede dirigir este proceso si deseamos que sea exitoso.

 

Nota

 

1. José Carlos Mariátegui- Prólogo a Tempestad en los Andes (1927)

 

* El autor es estudiante doctoral de economía en UMASS-Amherst.

© Claridad 2004-2009 | http://www.claridadpuertorico.com | Generado: may 06, 2014

 

 

Tacticas y estrategias para la transicion al socialismo del Siglo 21

El artículo Marxist Perspectives on 21st-Century Transition to Socialism (Forthcoming) resume y analiza críticamente las tres posturas principales discutidas en la izquierda como estrategias hacia el socialismo: 1) la visión socialista revolucionaria de tomar el Estado y transformar de manera abrupta y de raiz la sociedad, 2) la visión socialdemócrata de lograr un acuerdo con el Capital, aspirando a eventualmente, y paulatinamente, transformarlo, y 3) la visión anarquista (o marxista autonomista) de ignorar el Estado, y crear espacios alternativos (como cooperativas, huertos comunitarios, etc.) que poco a poco remplacen el Capital.

El artículo concluye que ninguna visión en sí sola será exitosa, y nuestra tarea es buscar como combinar estas visiones dependiendo de distintas circumstancias. Según el mismo, uno de los errores más graves que podría cometer la izquierda es pensar que la visión anarquista (o marxista autonomista) de ignorar el Estado, y crear espacios alternativos que poco a poco remplacen el Capital en sí sola podría funcionar. Se tiene que tener en agenda la toma del poder estatal. Sin embargo, igual de grave sería asumir que el Capital se puede humanizar y regular indefinidamente, como plantean muchos dentro de la visión socialdemócrata. La toma del Estado debe ser con el propósito de crear condiciones para romper con el Capital, no para regularlo.

 

A continuación un video con un debate interesante entre Enrique Dussel y John Holloway, quien es uno de los ideólogos principales de la visión anarquista/marxista autonomista.

 

Reseña del Inferno de Dan Brown: Un Discurso neo-maltusiano reaccionario en la ficción popular

Por Ricardo R. Fuentes Ramirez

Usted no podrá soltar Inferno hasta que la termine. Al igual que todas las aventuras de Robert Langdon, hay varios temas y elementos recurrentes. Sin embargo, esto no hace que el libro sea repetitivo o poco original respecto a Ángeles y Demonios, El Código Da Vinci, o El Símbolo Perdido. Por el contrario, hay suficientes elementos nuevos que hacen que el libro sea maravilloso en su propio derecho. Los elementos recurrentes de sus libros anteriores, sólo le dan el toque y la naturaleza adictiva de todas las aventuras de Langdon. El único elemento que encontré problemático fue un giro particular al final del libro. Dos de nuestros personajes (Langdon y Elizabeth Sinskey) desarrollan un fuerte desprecio hacia un personaje particular (Bertrand Zobrist), pero el sentimiento luego es transformado de forma poco realista en entendimiento y hasta un poco de admiración al final del libro. El cambio fue tan repentino que parece hasta fuera de lugar en la novela. Aparte de eso, el libro es todo lo que hemos aprendido a amar de las obras de Brown. Sus libros anteriores sin duda tenían implicaciones sobre debates actuales (el mejor ejemplo es la compleja y siempre cambiante relación entre ciencia y religión), pero siempre se han centrado en determinados elementos históricos que captaron el interés del lector, como los Illuminati o la historia del Santo Grial/María Magdalena. En este caso, el elemento histórico no es una organización secreta o una teoría de la conspiración bíblica, sino el poema épico de Dante Alighieri, La Divina Comedia, en especial el cántico sobre el Infierno. Personalmente, me pareció que los datos históricos divertidos que Dan Brown usa entre su cuento fueron menos emocionantes en comparación con los libros anteriores. Pero para ser justos, los lectores más interesados ​​en la literatura mundial, en lugar de organizaciones secretas o teorías de conspiración, pueden disfrutar de Inferno más que los libros anteriores sobre Robert Langdon. En cuanto a las implicaciones en los debates actuales, el problema es la sobrepoblación y la sustentabilidad. Aquí es donde Dan Brown realmente estropea, y se convierte en un defensor de una comprensión neo-maltusiana, burguesa, y reaccionaria de toda una serie de cuestiones económicas y medioambientales. Yo personalmente no creo que esa era su intención, pero definitivamente sí lo hizo, por lo que vale la pena criticar esta visión.

La ventaja es que está empujando a los lectores a reflexionar y reaccionar ante el hecho de que la humanidad se enfrenta actualmente a un problema que amenaza la supervivencia. Es un problema que tiene dos elementos, fundamentalmente vinculados, el de la sostenibilidad ambiental y el del desarrollo económico. La humanidad está consumiendo la Tierra hasta su destrucción, a la vez que los bienes y los recursos parecen insuficientes para satisfacer todas nuestras necesidades. El problema con la retórica de Dan Brown es que promueve la idea de que la variable fundamental es el crecimiento poblacional. El hambre, las enfermedades, la contaminación, el derretimiento de las capas de hielos, todos están explicados con la sobrepoblación. De acuerdo con esta visión, Malthus tenía razón, la población creció exponencialmente, mientras que nuestros medios de subsistencia se quedaron atrás. La visión pasa por alto el hecho de que la ciencia y la tecnología también se han desarrollado de manera exponencial en los últimos siglos. La población mundial creció en los últimos 200 años más de lo que creció en los 200.000 años anteriores. Sin embargo, la ciencia y la tecnología también se han desarrollado mucho más en los últimos 200 años que en los 200.000 años anteriores. Esto no es una idea novedosa que debió habérsele a Brown en sus lecturas preparatorias. Desde tan temprano como a unos 10 años después de la muerte de Malthus recorría esta idea. En 1844, Engels escribió en su Bosquejo de una Crítica de la Economía Política (traducción por idialectica):

