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Estructuras de Clase y Cambio Social: Un dialogo sobre los ricos y la independencia

Por Ricardo R. Fuentes-Ramírez*/Especial para CLARIDAD

 

El compañero Hiram Lozada Pérez recientemente publicó una nota en [Claridad] titulada “Los ricos y la independencia,” que pone sobre la mesa el importantísimoasunto de las clases sociales y las tácticas de lucha dentro de la colonia. Lozada hace un llamado a “renunciar a lasconsignas de lucha de clases,” recalca que debemos tomar “cada cosa en su tiempo,” y así “utilizar, con visióntáctica, todo el imaginario liberal del consenso social.” Incluso, fue el propio Marx quien primero enfatizó laimportancia de aspirar a “cada cosa en su tiempo.” Para Marx, por ejemplo, la tarea de los irlandeses era unarevolución nacionalista, para adquirir su independencia de los ingleses, y lograr pleno desarrollo capitalista. Sololuego de esto se podía hablar de condiciones para luchar por el socialismo, en un futuro. Stalin continuópromoviendo esta visión de “cada cosa en su tiempo,” argumentando que la tarea de los comunistas en los paísesdominados por el imperialismo era aliarse, e incluso en ocasiones subordinarse, a las luchas anti-imperialistas bajoel liderato de los ricos.

 

La estrategia estalinista se promovió tanto en naciones que aun eran colonias, como en países en vías de desarrollo que ya habían adquirido su independencia, y por tanto eran neocolonias. Es en las neocolonias del mundo donde en la práctica se toparon con que en la fase actual del sistema mundial, la lucha anti-imperialista es ferozmente obstaculizada por los ricos de los países dominados. Como el propio Lozada reconoce, los ricos logran beneficiarse del arreglo colonial. Les resulta más táctico aliarse con el imperio, quearriesgarse con la posible volatilidad de un proceso emancipador. Precisamente por esto, José Carlos Mariátegui concluyó en 1927 que en Latinoamérica, “no es posible ser efectivamente nacionalista y revolucionario sin sersocialista.”1

 

Algunos argumentarán que la visión de Mariátegui, que luego fue la del Che, solo aplica a naciones que ya han obtenido su independencia. Por esto, vale la pena discutir la visión del teórico y revolucionario Amílcar Cabral, y su experiencia en la lucha por la independencia de Guinea-Bisáu y Cabo Verde. Cabral concluyó que en las colonias, cuando el poder político-administrativo está en manos del invasor, es posible lograr un grado de “consenso social,” como le llama Lozada, para organizar un frente amplio para la descolonización. Sin embargo,tan pronto se obtiene la independencia, y el poder político-administrativo se vuelca sobre manos locales, la luchade clases al interior de la nación se manifiesta, y cualquier tipo de proyecto que intente aglutinar los ricos y lostrabajadores estará destinado al fracaso. Precisamente esto ocurrió en Guinea-Bisáu y Cabo Verde, y suindependencia ha sido, como la de la mayoría de los países en vías de desarrollo, una farsa, reproduciendo losmismos problemas de la colonia en la neocolonia. Puerto Rico produce un caso particular, en donde aun siendocolonia, el poder político-administrativo ya está en manos locales. Por esta razón, la lucha de clases ya semanifiesta a nivel del estado colonial, y no solo resulta sumamente poco táctico enterrar nuestras consignas declase, sino que resulta ilusorio pensar que un proceso de liberación genuina pueda ser llevado a cabo en alianza detú a tú con los ricos. ¿Acaso la ola neoliberal que nos arropa, y el hecho de que sistemáticamente se pone sobre los hombros del pueblo trabajador la carga de la crisis, no basta como evidencia de que la lucha de clases es uno delos ejes de nuestros problemas contemporáneos?

 

No se trata, como intenta caricaturizar Lozada, de obtener laindependencia y la revolución social a la vez con un ejército. En Puerto Rico, hacen falta por ocurrir un sinnúmerode procesos antes de poder construir una economía plenamente socialista. Sin duda alguna, necesitamos primerola liberación nacional, la creación de una economía genuinamente nuestra, y su protección de la competenciadestructiva de los países capitalistas avanzados. Similarmente, hace falta integrar a nuestra economía la granporción de nuestra población que ha sido marginada de la misma, y asegurarle a todos los puertorriqueños ypuertorriqueñas una educación pública, accesible, y de calidad a todos los niveles. Estas tareas no sonnecesariamente socialistas, y no se trata de saltar etapas. Sin embargo, debemos reconocer, como reconocieronanteriormente Mariátegui y el Che, que estas tareas no serán completadas a profundidad bajo una alianza con obajo el liderato de los ricos. Junto a estos, siempre se lograrán victorias limitadas, tímidas, transitorias, o fáciles derevertir.

 

No se está planteando que no podemos hacer algunas alianzas con algunos ricos. Se está planteando que debemos reconocer que las relaciones sociales actuales provocan en nuestra lumpenburguesía local un carácter conservador y reaccionario. De éstos participar en un proceso de liberación nacional, debería ser subordinados al liderato del pueblo trabajador, en lugar de como socios iguales o bajo su liderato. Sería tragicómico que PuertoRico no sea capaz de internalizar las lecciones de los países que ya han logrado su independencia. Principalmente, debemos internalizar que las independencias obtenidas bajo el liderato de los ricos, no solo reproducen todos los problemas de la colonia en la neocolonia, sino que los empodera aun más, provocando un profundo retraso del cambio social. Si no queremos que nuestra independencia sea una farsa, no debemos enterrar el análisis ni las consignas de clases. Por el contrario, el análisis de clases nos permite asegurarnos que nuestra independencia sea genuina, y no meramente una transición del colonialismo al neocolonialismo. Sin duda alguna, como ya se ha dicho, obtener la independencia y una plena economía socialista madura simultáneamente es una propuestaabsurda. Antes de remplazar nuestra economía en su totalidad por una economía socialista, necesitamos unprofundo y largo proceso de reconstrucción, o mejor dicho construcción nacional. Sin embargo, solo el pueblotrabajador puede dirigir este proceso si deseamos que sea exitoso.

 

Nota

 

1. José Carlos Mariátegui- Prólogo a Tempestad en los Andes (1927)

 

* El autor es estudiante doctoral de economía en UMASS-Amherst.

© Claridad 2004-2009 | http://www.claridadpuertorico.com | Generado: may 06, 2014

 

 

Tacticas y estrategias para la transicion al socialismo del Siglo 21

El artículo Marxist Perspectives on 21st-Century Transition to Socialism (Forthcoming) resume y analiza críticamente las tres posturas principales discutidas en la izquierda como estrategias hacia el socialismo: 1) la visión socialista revolucionaria de tomar el Estado y transformar de manera abrupta y de raiz la sociedad, 2) la visión socialdemócrata de lograr un acuerdo con el Capital, aspirando a eventualmente, y paulatinamente, transformarlo, y 3) la visión anarquista (o marxista autonomista) de ignorar el Estado, y crear espacios alternativos (como cooperativas, huertos comunitarios, etc.) que poco a poco remplacen el Capital.

El artículo concluye que ninguna visión en sí sola será exitosa, y nuestra tarea es buscar como combinar estas visiones dependiendo de distintas circumstancias. Según el mismo, uno de los errores más graves que podría cometer la izquierda es pensar que la visión anarquista (o marxista autonomista) de ignorar el Estado, y crear espacios alternativos que poco a poco remplacen el Capital en sí sola podría funcionar. Se tiene que tener en agenda la toma del poder estatal. Sin embargo, igual de grave sería asumir que el Capital se puede humanizar y regular indefinidamente, como plantean muchos dentro de la visión socialdemócrata. La toma del Estado debe ser con el propósito de crear condiciones para romper con el Capital, no para regularlo.

 

A continuación un video con un debate interesante entre Enrique Dussel y John Holloway, quien es uno de los ideólogos principales de la visión anarquista/marxista autonomista.

 

Sobre el voto útil en las elecciones en Puerto Rico

Como en toda elección dominada por el bipartidismo, se promueve la idea de votar por el menos malo. Es lógico, ¿no? Podríamos decir que es sentido común, si solo dos tienen posibilidades, escojamos al menos malo. El problema fundamental recae en asumir que con el “menos malo”, las cosas irán menos mal en el país. La realidad es que no hay diferencias fundamentales entre el PNP y el PPD en asuntos como la política pública, la política económica, su aceptación del libre mercado como el único camino,  su visión de la familia tradicional y patriarcal como el modelo familiar a seguir y defender, su desplazamiento de los problemas ambientales a un plano secundario siempre subyugado a los intereses desarrollistas, etc. Se trata de que la única, realmente la única, diferencia profunda entre el PPD y el PNP, es su visión de status. En términos de administración publica, dan igual. Considerando que el futuro de nuestro status no es decidido en las elecciones, resulta que realmente da igual si nos administra el PPD o el PNP. Ambos gobernarán desde una perspectiva machista, desde una visión desarrollista poco sustentable, y desde una perspectiva empresarial y capitalista. Resulta entonces, que gane el PPD o gane el PNP, las cosas seguirán igual de mal.

Si entendemos y procesamos que las cosas seguirán igual de mal si siguen ganando el PNP y el PPD, resulta que lo lógico es comenzar a fortalecer alternativas. Quizás estas elecciones ningún partido minoritario ganará, pero al fortalecerlos, dejamos las puertas abiertas para que en un futuro sí tengamos una alternativa con posibilidad de triunfo. ¿Imposible? ¿Improbable? Para nada.

Son muchos los países que han sido plagados por el bipartidismo, en donde ambos partidos son igual de malos; pero han logrado romper con él. Uruguay, por dar un ejemplo, por décadas se turnaba entre el Partido Colorado y el Partido Nacional (los “blancos”). Similar a Puerto Rico, los “colorados” eran supuestamente los liberales, y los “blancos” los conservadores, pero en realidad, eran lo mismo. Los blancos y colorados llevaban turnándose desde el 1825. Después de literalmente cientos de años de bipartidismo, un grupo minoritario llamado el Frente Amplio, tras cerca de 30 años dando la batalla para fortalecerse, logró romper con el bipartidismo, ganando la presidencia en el 2005.

Un voto inútil es un voto que fortalece el bipartidismo actual, que fortalece este cerco electoral, donde se turnan dos partidos que para todos los efectos, son lo mismo. Un voto útil es un voto que fortalece una nueva alternativa, una nueva oposición. Un voto que abre las puertas para que en un futuro no tan lejano podamos, como los uruguayos, romper con el bipartidismo de los ricos y elegir un partido del pueblo y para el pueblo.

“La encrucijada electoral: Dos tácticas del socialismo en Puerto Rico” por Rafael Bernabe

MASenlucha
Me encuentro entre los que apoyamos la inscripción del Partido del Pueblo Trabajador. A algunas personas esto les parece extraño y hasta escandaloso. Soy socialista e independentista. Sin embargo, el PPT no es socialista y no es independentista. ¿Será que le he dado la espalda a mis ideales? ¿Cómo se explica que un socialista e independentista esté apoyando un partido que no es ni una cosa ni la otra, un partido en el que, para colmo, pueden participar estadistas, estadolibristas y defensores de otras posiciones de status? Quisiera explicar mis razones brevemente, tanto a los que comparten mis concepciones socialistas e independentistas, como a los trabajadores y trabajadoras que no las comparten, y con los cuales aspiro a desarrollar un diálogo y un trabajo compartido para empezar a cambiar la terrible situación que vive Puerto Rico. Y ese es un buen punto de partida: la situación que vive el país.

No hay duda de que la crisis económica y fiscal, las políticas de ambos partidos dominantes que hacen pagar al pueblo por dicha crisis, la corrupción cada vez más desenfrenada de los altos funcionarios de gobierno, el desastre ambiental que se agudiza, la violencia que arropa nuestras vidas, entre otros procesos, facilitan que muchas personas empiecen a cuestionarse el rumbo que lleva el país bajo los actuales gobernantes, así como la naturaleza y los límites de las políticas económicas existentes, que sólo favorecen a las grandes empresas, procesos que también abren los oídos de muchos a la necesidad de cambios políticos y sociales profundos. La gravedad de la situación del país preocupa a la gran mayoría de los trabajadores y trabajadoras, sean estadistas, estadolibristas o independentistas.