Sin embargo, con el fin de privar al temor universal de la superpoblación de todo fundamento posible, deje que nosotros volvamos una vez más a la relación de la fuerza productiva a la población. Malthus establece una fórmula en la que se basa todo su sistema: la población se dice aumentar en progresión geométrica – 1+2 +4+8+16+32, etc, y el poder productivo de la tierra en una progresión aritmética – 1+2+3+4+5+6. La diferencia es obvia, es terrible, pero ¿es correcto? ¿Dónde se ha demostrado que la productividad de la tierra aumenta en una progresión aritmética? La extensión de la tierra es limitada. ¡Muy bien! La fuerza de trabajo a emplear en esta tierra de la superficie aumenta con la población. Incluso si asumimos que el aumento en el rendimiento debido al aumento de trabajo no siempre elevan en proporción al trabajo, aún existe un tercer elemento que, sin duda, no significa nada para el economista – ciencia – cuyo progreso es tan ilimitado y mínimamente tan rápido como el la de la población. Cuánto progreso no debe la agricultura de este siglo a la química nada más – de hecho, a dos hombres solos, Sir Humphry Davy y Justus Liebig! Pero la ciencia aumenta por lo menos tanto como la población. La población aumenta en proporción con el tamaño de la generación anterior, la ciencia avanza en proporción al conocimiento legado a ella por la generación anterior, y por lo tanto en las condiciones más comunes también en una progresión geométrica. ¿Y qué es imposible para la ciencia?

La sobrepoblación no es la raíz detrás de hambre, enfermedades, contaminación o derretimiento de las capas de hielo. El problema está dentro de nuestro sistema económico, nuestro modo de producción. ¿Cómo podemos decir que los bienes y los recursos son escasos, cuando tenemos, al mismo tiempo, personas que padecen hambre y excedentes de alimentos siendo destruidos, casas vacías sin inquilinos y personas sin hogar, y productos farmacéuticos en los almacenes mientras que sobran los enfermos? En la evaluación de las causas de la contaminación y el calentamiento global, ¿cómo podemos reducirlo al crecimiento de la población, sin mencionar las millones de toneladas de residuos y contaminantes que provienen de los métodos industriales de producción insostenibles? Las raíces de nuestros problemas se encuentran dentro de la distribución desigual de los recursos y el carácter no-planificado de nuestra economía. Con una distribución más racional de los bienes y recursos, junto con la sustitución de las fuerzas del mercado y el ánimo de lucro por la planificación social, podríamos escapar un apocalipsis Dantesco. Sin embargo, como Dan Brown presenta el problema, no sólo ignora las raíces reales del problema, sino que es casi un argumento racista. Decir que estamos superpoblados es decir que alguien que no debería estar aquí. ¿Quién? Bueno, la población no está en aumento en el Primer Mundo. Cada país con una tasa de crecimiento poblacional por encima de 1% es un país del Tercer Mundo. En otras palabras, los problemas del mundo son el resultado de los pobres sin educación que simplemente no pueden dejar de tener hijos (según este discurso neo-maltusiano). Dan Brown hace bien al enfocarnos en este tema. Si no hacemos algo, la humanidad, más temprano que tarde, en realidad podría enfrentar una crisis que amenace nuestra supervivencia. De hecho, la evidencia apunta al hecho de que ya estamos en esta crisis. Pero Dan Brown falla al no señalar al lector hacia soluciones reales. No deberíamos centrarnos en el crecimiento poblacional. Deberíamos centrarnos en el sistema en su totalidad, en cómo, qué y para quién se producen los bienes y servicios. En otras palabras, ¡el capitalismo es el problema! La solución: el socialismo (o si esto es una mala palabra, la democracia económica, la economía participativa, o cualquier otro eufemismo). En el espíritu de la obra de Dante, los seres más peligrosos de la Tierra son los miembros de la clase capitalista, ya que su existencia en realidad amenaza la supervivencia de nuestra especie. Por lo tanto, los rincones más profundos del infierno se guardan para ellos. Nuestro trabajo es hacer su infierno en la Tierra, al hacer nuestro paraíso en la Tierra.

Puerto Rico: La participación laboral más baja del mundo

Por Ricardo R. Fuentes Ramírez*/Especial para CLARIDAD

Publicado en Claridad, El Periódico de la Nación Puertorriqueña

http://www.claridadpuertorico.com

Según las estadísticas del Departamento del Trabajo, durante el mes de septiembre la tasa de participación de Puerto Rico cayó a 39.2%. No sólo es la más baja en nuestra historia, sino que es posiblemente la más baja del mundo. Según las estadísticas más recientes del Banco Mundial, en el 2010 los países con la tasa de participación más baja fueron Gaza, Moldavia, Jordania e Irak, con una tasa de 41%. Por otro lado, nuestros vecinos latinoamericanos tienen una tasa de participación promedio de 66.2% y Estados Unidos una tasa de 63.7%. ¿Cómo explicamos la tasa de participación tan baja presente en Puerto Rico? Este fenómeno sin duda alguna ha abierto las puertas a un sinnúmero de explicaciones no sólo erróneas, sino además elitistas y clasistas.