Ante ese panorama desolador, dejaría de ser socialista si renunciara explicar a mis compañeros trabajadores mi concepción sobre estos problemas. Y esa concepción está clara y puede resumirse brevemente. Me parece que los problemas que nos aquejan tienen una raíz común: el funcionamiento de un capitalismo en profunda crisis, que genera en todo el mundo iguales consecuencias, como el desempleo masivo, los recortes de servicios, los ataques a los salarios y conquistas de los trabajadores, el aumento de la pobreza y la aceleración de la destrucción ambiental. Pienso que en definitiva no podemos solucionar ni enfrentar estos problemas sin crear un tipo de economía distinta, basada en la propiedad pública de los recursos económicos más importantes y en su administración democrática con el objetivo de satisfacer las necesidades de todos y todas, a la vez que usamos responsablemente los recursos naturales y minimizamos la destrucción ambiental. Esa mezcla de propiedad pública y democracia es lo que yo llamo socialismo.

La experiencia de muchos pueblos también me dice que para crear ese tipo de democracia no bastará con ganar elecciones: hará falta vencer la resistencia de los privilegiados que sin duda intentarán detener estos cambios, aún cuando esos cambios cuenten con el apoyo de la mayoría. También hará falta crear un tipo de estado mucho más democrático y participativo que los estados existentes. A defendernos de la agresión de los privilegiados y a crear un nuevo tipo de estado, más democrático, es a lo que me refiero cuando hablo de revolución, cuya forma específica y concreta depende de las condiciones específicas y concretas de cada país. En fin, como socialista considero que los problemas de Puerto Rico tienen su raíz en el capitalismo y que tan sólo encontrarán su solución a través de una revolución anti-capitalista. Por eso soy miembro del Movimiento al Socialismo y por eso el MAS hace todo lo posible por difundir y promover esa perspectiva socialista. Por eso intentamos atraer a todos los que podamos a las ideas del socialismo e intentamos atraer a todos los que podamos a las filas del MAS. No escondemos nuestras ideas anti-capitalistas. Todo el mundo las conoce. Cualquier persona que lea nuestro periódico, Rumbo Alterno, podrá comprobar lo que digo.

Pero a la vez que hago todo esto, también intento mirar un poco más allá de los grupos socialistas. Reconozco que la gran mayoría de los trabajadores no comparten mis ideas. Reconozco que en este momento no van a ingresar al MAS, ni a ninguna de las otras organizaciones socialistas. Pero constato que yo y muchísimos de ellos estamos de acuerdo en algunas cosas importantes. Muchos trabajadores estadistas y populares, fieles a sus ideas, están cada vez más descontentos, avergonzados y rabiosos con los líderes de los partidos de siempre. Estos amigos y amigas rechazan la ley 7, el IVU, el gasoducto, los aumentos de matrícula en la UPR, el deterioro de las condiciones de trabajo, de los servicios de salud y las escuelas, etc. A estos hermanos y hermanas les planteo, en primer lugar, que por encima de nuestras diferencias de opinión sobre el tema del status, si queremos defendernos, tenemos que organizarnos sindicalmente, tenemos que organizar nuestras comunidades, tenemos que organizarnos como estudiantes, como ambientalistas, como mujeres… Y les planteo, en segundo lugar, que no podemos detener las políticas que nos agobian sin unirnos también en el terreno electoral. Con ustedes, que no son socialistas, con ustedes trabajadores estadistas o estadolibristas, respetando nuestras diferencias, yo, que soy socialista, estoy dispuesto a construir un partido amplio para luchar juntos contra la ley 7, contra el IVU, contra el gasoducto, por servicios de salud adecuados, etc. Por eso me uno a la propuesta de inscribir el PPT. En el PPT nadie tiene que abandonar sus ideas estadistas o autonomistas o independentistas: tan sólo basta entender que los partidos tradicionales ya no nos sirven y que podemos y necesitamos crear algo distinto, que necesitamos trabajar juntos ahora tras esas exigencias que nos unen. Los líderes del PNP y los líderes del PPD, a nombre de la estadidad y el ELA piden nuestro apoyo para luego golpearnos cada vez más duro. Los trabajadores y trabajadoras tenemos que salir a colaborar como trabajadores y trabajadoras, a pesar de las diferencias sobre el status que habrá que seguir discutiendo, para impulsar un programa compartido en defensa de los niveles de vida, de una política de empleo, etc. que todos y todas, trabajadores populares, estadistas e independentistas necesitamos. Queremos impulsar, porque a todos nos conviene: una mayor igualdad económica (exigiendo, por ejemplo, que los salarios se ajusten al aumento de los precios), una mayor igualdad en la carga contributiva (acabando con los privilegios de las grandes empresas), una recuperación de la agricultura y actividades de elaboración dirigidas al mercado interno.

La propuesta del PPT conviene al pueblo trabajador de Puerto Rico y de Estados Unidos. La estructura actual de la economía de Puerto Rico tan sólo beneficia a un puñado de empresas privilegiadas. Para el pueblo de Puerto Rico representa desempleo, miseria, destrucción ambiental y desesperanza. Para el pueblo de Estados Unidos representa la necesidad de subsidiar una economía empobrecida. El PPT pretende articular una propuesta de desarrollo económico que permita superar el desempleo y la miseria en Puerto Rico y liberar al pueblo de Estados Unidos de tener que subsidiar una economía que no funciona. Para eso podemos y debemos unirnos trabajadores estadistas, autonomistas e independentistas y debemos buscar el apoyo de los que también aspiran a la igualdad social en Estados Unidos. Esa es la idea del Partido del Pueblo Trabajador, un frente unido en el terreno electoral de los trabajadores para empezar a cambiar las cosas en nuestro país.

Alguien me dirá: Bernabe, que vergüenza, ¿acaso no te acuerdas que las medidas de desarrollo económico que planteas no son posibles dentro de los límites de la relación colonial o del capitalismo? ¿Cómo es posible que estés generando ilusiones en la gente? A lo cual respondo: creo que el capitalismo y la colonia no pueden satisfacer las necesidades del pueblo. No tengo duda, por tanto, de que una lucha consecuente por mejorar la situación de los trabajadores y trabajadoras planteará el problema colonial y el problema del capitalismo. Esa es mi convicción socialista e independentista. Pero reconozco que el 95% de los trabajadores en Puerto Rico no la comparten y yo no exijo que compartan esa opinión como condición previa para que podamos impulsar juntos un partido propio de los trabajadores y trabajadoras, para trabajar y luchar juntos por el salario, por el empleo, por los servicios, por el ambiente. Creo que la experiencia demostrará lo que ya dije, pero será la experiencia y la reflexión a partir de ésta la que lo demuestre: por ahora iniciemos la experiencia de un trabajo conjunto para crear un partido como ninguno de los partidos que existe en Puerto Rico.

Para algunos, como no se trata de un partido socialista, ni independentista, como se trata de un partido amplio, resulta ser poca cosa, resulta ser una cosa monga, una cosa aguada, incluso uno distracción. Para mí, al contrario, que muchos empiecen a desprenderse de los partidos tradicionales para apoyar un partido identificado con la clase trabajadora y la defensa del ambiente, bajo un programa opuesto a todo lo que los patronos y las grandes empresas nos han impuesto, sería ya un cambio importantísimo en todo el panorama político y social puertorriqueño. Y cómo en el PPT hay gente de diversas posiciones y diversos pareceres, no todos sus integrantes lo explicarán como yo lo explico, ni lo justificarán como yo lo justifico: pero eso es lo importante del PPT, su amplitud, anclada en la defensa del bienestar del pueblo trabajador.

Demás está decir que es absurdo contraponer la inscripción o el voto por el PPT y la construcción de movimientos sociales, sindicales, estudiantiles, etc. o contraponer la participación electoral a otras formas de exigir justicia, como los piquetes, marchas, huelgas, paros, desobediencia civil. Oigo una voz que plantea: Bernabe, en lugar de ir a las elecciones, hay que organizar a la gente en el taller, la comunidad, la escuela… ¡Como si se tratara de una cosa o la otra! ¡Como si no fuese posible y necesario usar las campañas y el trabajo electoral para impulsar, difundir y extender las luchas del taller, la comunidad o la escuela! A mi me parece que conviene a todas las luchas sociales en nuestro país que exista un partido amplio que las apoye, que recoja sus exigencias en su programa, cuyos candidatos sean parte de esas luchas, un partido que lleve sus exigencias a las asambleas municipales, las alcaldías y la legislatura…

Alguien dirá que no queremos tener nada que ver con ese nido de sabandijas en que se ha convertido el Capitolio. Eso está bien como desahogo. Pero miremos la cosa fríamente: ¿A qué nos dedicamos buena parte de nuestro tiempo sindicalistas, activistas comunitarios, ambientalistas, feministas? Precisamente a presionar alcaldes, legisladores y demás funcionarios para que desistan de políticas desastrosas o adopten propuestas que favorecemos. La pregunta no es si vamos a bregar o no con estas instituciones, la pregunta es si nos vamos limitar como siempre a estar presionando desde afuera piqueteando y marchando o si, al contrario, además de piquetear, marchar, etc. algo que, sin duda, tenemos que seguir haciendo, también queremos tener legisladores que nos representen e impulsen nuestras exigencias, por ejemplo.

Construir tal partido amplio plantea muchos desafíos para los que asumimos ese esfuerzo, entre ellos la elaboración de un programa de cambio y reconstrucción económica y social de nuestro país. Aquí los socialistas en particular tenemos mucho trabajo por delante. Hay dos cosas que hacemos todo el tiempo (a veces bien y a veces mal) y una que casi no hacemos: participamos en luchas inmediatas, por lo general para responder a las agresiones contra el pueblo y el ambiente (contra la ley 7, contra la cuota, contra el gasoducto), y eso está bien, y combinamos esto con declaraciones generales de que la solución definitiva es el socialismo, y eso también está bien. Pero sobre cómo iremos de las luchas inmediatas hacia aquel objetivo, tenemos poco o nada que decir: ¿Qué propuestas de transición tenemos, qué programa de gobierno, qué dirección para la transformación del país? No es raro que la gente, más allá de respetar nuestro compromiso y nuestra persistencia en las luchas inmediatas, no se tome nuestra visión socialista muy en serio… es demasiado vaga y abstracta para que se pueda hacer algo con ella. El proyecto del PPT nos pone por delante el reto de elaborar propuestas concretas, planes concretos para ir sacando a Puerto Rico de su crisis, para crear una sociedad más justa. Esto requiere mucho trabajo e incorporar compañeros y compañeras que puedan aportar desde las más diversas experiencias y disciplinas. No se soluciona mezclando en diversas combinaciones las consignas de siempre. Me parece que muchos en la izquierda estamos acostumbrados al trabajo de siempre: luchas inmediatas (trabajo sindical, por ejemplo) y declaraciones socialistas. El proyecto del PPT nos exige salir de ese esquema de décadas en el que seguimos estancados. Eso no es fácil. Es mucho más fácil repetir las rutinas de siempre.

Algunas personas han visto con sospecha que la legislatura PNP haya bajado el número de endosos necesarios para inscribir un partido: el PNP, nos advierten, quiere quitarle votos al PPD para asegurar su victoria. Igualmente, algunas personas en la calle nos dicen, con preocupación genuina, si se inscribe el PPT y si votamos por el PPT, quizás gana Fortuño de nuevo. En cuanto a lo primero, no dudo que las intenciones de la mayoría legislativa PNP sean las ya descritas. Pero la pregunta fundamental no es esa, sino, más bien, si la reducción del número de endosos, si una mayor facilidad para inscribir partidos es algo positivo o algo lamentable, si es más, o menos, democrático, si nos abre algunas posibilidades o las cierra. A mi me parece que abre posibilidades de iniciativas en el campo electoral y por eso debemos usar esas oportunidades para impulsar nuestra agenda contraria a la del liderato PNP. En cuanto a lo segundo, al peligro de reelección de Fortuño, insistimos que tanto el liderato del PNP como del PPD son enemigos del pueblo trabajador. Gane quien gane, si gana uno de estos dos partidos tendremos que seguir resistiendo sus políticas, denunciando su corrupción, exigiendo el fin de sus abusos. La pregunta, entonces, es: además de todas las demás iniciativas necesarias, ¿qué podemos hacer en las elecciones para sacar a esos partidos del gobierno?, y si no podemos sacarlos, ¿qué podemos hacer para poder resistir sus abusos con más fuerza y efectividad? En el terreno electoral inscribir y votar por el PPT contribuye a las dos metas: a sacar a esos partidos del gobierno y, si no los sacamos, a colocarnos en mejor posición para detener y resistir sus políticas. En el segundo caso, conviene a la resistencia que tendremos que seguir construyendo que un partido que apoya esa resistencia, logre difundir y popularizar un programa favorable al pueblo trabajador, que reciba la mayor cantidad de votos posible, elija la mayor cantidad de funcionarios posible.