La explicación más elitista, simplemente argumenta que el puertorriqueño se caracteriza por ser un vago,

propenso por tanto a “vivir del mantengo.” Otra explicación, un poco menos elitista, argumenta que se trata

sencillamente de un asunto de incentivos. Estos argumentan que muchos trabajadores y trabajadoras en cierto

nivel de pobreza se encuentran en una situación en donde realmente salen mejor dejando de trabajar y recibiendo

programas de asistencia. Los partidarios de esta idea suelen comoquiera criminalizar las personas que reciben

programas de asistencia, estimulando el mito generalizado de que se trata de personas que llenan sus carros de

compra de artículos innecesarios e incluso viven mejor que segmentos de la clase trabajadora. Lo más lamentable

es que esta criminalización elitista es sumamente común en gran parte de los sectores progresistas del país. Tan

reciente como esta campaña electoral, podemos encontrar mensajes de candidatos y candidatas cayendo en este

discurso.

No cabe duda de que el asunto de los incentivos influye, pero se queda sumamente corto para comprender a

profundidad los procesos subyacentes en este fenómeno. Por otro lado, podemos encontrar información valiosa

para entender este particular si nos enfocamos en las dinámicas de clase que se dan al interior de nuestra

economía, y entre ésta y el capitalismo global. Específicamente, podemos comprender nuestra participación laboral

si la contextualizamos con nuestro proceso de desarrollo capitalista dependiente, o como lo llamó el sociólogo y

economista alemán Andre Gunder Frank: el lumpendesarrollo.

El análisis no es nuevo. A principios del siglo pasado, Trotsky y Lenin ya hablaban de la “ley de desarrollo desigual y

combinado” y de imperialismo, para explicar cómo las potencias capitalistas bloquean en gran medida el desarrollo

de las naciones del Tercer Mundo, hoy eufemísticamente llamadas “en vías de desarrollo.” El poder económico de

los países capitalistas avanzados les permite explotar y empobrecer a las naciones del Tercer Mundo. No sólo se

trata de que nuestros pueblos están económicamente atrasados, sino que nuestro subdesarrollo es el resultado del

enriquecimiento de los países desarrollados. No obstante, ocurren transferencias de capital y tecnología de esos

países a los nuestros, por tanto vemos desarrollo. Pero es un desarrollo dependiente, siempre a favor de los

intereses del capital extranjero; es decir, lumpendesarrollo.

¿Cómo esto nos ayuda a entender nuestra participación laboral? El imponer desde afuera procesos de producción

capitalistas en países que no habían pasado por procesos de desarrollo industrial propios, creó una incongruencia

en las fuerzas productivas de éstos. El capital de los países avanzados sólo necesita una cantidad limitada de

obreros y obreras, dejando fuera del proceso de producción a una cantidad abrumadora de personas o

integrándolas sólo levemente en el mismo. Esto creó un fenómeno que algunos teóricos han llamado

semi-proletarización, refiriéndose a que muchas de las personas en el Tercer Mundo son integradas a procesos de

producción capitalistas sólo en parte, obligándolas a tener que recurrir a actividades de subsistencia como la

siembra de alimentos y la cría de animales. La teórica alemana Rosa Luxemburgo introdujo la idea, hoy elaborada

por el sociólogo estadounidense John Bellamy Foster, de que esto les permite a los capitalistas mantener los

salarios depreciados a nivel global. En términos marxistas, implica que el ejército de reserva industrial del

capitalismo global se encuentra mayormente en el Tercer Mundo.

Puerto Rico no se excluyó de este proceso. Nuestro proceso de industrialización, iniciado con Operación Manos a la

Obra, es un clásico ejemplo del lumpendesarrollo. Las empresas extranjeras nunca generaron suficientes empleos

como para integrar la mayoría de nuestra fuerza laboral, y tampoco crearon eslabonamientos con nuestra economía

local, dejándonos en gran medida subdesarrollados, o lumpendesarrollados. Pero las particularidades de nuestro

local, dejándonos en gran medida subdesarrollados, o lumpendesarrollados. Pero las particularidades de nuestro

caso económico colonial implicaron que en vez de semi-proletarización y actividades de subsistencia como la

siembra de alimentos y la cría de animales, tenemos actividades económicas informales y programas de asistencia

social. No obstante, el lumpendesarrollo capitalista al que fuimos sometidos es la raíz de nuestra baja participación

laboral, no la vagancia de los puertorriqueños o un arreglo de incentivos reformable.

A modo de ejemplo, supongamos que se lleva a cabo una reforma que logre incentivar el trabajo en vez del

“mantengo,” y la participación laboral sube a un 60%. Usando los últimos datos del Departamento del Trabajo,

vemos que esto incrementaría nuestro Grupo Trabajador en cerca de 661,000 personas, para un total de cerca de

1,927,000 personas. Actualmente, 173,000 personas no consiguen trabajo. Por tanto, podemos suponer que la

mayoría de esas nuevas adiciones al Grupo Trabajador tampoco conseguirán. En otras palabras, tendríamos cerca

de 834,000 personas desempleadas, con una tasa de desempleo sobre un 40%. Contrastemos esta cifra con que

durante la Gran Depresión, la tasa de desempleo en Puerto Rico nunca subió sobre un 25%. Es decir, nuestra

estructura económica, no podría sustentar un aumento en nuestra participación laboral.