Hugo Delgado, miembro del MST, al criticar la posición del MAS en apoyo a la inscripción del PPT propone que los socialistas adoptemos, al contrario, una perspectiva de abstención y lucha de masas. Nadie está, por supuesto, contra la lucha de masas: que las masas se muevan es nuestro objetivo también. Pero esto no se logra enganchándole el slogan “lucha de masas” a la abstención. La pregunta es si la abstención tiene impacto, no en nosotros, que podemos sentirnos muy felices con nuestras profesiones de fe socialista, sino en “las masas”. La pregunta es si eso ayuda a movilizarlas y organizarlas. Yo he participado en campañas de boicot. He observado muchas más. Mi experiencia es que tienen un impacto marginal, que convocan a muy poca gente más allá de los ya convencidos. Se prestan, eso sí, para el auto-engaño: a diferencia de los votos, nadie contabiliza quién se abstuvo por apoyo a nuestras campañas de boicot. Y así es muy fácil sentirnos felices porque no hemos caído en el “reformismo”, por que somos revolucionarios y hacernos, de paso, las más grandes ilusiones sobre el impacto que tenemos, la “elevación de la conciencia”, la simpatía que hemos generado… etc. Y sin embargo, no hemos salido del cascarón de siempre. Ejemplo de esto es pensar que la abstención de muchas personas corresponde a un grado creciente de politización o incluso de radicalización. Si la abstención de mucha gente se tradujera en una creciente organización política del pueblo fuera de las urnas eso sería otra cosa: pero no es el caso. No veo nada en el panorama para pensar que “organizar la rabia” va tener un pacto mayor que el que en su momento tuvo “organízate y lucha”. Y al igual que no creo que la abstención de muchos refleje necesariamente una mayor conciencia política, tampoco creo que la participación electoral de la mayoría refleje un conservadurismo o una mentalidad colonial, como suelen decir muchos independentistas: esas personas, esos trabajadores y trabajadoras, piensan que las elecciones son importantes y tienen razón; piensan que el resultado de las elecciones es importante y tienen razón; piensan que quien participa o no participa, y quien gana o pierde en las elecciones es importante y tienen razón. No me interesa convencerlos de lo contrario. Estoy de acuerdo con ellos. Lo que planteo como socialista es que hacen falta otras cosas además de la lucha electoral y que incluso en el terreno electoral necesitamos algo nuevo y que estoy dispuesto a construirlo junto a trabajadores y trabajadoras que no están de acuerdo conmigo en todo.

A la perspectiva que aquí esbozamos Hugo Delgado contrapone la idea de construir un “partido socialista de cuadros de combate”. Sin entrar en debates sobre cómo concebir tal partido de “combate”, insisto que, como socialista estoy de acuerdo con la construcción de organizaciones socialistas (partidos, para todo los efectos, aunque no lleven ese nombre) a nivel nacional, desde la perspectiva que expliqué al principio de este ensayo. La pregunta no es esa. La pregunta es si los que estamos comprometidos con esa perspectiva también debemos apoyar el surgimiento de un vehículo de convergencia y acción política en el que pueden coincidir todos los que ya están cansados de la política tradicional pero que no necesariamente comparten con nosotros la perspectiva socialista, o de un “partido socialista de cuadros de combate”. Quieren protestar, impulsar cambios, pero no bajo nuestras banderas: ¿debemos buscar un puente para iniciar junto a ellos un trabajo político inédito en Puerto Rico? Esa es la pregunta.

Delgado también nos plantea la importancia de ciertos sectores que pueden articular una resistencia más vigorosa a los ataques del gobierno en el futuro cercano. Dejando de lado por el momento el tema de si los sectores que él señala (el magisterio y los estudiantes) están en tal condición en este momento, puedo decir que estoy de acuerdo: ciertamente hay que priorizar en aquellas luchas que en determinado momento tienen mayores posibilidades, o los sectores que en otros debates Delgado ha descrito como “estratégicos”. No hay duda de que debemos trabajar en la construcción de esas luchas más avanzadas, más militantes, más organizadas, “más estratégicas”. Pero esa no es la pregunta: la pregunta es si, además de impulsar esas luchas y organizaciones, también queremos crear un gran frente unido de todas las luchas, todas las organizaciones, a pesar del distinto calibre y orientación de sus lideratos. Un frente unido cuyo único criterio de afiliación sea la oposición a la ley 7, oposición a las APP, oposición a la reforma laboral, oposición al gasoducto…, defensa de los empleos, del servicio público, de los derechos de los trabajadores, del ambiente.

Yo pienso que tenemos que impulsar las luchas y organizaciones más militantes, pero pienso que también hace falta ese frente unido de todas las luchas y organizaciones populares. Pienso que si queremos empezar a detener la ofensiva del gobierno, los socialistas tenemos el deber de construir nuestras organizaciones, pero también tenemos que explorar la posibilidad de proyectos amplios junto a los que, sin ser socialistas, también quieren luchar por un Puerto Rico más justo y solidario. Para ambas cosas, para impulsar una lucha unida de todas las uniones, todas las organizaciones comunales, ambientales y estudiantiles y para reagrupar a los miles de trabajadores de todos los colores políticos es conveniente el proyecto de inscribir un partido amplio del pueblo trabajador.

Aquí ha existido y existe una diferencia entre el MAS y el MST, algo que Hugo Delgado y yo hemos tenido ocasión debatir en el pasado, tanto en lo relacionado a las luchas del magisterio, como en lo referente a los intentos de crear diversos frentes y de impulsar una huelga general contra la ley 7 y la política de Luis Fortuño. [Los interesados pueden ver mi artículo “Las tareas del presente y las lecciones del pasado” (febrero 2010) http://pr.indymedia.org/news/2010/02/41744.php]