No cabe duda de que el problema no es ni de vagancia o incentivos; es estructural. Pero, no se trata de cualquier

problema estructural, es un problema estructural causado por el lumpendesarrollo capitalista de nuestro país. Esto

debe servir como recordatorio de que la reestructuración económica que nos urge debe ser guiada hacia la

democratización de nuestra economía, socializando nuestros recursos económicos y utilizándolos de una manera

planificada, democrática y participativa. Ésa debe ser la visión que guíe nuestro trabajo actual, una visión socialista

para el Siglo XXI. Finalmente, debemos desprendernos de todo discurso que reproduzca el elitismo, el clasismo,

nuestra denigración como pueblo, y que además promueva visiones que en nada ayudan a comprender o

transformar nuestra realidad. Es fundamental ser críticos de esta retórica, que criminaliza y ataca nuestras

comunidades pobres y marginadas, cuando deberíamos estar integrándonos a sus luchas e integrándolas a las

nuestras.

* El autor es estudiante en el programa doctoral de economía en UMASS.

© Claridad 2004-2009 | http://www.claridadpuertorico.com | Generado: nov 27, 2012

“La encrucijada electoral: Dos tácticas del socialismo en Puerto Rico” por Rafael Bernabe

MASenlucha
Me encuentro entre los que apoyamos la inscripción del Partido del Pueblo Trabajador. A algunas personas esto les parece extraño y hasta escandaloso. Soy socialista e independentista. Sin embargo, el PPT no es socialista y no es independentista. ¿Será que le he dado la espalda a mis ideales? ¿Cómo se explica que un socialista e independentista esté apoyando un partido que no es ni una cosa ni la otra, un partido en el que, para colmo, pueden participar estadistas, estadolibristas y defensores de otras posiciones de status? Quisiera explicar mis razones brevemente, tanto a los que comparten mis concepciones socialistas e independentistas, como a los trabajadores y trabajadoras que no las comparten, y con los cuales aspiro a desarrollar un diálogo y un trabajo compartido para empezar a cambiar la terrible situación que vive Puerto Rico. Y ese es un buen punto de partida: la situación que vive el país.

No hay duda de que la crisis económica y fiscal, las políticas de ambos partidos dominantes que hacen pagar al pueblo por dicha crisis, la corrupción cada vez más desenfrenada de los altos funcionarios de gobierno, el desastre ambiental que se agudiza, la violencia que arropa nuestras vidas, entre otros procesos, facilitan que muchas personas empiecen a cuestionarse el rumbo que lleva el país bajo los actuales gobernantes, así como la naturaleza y los límites de las políticas económicas existentes, que sólo favorecen a las grandes empresas, procesos que también abren los oídos de muchos a la necesidad de cambios políticos y sociales profundos. La gravedad de la situación del país preocupa a la gran mayoría de los trabajadores y trabajadoras, sean estadistas, estadolibristas o independentistas.

Ante ese panorama desolador, dejaría de ser socialista si renunciara explicar a mis compañeros trabajadores mi concepción sobre estos problemas. Y esa concepción está clara y puede resumirse brevemente. Me parece que los problemas que nos aquejan tienen una raíz común: el funcionamiento de un capitalismo en profunda crisis, que genera en todo el mundo iguales consecuencias, como el desempleo masivo, los recortes de servicios, los ataques a los salarios y conquistas de los trabajadores, el aumento de la pobreza y la aceleración de la destrucción ambiental. Pienso que en definitiva no podemos solucionar ni enfrentar estos problemas sin crear un tipo de economía distinta, basada en la propiedad pública de los recursos económicos más importantes y en su administración democrática con el objetivo de satisfacer las necesidades de todos y todas, a la vez que usamos responsablemente los recursos naturales y minimizamos la destrucción ambiental. Esa mezcla de propiedad pública y democracia es lo que yo llamo socialismo.

La experiencia de muchos pueblos también me dice que para crear ese tipo de democracia no bastará con ganar elecciones: hará falta vencer la resistencia de los privilegiados que sin duda intentarán detener estos cambios, aún cuando esos cambios cuenten con el apoyo de la mayoría. También hará falta crear un tipo de estado mucho más democrático y participativo que los estados existentes. A defendernos de la agresión de los privilegiados y a crear un nuevo tipo de estado, más democrático, es a lo que me refiero cuando hablo de revolución, cuya forma específica y concreta depende de las condiciones específicas y concretas de cada país. En fin, como socialista considero que los problemas de Puerto Rico tienen su raíz en el capitalismo y que tan sólo encontrarán su solución a través de una revolución anti-capitalista. Por eso soy miembro del Movimiento al Socialismo y por eso el MAS hace todo lo posible por difundir y promover esa perspectiva socialista. Por eso intentamos atraer a todos los que podamos a las ideas del socialismo e intentamos atraer a todos los que podamos a las filas del MAS. No escondemos nuestras ideas anti-capitalistas. Todo el mundo las conoce. Cualquier persona que lea nuestro periódico, Rumbo Alterno, podrá comprobar lo que digo.