La práctica del MST parte, para ser justo, de dos ideas correctas: primero, que para detener la ofensiva del gobierno hace falta una lucha persistente y militante; segundo, que los líderes de muchas organizaciones (sindicales, por ejemplo) han demostrado poca capacidad y disposición para impulsar esa resistencia. De aquí sacan una serie de conclusiones: no queremos un frente unido con sindicatos “empresariales”, burocráticos, ni chupacuotas, como las uniones afiliadas a la AFL-CIO y Change to Win o la CPT. Pero tampoco podemos contar con otros sindicatos, como la UTIER, que hacen declaraciones radicales, pero en la práctica se quedan cortas y dejan en la estocada a sus aliados. Se trata, entonces, de agruparnos a partir de las organizaciones verdaderamente militantes, como la Federación de Maestros. Pero no se trata tampoco de los 30 mil o 40 maestros que alguna vez fueron miembros de la FMPR, sino de su núcleo militante. Con esa vanguardia enfrentada al patrono y el gobierno, el pueblo se sentiría convocado y se movilizaría… Como planteaban antes de la huelga magisterial: una vez comenzada la huelga, la Federación se convertiría en un gran movimiento social. Por igual lógica, a pesar de las exhortaciones de muchos, no se hizo nada hasta el último minuto para organizar un frente amplio de apoyo a la huelga magisterial. ¿Resultado? Colapso de la huelga en diez días. Delgado habla del potencial de lucha del magisterio. No pongo en duda tal potencial. Pero no dudo que el magisterio atraviesa en este momento por una situación de desmovilización e incluso de sentimiento de impotencia y desmoralización ante los desmanes del patrono. Nunca ha caído tan bajo el prestigio o capacidad de movilización de la FMPR. Se podrá hablar todo lo que se quiera del “fortalecimiento de conciencia” y fórmulas similares, pero la realidad es que la FMPR jamás pudo retomar la huelga “recesada” y hoy se encuentra sin convenio y con una fracción ínfima de su matrícula anterior. Delgado critica con gran facilidad a los sindicatos empresariales, al independentismo pequeño burgués, etc., pero olvida mencionar esta historia, la historia de la casi desintegración del sindicato más grande de Puerto Rico, aspecto tan importante para entender el momento político actual. (Sería bueno estudiar esta experiencia tomando en cuenta los señalamientos de Delgado sobre la tendencia de la izquierda a lanzarse a proyectos sin preparación, a destiempo y fundados en expectativas poco realistas, a lo que yo añadiría la capacidad de seguir de espaldas a la realidad, como si las derrotas hubiesen sido victorias…)

No deja de ser interesante que los dos focos de resistencia que Delgado destaca como particularmente importantes sean los estudiantes y el magisterio. Y no tanto los estudiantes, sino específicamente los estudiantes socialistas. Al igual que no habla del magisterio, sino más bien de la FMPR, y no sólo de la FMPR sino del sector más conciente y firme de la FMPR. Esta es la autosuficiencia socialista que no lleva a ningún sitio, o peor, que lleva a un desastre como el que ha vivido la FMPR. Nosotros insistimos que hay que buscar otro camino. Hay que impulsar una política de frente unido, de sumar fuerzas, sin por ello diluir nuestras posiciones. Reconstruir un sindicato del magisterio para todos los maestros y maestras, no sólo el núcleo socialista. Construir un frente unido de todas las organizaciones opuestas a la ley 7, el gasoducto y las demás políticas desastrosas que nos afectan y unirnos también a la iniciativa de inscribir un partido amplio que pueda abarcar a todo el pueblo trabajador que vaya rompiendo con los partidos dominantes.

No hay duda de que el proyecto del PPT puede quedarse corto en sus objetivos. Delgado tiene razón al decir que no cuenta con grandes recursos económicos. Ciertamente no tiene el aparato de funcionarios a tiempo completo en todo el país que él considera requisito para desarrollar un partido electoral. Hemos asumido el reto de apoyar y contribuir a la inscripción de un partido con los muy limitados recursos que contamos ya que pensamos que es un proyecto necesario. La disposición de miles de personas a darnos su endoso (ya estamos cerca de 30,000), las conversaciones e intercambios que se tienen en el proceso, nos confirman que hay mucha gente que está deseosa de ver nuevas opciones. Semana a semana evaluamos los resultados. Si pensamos que la inscripción no es posible no titubearemos en señalarlo. Por ahora, sigue siendo, como fue desde el principio, difícil, pero posible. Como dije, el apoyo está ahí. Como bien dice Delgado, tenemos pocos recursos. Pero los recursos más importantes somos nosotros y nosotras. ¿Podrá inscribirse el PPT? La respuesta no está escrita. Depende de lo que hagamos. Podemos apoyar este esfuerzo, combatirlo o ser indiferentes. Por las razones que he tratado de explicar invito a todos y todas a que se sumen a este proyecto.

Artículo original publicado el 28 de septiembre de 2011 en: http://www.masenlucha.org/inicio/2011/09/28/la-encrucijada-electoral-dos-tacticas-del-socialismo-en-puerto-rico/

www.masenlucha.org – www.rescatapuertorico.com

Tendencias electorales en Puerto Rico 2000-2012: Posibles estrategias para la izquierda

(Versión actualizada tras los resultados de Nov 2012)

El descontento generalizado hacia Fortuño fue tan significante, que fue capaz de alterar la sumamente fuerte tendencia de continuo crecimiento del PNP durante la última década. Esto trae a la luz una profunda contradicción. El partido que quiera permanecer en el poder debe intentar mantener una política populista, lejos del neoliberalismo o de las políticas de austeridad. Pero por otro lado, la crisis fiscal y económica de la colonia está en su punto más profundo, seriamente obstaculizando el potencial de los partidos dominantes de practicar una política populista. Se cuaja una crisis que podría abrir muchas oportunidades tácticas para la izquierda. Esto se suma al hecho que la participación electoral se continuó reduciendo. Del 2000 al 2012 el número de votantes se redujo en cerca de un 7%. Por otro lado, se confirmó nuevamente la existencia de una masa de cerca de 100,000 electores que están dispuestos a votar por partidos no-dominantes. De canalizar los electores desalentados y unificar estos votos, en el mediano/largo plazo podría ser viable un tercer partido de izquierda con mayor peso en la política del país. Para lograrlo, y profundizar su potencial de cambio, se deben abandonar los intentos de alianza con el PPD, y se debe concretizar un discurso de transición a la única genuina independencia: el socialismo del siglo 21.

votos integros 2000 2012 

La población en edad de votar ha aumentado de 2,716,509 a 2,830,195 entre el 2000 y el 2011. Sin embargo, desde las elecciones del 2000, el número de votantes se ha reducido en un promedio de 6.6%.

Para las elecciones del 2008, los votos por candidatos PNP a la gobernación habían aumentado en un 5.07% y los votos íntegros PNP en un 4.53%. En otras palabras, los electores que habían decido salir de las filas electorales provenían del PPD y el PIP. Los votos a gobernación del PPD y sus votos íntegros ambos se habían reducido en un 9.6%. En el caso del PIP, los votos a gobernación se habían reducido en un 38.04% y los votos íntegros en un 34.18%.

Según nuestros cálculos, dada la tendencia de reducción en la participación electoral, en el 2012 votarían cerca de 1,879,540 personas. Efectivamente, votaron un total 1,878,969. Según la tendencia 2000-2008 en los votos por candidatos a la gobernación del PNP, hubieran contado con cerca de 1,066,300 votos en el 2012, asegurándoles una cómoda victoria. Usando solo la tendencia de votos íntegros PNP, hubieran contado con 1,017,674. En este caso, el PNP hubiera ganado con un 54% de los votos. Suponiendo que los electores populares que se habían salido de las filas electorales regresaran para votar por AGP, usando el 2000 como base, el PNP comoquiera hubiera ganado con un 50.6% de los votos.

Es decir, el descontento generalizado hacia Fortuño fue tan significante, que fue capaz de alterar la sumamente fuerte tendencia de continuo crecimiento del PNP durante la última década. Esto trae a la luz una profunda contradicción. El partido que quiera permanecer en el poder debe intentar mantener una política populista, lejos del neoliberalismo o de las políticas de austeridad. Pero por otro lado, la crisis fiscal y económica de la colonia está en su punto más profundo, seriamente obstaculizando el potencial de los partidos dominantes de practicar una política populista. Se cuaja una crisis que podría abrir muchas oportunidades tácticas para la izquierda.

Tácticas y estrategias en la izquierda

En el caso de los votos por candidatos a gobernación de partidos no-dominantes, se redujeron de cerca de 114,000 a cerca de 67,000 en el 2004; y luego volvieron a aumentar a 115,000 en el 2008. En el 2012 se redujeron nuevamente a cerca de 96,000 y además por primera vez se dividieron entre 4 partidos. En el 2000, el PIP obtuvo el 92% de estos votos mientras que en el 2012 obtuvo el 49%, el PPT el 19%, y el restante se distribuyó entre el MUS, PPR y nominaciones directas.

distribucion de votos por partidos no dominantes

El PIP logró mejorar levemente relativo al 2008, pero desde el 2000 han perdido cerca de 50,000 votos íntegros (una reducción de 55.8%). En otras palabras, la base electoral del PIP se ha literalmente cortado por más de la mitad desde finales del Siglo XX. Paralelamente, como vimos, el PIP actualmente obtiene aproximadamente la mitad de los votos para partidos no-dominantes. Por tanto, se puede decir que el PIP ha perdido la capacidad de unificar bajo su proyecto esos cerca de 100,000 votos que están dispuestos a romper con la dinámica del “menos malo,” contrastándose con las elecciones del 2000 donde el asunto de Vieques los ayudó a lograr dicho objetivo. Por tanto, la consigna de corto/mediano plazo del PIP debería ser “unificar los 100,000.”

Evidentemente el PIP se encuentra en una crisis política en donde su actitud de “no los queremos, no los necesitamos” respecto a otros independentistas, ha sido fundamental en obstaculizar crecimiento significativo en el partido. No obstante, la insistencia de gran parte del independentismo en buscar alianzas con el PPD agrava las posibilidades de “unificar los 100,000.”

El programa del PIP es sumamente abarcador y progresista, pero sus campañas giran alrededor del eje del orgullo patrio, una retórica que ya pasó a la historia como instrumento de agitación en nuestro país. ¿Acaso la retórica de puertorriqueñidad no es uno de los instrumentos de mercadeo del Banco Popular? El PIP debe enfatizar aun más en su campaña las preocupaciones del pueblo trabajador. El PIP ya hace eso, muchos dirán. Pero, el asunto es que lo debe hacer aun más. El PIP en un momento funcionó como un frente de izquierda, en donde cabían socialdemócratas junto a socialistas. Su táctica de abandonar el socialismo junto a su consigna de “arriba los de abajo,” no atrajo votos del centro, pero sí enajeno votos de izquierda. El PIP debe buscar “unificar los 100,000” moviéndose a la izquierda, no al centro.  Es más táctico para el PIP, aunque les parezca contradictorio, sin titubeo alguno hablar del socialismo del siglo XXI.

De la mano a esto, el independentismo debe abandonar toda estrategia de alianza con el PPD. Solo tiene dos posibilidades de fracaso, un fracaso rotundo que provocó un desperdicio de tiempo y recursos, o un fracaso rotundo sumado a total cooptación del movimiento, obstaculizando aun más futuras posibilidades.

Las organizaciones principales del ala nacionalista del independentismo (PIP,MINH), deben reconocer que en la abrumadora mayoría del mundo, incluso regiones aun colonizadas como el país vasco, la retórica nacionalista se fusionó al discurso socialista. Del independentismo lograr crecer, será necesario profundizar el trabajo con el movimiento socialista puertorriqueño, y enterrar la retórica vacía del patriotismo.

Transformación social y alternativa socialista

El siguiente escrito es un fragmento del articulo “Los Puntos de la Brújula: Hacia una alternativa socialista” de Erik Olin Wright (http://www.ssc.wisc.edu/~wright/PuntosBrujula–NLR41.pdf)

La cuestión central de una teoría de la transformación es ésta: dados los obstáculos y oportunidades para la transformación emancipadora generados por el proceso de reproducción social, las discontinuidades en ese proceso y la incierta trayectoria futura del cambio social, ¿qué tipo de estrategias colectivas nos ayudarán a avanzar en la dirección de la emancipación social? Las luchas por ideales democráticos, igualitarios y emancipadores se han arracimado históricamente en torno a tres formas básicas de transformación a través de las cuales se podrían construir nuevas instituciones de poder social: rupturista, intersticial y simbiótica.