Pero a la vez que hago todo esto, también intento mirar un poco más allá de los grupos socialistas. Reconozco que la gran mayoría de los trabajadores no comparten mis ideas. Reconozco que en este momento no van a ingresar al MAS, ni a ninguna de las otras organizaciones socialistas. Pero constato que yo y muchísimos de ellos estamos de acuerdo en algunas cosas importantes. Muchos trabajadores estadistas y populares, fieles a sus ideas, están cada vez más descontentos, avergonzados y rabiosos con los líderes de los partidos de siempre. Estos amigos y amigas rechazan la ley 7, el IVU, el gasoducto, los aumentos de matrícula en la UPR, el deterioro de las condiciones de trabajo, de los servicios de salud y las escuelas, etc. A estos hermanos y hermanas les planteo, en primer lugar, que por encima de nuestras diferencias de opinión sobre el tema del status, si queremos defendernos, tenemos que organizarnos sindicalmente, tenemos que organizar nuestras comunidades, tenemos que organizarnos como estudiantes, como ambientalistas, como mujeres… Y les planteo, en segundo lugar, que no podemos detener las políticas que nos agobian sin unirnos también en el terreno electoral. Con ustedes, que no son socialistas, con ustedes trabajadores estadistas o estadolibristas, respetando nuestras diferencias, yo, que soy socialista, estoy dispuesto a construir un partido amplio para luchar juntos contra la ley 7, contra el IVU, contra el gasoducto, por servicios de salud adecuados, etc. Por eso me uno a la propuesta de inscribir el PPT. En el PPT nadie tiene que abandonar sus ideas estadistas o autonomistas o independentistas: tan sólo basta entender que los partidos tradicionales ya no nos sirven y que podemos y necesitamos crear algo distinto, que necesitamos trabajar juntos ahora tras esas exigencias que nos unen. Los líderes del PNP y los líderes del PPD, a nombre de la estadidad y el ELA piden nuestro apoyo para luego golpearnos cada vez más duro. Los trabajadores y trabajadoras tenemos que salir a colaborar como trabajadores y trabajadoras, a pesar de las diferencias sobre el status que habrá que seguir discutiendo, para impulsar un programa compartido en defensa de los niveles de vida, de una política de empleo, etc. que todos y todas, trabajadores populares, estadistas e independentistas necesitamos. Queremos impulsar, porque a todos nos conviene: una mayor igualdad económica (exigiendo, por ejemplo, que los salarios se ajusten al aumento de los precios), una mayor igualdad en la carga contributiva (acabando con los privilegios de las grandes empresas), una recuperación de la agricultura y actividades de elaboración dirigidas al mercado interno.

La propuesta del PPT conviene al pueblo trabajador de Puerto Rico y de Estados Unidos. La estructura actual de la economía de Puerto Rico tan sólo beneficia a un puñado de empresas privilegiadas. Para el pueblo de Puerto Rico representa desempleo, miseria, destrucción ambiental y desesperanza. Para el pueblo de Estados Unidos representa la necesidad de subsidiar una economía empobrecida. El PPT pretende articular una propuesta de desarrollo económico que permita superar el desempleo y la miseria en Puerto Rico y liberar al pueblo de Estados Unidos de tener que subsidiar una economía que no funciona. Para eso podemos y debemos unirnos trabajadores estadistas, autonomistas e independentistas y debemos buscar el apoyo de los que también aspiran a la igualdad social en Estados Unidos. Esa es la idea del Partido del Pueblo Trabajador, un frente unido en el terreno electoral de los trabajadores para empezar a cambiar las cosas en nuestro país.

Alguien me dirá: Bernabe, que vergüenza, ¿acaso no te acuerdas que las medidas de desarrollo económico que planteas no son posibles dentro de los límites de la relación colonial o del capitalismo? ¿Cómo es posible que estés generando ilusiones en la gente? A lo cual respondo: creo que el capitalismo y la colonia no pueden satisfacer las necesidades del pueblo. No tengo duda, por tanto, de que una lucha consecuente por mejorar la situación de los trabajadores y trabajadoras planteará el problema colonial y el problema del capitalismo. Esa es mi convicción socialista e independentista. Pero reconozco que el 95% de los trabajadores en Puerto Rico no la comparten y yo no exijo que compartan esa opinión como condición previa para que podamos impulsar juntos un partido propio de los trabajadores y trabajadoras, para trabajar y luchar juntos por el salario, por el empleo, por los servicios, por el ambiente. Creo que la experiencia demostrará lo que ya dije, pero será la experiencia y la reflexión a partir de ésta la que lo demuestre: por ahora iniciemos la experiencia de un trabajo conjunto para crear un partido como ninguno de los partidos que existe en Puerto Rico.

Para algunos, como no se trata de un partido socialista, ni independentista, como se trata de un partido amplio, resulta ser poca cosa, resulta ser una cosa monga, una cosa aguada, incluso uno distracción. Para mí, al contrario, que muchos empiecen a desprenderse de los partidos tradicionales para apoyar un partido identificado con la clase trabajadora y la defensa del ambiente, bajo un programa opuesto a todo lo que los patronos y las grandes empresas nos han impuesto, sería ya un cambio importantísimo en todo el panorama político y social puertorriqueño. Y cómo en el PPT hay gente de diversas posiciones y diversos pareceres, no todos sus integrantes lo explicarán como yo lo explico, ni lo justificarán como yo lo justifico: pero eso es lo importante del PPT, su amplitud, anclada en la defensa del bienestar del pueblo trabajador.

Demás está decir que es absurdo contraponer la inscripción o el voto por el PPT y la construcción de movimientos sociales, sindicales, estudiantiles, etc. o contraponer la participación electoral a otras formas de exigir justicia, como los piquetes, marchas, huelgas, paros, desobediencia civil. Oigo una voz que plantea: Bernabe, en lugar de ir a las elecciones, hay que organizar a la gente en el taller, la comunidad, la escuela… ¡Como si se tratara de una cosa o la otra! ¡Como si no fuese posible y necesario usar las campañas y el trabajo electoral para impulsar, difundir y extender las luchas del taller, la comunidad o la escuela! A mi me parece que conviene a todas las luchas sociales en nuestro país que exista un partido amplio que las apoye, que recoja sus exigencias en su programa, cuyos candidatos sean parte de esas luchas, un partido que lleve sus exigencias a las asambleas municipales, las alcaldías y la legislatura…

Alguien dirá que no queremos tener nada que ver con ese nido de sabandijas en que se ha convertido el Capitolio. Eso está bien como desahogo. Pero miremos la cosa fríamente: ¿A qué nos dedicamos buena parte de nuestro tiempo sindicalistas, activistas comunitarios, ambientalistas, feministas? Precisamente a presionar alcaldes, legisladores y demás funcionarios para que desistan de políticas desastrosas o adopten propuestas que favorecemos. La pregunta no es si vamos a bregar o no con estas instituciones, la pregunta es si nos vamos limitar como siempre a estar presionando desde afuera piqueteando y marchando o si, al contrario, además de piquetear, marchar, etc. algo que, sin duda, tenemos que seguir haciendo, también queremos tener legisladores que nos representen e impulsen nuestras exigencias, por ejemplo.

Construir tal partido amplio plantea muchos desafíos para los que asumimos ese esfuerzo, entre ellos la elaboración de un programa de cambio y reconstrucción económica y social de nuestro país. Aquí los socialistas en particular tenemos mucho trabajo por delante. Hay dos cosas que hacemos todo el tiempo (a veces bien y a veces mal) y una que casi no hacemos: participamos en luchas inmediatas, por lo general para responder a las agresiones contra el pueblo y el ambiente (contra la ley 7, contra la cuota, contra el gasoducto), y eso está bien, y combinamos esto con declaraciones generales de que la solución definitiva es el socialismo, y eso también está bien. Pero sobre cómo iremos de las luchas inmediatas hacia aquel objetivo, tenemos poco o nada que decir: ¿Qué propuestas de transición tenemos, qué programa de gobierno, qué dirección para la transformación del país? No es raro que la gente, más allá de respetar nuestro compromiso y nuestra persistencia en las luchas inmediatas, no se tome nuestra visión socialista muy en serio… es demasiado vaga y abstracta para que se pueda hacer algo con ella. El proyecto del PPT nos pone por delante el reto de elaborar propuestas concretas, planes concretos para ir sacando a Puerto Rico de su crisis, para crear una sociedad más justa. Esto requiere mucho trabajo e incorporar compañeros y compañeras que puedan aportar desde las más diversas experiencias y disciplinas. No se soluciona mezclando en diversas combinaciones las consignas de siempre. Me parece que muchos en la izquierda estamos acostumbrados al trabajo de siempre: luchas inmediatas (trabajo sindical, por ejemplo) y declaraciones socialistas. El proyecto del PPT nos exige salir de ese esquema de décadas en el que seguimos estancados. Eso no es fácil. Es mucho más fácil repetir las rutinas de siempre.

Algunas personas han visto con sospecha que la legislatura PNP haya bajado el número de endosos necesarios para inscribir un partido: el PNP, nos advierten, quiere quitarle votos al PPD para asegurar su victoria. Igualmente, algunas personas en la calle nos dicen, con preocupación genuina, si se inscribe el PPT y si votamos por el PPT, quizás gana Fortuño de nuevo. En cuanto a lo primero, no dudo que las intenciones de la mayoría legislativa PNP sean las ya descritas. Pero la pregunta fundamental no es esa, sino, más bien, si la reducción del número de endosos, si una mayor facilidad para inscribir partidos es algo positivo o algo lamentable, si es más, o menos, democrático, si nos abre algunas posibilidades o las cierra. A mi me parece que abre posibilidades de iniciativas en el campo electoral y por eso debemos usar esas oportunidades para impulsar nuestra agenda contraria a la del liderato PNP. En cuanto a lo segundo, al peligro de reelección de Fortuño, insistimos que tanto el liderato del PNP como del PPD son enemigos del pueblo trabajador. Gane quien gane, si gana uno de estos dos partidos tendremos que seguir resistiendo sus políticas, denunciando su corrupción, exigiendo el fin de sus abusos. La pregunta, entonces, es: además de todas las demás iniciativas necesarias, ¿qué podemos hacer en las elecciones para sacar a esos partidos del gobierno?, y si no podemos sacarlos, ¿qué podemos hacer para poder resistir sus abusos con más fuerza y efectividad? En el terreno electoral inscribir y votar por el PPT contribuye a las dos metas: a sacar a esos partidos del gobierno y, si no los sacamos, a colocarnos en mejor posición para detener y resistir sus políticas. En el segundo caso, conviene a la resistencia que tendremos que seguir construyendo que un partido que apoya esa resistencia, logre difundir y popularizar un programa favorable al pueblo trabajador, que reciba la mayor cantidad de votos posible, elija la mayor cantidad de funcionarios posible.

Hugo Delgado, miembro del MST, al criticar la posición del MAS en apoyo a la inscripción del PPT propone que los socialistas adoptemos, al contrario, una perspectiva de abstención y lucha de masas. Nadie está, por supuesto, contra la lucha de masas: que las masas se muevan es nuestro objetivo también. Pero esto no se logra enganchándole el slogan “lucha de masas” a la abstención. La pregunta es si la abstención tiene impacto, no en nosotros, que podemos sentirnos muy felices con nuestras profesiones de fe socialista, sino en “las masas”. La pregunta es si eso ayuda a movilizarlas y organizarlas. Yo he participado en campañas de boicot. He observado muchas más. Mi experiencia es que tienen un impacto marginal, que convocan a muy poca gente más allá de los ya convencidos. Se prestan, eso sí, para el auto-engaño: a diferencia de los votos, nadie contabiliza quién se abstuvo por apoyo a nuestras campañas de boicot. Y así es muy fácil sentirnos felices porque no hemos caído en el “reformismo”, por que somos revolucionarios y hacernos, de paso, las más grandes ilusiones sobre el impacto que tenemos, la “elevación de la conciencia”, la simpatía que hemos generado… etc. Y sin embargo, no hemos salido del cascarón de siempre. Ejemplo de esto es pensar que la abstención de muchas personas corresponde a un grado creciente de politización o incluso de radicalización. Si la abstención de mucha gente se tradujera en una creciente organización política del pueblo fuera de las urnas eso sería otra cosa: pero no es el caso. No veo nada en el panorama para pensar que “organizar la rabia” va tener un pacto mayor que el que en su momento tuvo “organízate y lucha”. Y al igual que no creo que la abstención de muchos refleje necesariamente una mayor conciencia política, tampoco creo que la participación electoral de la mayoría refleje un conservadurismo o una mentalidad colonial, como suelen decir muchos independentistas: esas personas, esos trabajadores y trabajadoras, piensan que las elecciones son importantes y tienen razón; piensan que el resultado de las elecciones es importante y tienen razón; piensan que quien participa o no participa, y quien gana o pierde en las elecciones es importante y tienen razón. No me interesa convencerlos de lo contrario. Estoy de acuerdo con ellos. Lo que planteo como socialista es que hacen falta otras cosas además de la lucha electoral y que incluso en el terreno electoral necesitamos algo nuevo y que estoy dispuesto a construirlo junto a trabajadores y trabajadoras que no están de acuerdo conmigo en todo.

A la perspectiva que aquí esbozamos Hugo Delgado contrapone la idea de construir un “partido socialista de cuadros de combate”. Sin entrar en debates sobre cómo concebir tal partido de “combate”, insisto que, como socialista estoy de acuerdo con la construcción de organizaciones socialistas (partidos, para todo los efectos, aunque no lleven ese nombre) a nivel nacional, desde la perspectiva que expliqué al principio de este ensayo. La pregunta no es esa. La pregunta es si los que estamos comprometidos con esa perspectiva también debemos apoyar el surgimiento de un vehículo de convergencia y acción política en el que pueden coincidir todos los que ya están cansados de la política tradicional pero que no necesariamente comparten con nosotros la perspectiva socialista, o de un “partido socialista de cuadros de combate”. Quieren protestar, impulsar cambios, pero no bajo nuestras banderas: ¿debemos buscar un puente para iniciar junto a ellos un trabajo político inédito en Puerto Rico? Esa es la pregunta.

Delgado también nos plantea la importancia de ciertos sectores que pueden articular una resistencia más vigorosa a los ataques del gobierno en el futuro cercano. Dejando de lado por el momento el tema de si los sectores que él señala (el magisterio y los estudiantes) están en tal condición en este momento, puedo decir que estoy de acuerdo: ciertamente hay que priorizar en aquellas luchas que en determinado momento tienen mayores posibilidades, o los sectores que en otros debates Delgado ha descrito como “estratégicos”. No hay duda de que debemos trabajar en la construcción de esas luchas más avanzadas, más militantes, más organizadas, “más estratégicas”. Pero esa no es la pregunta: la pregunta es si, además de impulsar esas luchas y organizaciones, también queremos crear un gran frente unido de todas las luchas, todas las organizaciones, a pesar del distinto calibre y orientación de sus lideratos. Un frente unido cuyo único criterio de afiliación sea la oposición a la ley 7, oposición a las APP, oposición a la reforma laboral, oposición al gasoducto…, defensa de los empleos, del servicio público, de los derechos de los trabajadores, del ambiente.

Yo pienso que tenemos que impulsar las luchas y organizaciones más militantes, pero pienso que también hace falta ese frente unido de todas las luchas y organizaciones populares. Pienso que si queremos empezar a detener la ofensiva del gobierno, los socialistas tenemos el deber de construir nuestras organizaciones, pero también tenemos que explorar la posibilidad de proyectos amplios junto a los que, sin ser socialistas, también quieren luchar por un Puerto Rico más justo y solidario. Para ambas cosas, para impulsar una lucha unida de todas las uniones, todas las organizaciones comunales, ambientales y estudiantiles y para reagrupar a los miles de trabajadores de todos los colores políticos es conveniente el proyecto de inscribir un partido amplio del pueblo trabajador.

Aquí ha existido y existe una diferencia entre el MAS y el MST, algo que Hugo Delgado y yo hemos tenido ocasión debatir en el pasado, tanto en lo relacionado a las luchas del magisterio, como en lo referente a los intentos de crear diversos frentes y de impulsar una huelga general contra la ley 7 y la política de Luis Fortuño. [Los interesados pueden ver mi artículo “Las tareas del presente y las lecciones del pasado” (febrero 2010) http://pr.indymedia.org/news/2010/02/41744.php]

La práctica del MST parte, para ser justo, de dos ideas correctas: primero, que para detener la ofensiva del gobierno hace falta una lucha persistente y militante; segundo, que los líderes de muchas organizaciones (sindicales, por ejemplo) han demostrado poca capacidad y disposición para impulsar esa resistencia. De aquí sacan una serie de conclusiones: no queremos un frente unido con sindicatos “empresariales”, burocráticos, ni chupacuotas, como las uniones afiliadas a la AFL-CIO y Change to Win o la CPT. Pero tampoco podemos contar con otros sindicatos, como la UTIER, que hacen declaraciones radicales, pero en la práctica se quedan cortas y dejan en la estocada a sus aliados. Se trata, entonces, de agruparnos a partir de las organizaciones verdaderamente militantes, como la Federación de Maestros. Pero no se trata tampoco de los 30 mil o 40 maestros que alguna vez fueron miembros de la FMPR, sino de su núcleo militante. Con esa vanguardia enfrentada al patrono y el gobierno, el pueblo se sentiría convocado y se movilizaría… Como planteaban antes de la huelga magisterial: una vez comenzada la huelga, la Federación se convertiría en un gran movimiento social. Por igual lógica, a pesar de las exhortaciones de muchos, no se hizo nada hasta el último minuto para organizar un frente amplio de apoyo a la huelga magisterial. ¿Resultado? Colapso de la huelga en diez días. Delgado habla del potencial de lucha del magisterio. No pongo en duda tal potencial. Pero no dudo que el magisterio atraviesa en este momento por una situación de desmovilización e incluso de sentimiento de impotencia y desmoralización ante los desmanes del patrono. Nunca ha caído tan bajo el prestigio o capacidad de movilización de la FMPR. Se podrá hablar todo lo que se quiera del “fortalecimiento de conciencia” y fórmulas similares, pero la realidad es que la FMPR jamás pudo retomar la huelga “recesada” y hoy se encuentra sin convenio y con una fracción ínfima de su matrícula anterior. Delgado critica con gran facilidad a los sindicatos empresariales, al independentismo pequeño burgués, etc., pero olvida mencionar esta historia, la historia de la casi desintegración del sindicato más grande de Puerto Rico, aspecto tan importante para entender el momento político actual. (Sería bueno estudiar esta experiencia tomando en cuenta los señalamientos de Delgado sobre la tendencia de la izquierda a lanzarse a proyectos sin preparación, a destiempo y fundados en expectativas poco realistas, a lo que yo añadiría la capacidad de seguir de espaldas a la realidad, como si las derrotas hubiesen sido victorias…)

No deja de ser interesante que los dos focos de resistencia que Delgado destaca como particularmente importantes sean los estudiantes y el magisterio. Y no tanto los estudiantes, sino específicamente los estudiantes socialistas. Al igual que no habla del magisterio, sino más bien de la FMPR, y no sólo de la FMPR sino del sector más conciente y firme de la FMPR. Esta es la autosuficiencia socialista que no lleva a ningún sitio, o peor, que lleva a un desastre como el que ha vivido la FMPR. Nosotros insistimos que hay que buscar otro camino. Hay que impulsar una política de frente unido, de sumar fuerzas, sin por ello diluir nuestras posiciones. Reconstruir un sindicato del magisterio para todos los maestros y maestras, no sólo el núcleo socialista. Construir un frente unido de todas las organizaciones opuestas a la ley 7, el gasoducto y las demás políticas desastrosas que nos afectan y unirnos también a la iniciativa de inscribir un partido amplio que pueda abarcar a todo el pueblo trabajador que vaya rompiendo con los partidos dominantes.

No hay duda de que el proyecto del PPT puede quedarse corto en sus objetivos. Delgado tiene razón al decir que no cuenta con grandes recursos económicos. Ciertamente no tiene el aparato de funcionarios a tiempo completo en todo el país que él considera requisito para desarrollar un partido electoral. Hemos asumido el reto de apoyar y contribuir a la inscripción de un partido con los muy limitados recursos que contamos ya que pensamos que es un proyecto necesario. La disposición de miles de personas a darnos su endoso (ya estamos cerca de 30,000), las conversaciones e intercambios que se tienen en el proceso, nos confirman que hay mucha gente que está deseosa de ver nuevas opciones. Semana a semana evaluamos los resultados. Si pensamos que la inscripción no es posible no titubearemos en señalarlo. Por ahora, sigue siendo, como fue desde el principio, difícil, pero posible. Como dije, el apoyo está ahí. Como bien dice Delgado, tenemos pocos recursos. Pero los recursos más importantes somos nosotros y nosotras. ¿Podrá inscribirse el PPT? La respuesta no está escrita. Depende de lo que hagamos. Podemos apoyar este esfuerzo, combatirlo o ser indiferentes. Por las razones que he tratado de explicar invito a todos y todas a que se sumen a este proyecto.

Artículo original publicado el 28 de septiembre de 2011 en: http://www.masenlucha.org/inicio/2011/09/28/la-encrucijada-electoral-dos-tacticas-del-socialismo-en-puerto-rico/

www.masenlucha.org – www.rescatapuertorico.com

“La Teoria del Desarrollo Capitalista: Principios de la Economia Politica Marxista” de Paul Sweezy

“Desde su publicación en 1942, este libro se ha convertido en el estudio analítico clásico de la economía marxista. Escrito por un economista conocedor de la teoría académica moderna así como la literatura marxista, ha sido reconocido como el libro de texto ideal para la materia. Exhaustivo, lucido, autoritario, no ha sido retado, ni siquiera acercado, por otro trabajo posterior.”

Oprime para descargar La Teoria del Desarrollo Capitalista de Paul Sweezy en PDF