Las transformaciones rupturistas pretenden crear nuevas instituciones de poder social mediante una brusca ruptura con las formas y estructuras sociales existentes. La idea central es que la confrontación directa y la lucha política crearán una disyunción radical en la que las instituciones existentes serán destruidas y se construirán otras nuevas en un corto espacio de tiempo. Se plantea así un escenario revolucionario para la transición al socialismo: una victoria decisiva y general de las fuerzas populares que da lugar a la rápida transformación de las estructuras económicas subyacentes. Sin embargo, las transformaciones rupturistas no se limitan a las revoluciones. Pueden afectar a ciertos conglomerados de instituciones y no a los fundamentos del sistema social; también pueden ser parciales y no totales. La idea unificadora es una brusca discontinuidad y un cambio rápido, en lugar de una lenta metamorfosis durante un largo periodo de tiempo.

Las transformaciones intersticiales tratan de construir nuevas formas de poder social en los nichos, espacios y márgenes de la sociedad capitalista, a menudo allí donde no parecen plantear una amenaza inmediata para las clases y elites dominantes. Ésta es la estrategia más profundamente inmersa en la sociedad civil y a menudo es invisible al radar de los críticos radicales del capitalismo. Aunque las estrategias intersticiales están en el centro de algunos planteamientos anarquistas del cambio social y desempeñan un gran papel práctico en los esfuerzos de muchos activistas comunales, los socialistas revolucionarios han despreciado a menudo tales esfuerzos, considerándolos meramente paliativos o simbólicos, sin que ofrezcan muchas perspectivas de un desafío serio al statu quo. Sin embargo, acumulativamente, tales transformaciones pueden suponer no sólo una diferencia real en la vida de la gente, sino, al menos potencialmente, un componente clave de la ampliación del ámbito transformador del poder social en el conjunto de la sociedad.

Las transformaciones simbióticas suponen estrategias en las que la extensión y profundización de las formas institucionales de poder social popular también resuelve ciertos problemas prácticos a los que se enfrentan las clases y elites dominantes. La democratización del Estado capitalista, por ejemplo, fue el resultado de presiones concertadas y luchas desde abajo que en un primer momento se consideraron una seria amenaza a la estabilidad del dominio capitalista. El incremento de poder social fue real, no ilusorio, pero también ayudó a resolver problemas que perturbaban los intereses de los capitalistas y otras elites, contribuyendo a la estabilidad del capitalismo. Las transformaciones simbióticas tienen así un carácter contradictorio, beneficiándose a menudo de una tensión entre los efectos a corto y a largo plazo del cambio institucional: a corto plazo, las formas simbióticas de poder social corresponden a los intereses de las clases y elites dominantes; a largo plazo pueden desplazar el equilibrio de poder hacia un poder social más amplio.

Estos tres tipos de transformaciones sugieren posturas y actitudes muy diferentes hacia la política de transformación. La transformación rupturista, al menos en sus formas más radicales («destruir el Estado»), supone que las instituciones centrales de reproducción social no se pueden utilizar eficazmente con propósitos emancipadores; deben ser destruidas y sustituidas por algo cualitativamente nuevo y diferente. La transformación intersticial («ignorar al Estado») pretende ir construyendo poco a poco un mundo alternativo dentro del viejo. Quizá haya momentos en que se puedan aprovechar para ese fin las instituciones establecidas, pero las transformaciones intersticiales suelen dejar de lado los centros principales de poder. La transformación simbiótica («usar el Estado») busca formas de insertar los cambios emancipadores en las instituciones decisivas de reproducción social, especialmente el Estado, con la esperanza de forjar nuevas formas híbridas que no quepa echar atrás, avanzando en la dirección de un ámbito ampliado para el poder social emancipador.

Todas esas estrategias presentan problemas. Ninguna de ellas garantiza el éxito. Todas ellas albergan riesgos y dilemas. En diferentes momentos y lugares, una u otra puede ser la más eficaz, pero normalmente ninguna de ellas basta por sí misma. A menudo sucede que los activistas se comprometen profundamente en una u otra de estas visiones estratégicas, que les parece universalmente válida, y malgastan demasiadas energías en el rechazo de los demás modelos. Un proyecto a largo plazo con perspectivas de éxito debería afrontar el complicado problema de combinar esas estrategias, incluso si la combinación significa inevitablemente que las luchas a menudo se crucen.

En este inicio del siglo XXI resulta fácil el pesimismo sobre las perspectivas futuras de un socialismo de poder social; pero es importante recordar que en todo el mundo se están ensayando muchas de esas propuestas. Existen experimentos, se están construyendo continuamente nuevas instituciones (y también, desgraciadamente, destruyendo) en los intersticios de las sociedades capitalistas, y de vez en cuando se producen victorias políticas en las que el Estado puede colaborar en el proceso de innovación social. Constantemente surgen nuevas formas de poder social. No sabemos cuáles puedan ser los límites de tales experimentos parciales y fragmentarios y de la innovación en el capitalismo: el poder social puede quedar en último término restringido a los márgenes, o puede haber mucha más capacidad de maniobra. Pero lo que es seguro es que todavía no hemos llegado a esos límites.

Pensar sistemáticamente sobre las alternativas emancipadoras es un elemento del proceso por el que se pueden ampliar los límites de lo posible. Lo que por el momento parece únicamente lejanas visiones de un cambio viable puede convertirse quizá en proyectos políticos coherentes. Embarcándonos en la exploración del aumento del poder social dentro del capitalismo, podemos alcanzar un mundo de poder sobre él y quizá finalmente trascenderlo.

La izquierda mundial después de 2011

Por Immanuel Wallerstein/La Jornada

Bajo cualquier parámetro con que se mida, 2011 fue un buen año para la izquierda en el mundo –no importa lo amplio o estricto que se defina la izquierda mundial. La razón básica fueron las condiciones económicas negativas que sufrió casi todo el mundo. El desempleo era alto y creció aún más. Casi todos los gobiernos tuvieron que enfrentarse a elevados niveles de deuda con ingresos reducidos. Su respuesta fue tratar de imponer medidas de austeridad a sus poblaciones mientras que intentaban proteger a sus bancos al mismo tiempo.

El resultado fue un revuelta por todo el mundo que los movimientos que conformaron Ocupa Wall Street (OWS) llamaron el 99 por ciento. La revuelta ocurrió en contra de la excesiva polarización de la riqueza, contra los gobiernos corruptos, y contra la naturaleza esencialmente antidemocrática de estos gobiernos –sea que contaran o no con un sistema multipartidista.

No es que los OWS, la Primavera Árabe o losindignados consiguieran todo lo que esperaban. El hecho es que lograron cambiar el discurso mundial, y lo alejaron de los mantras ideológicos del neoliberalismo acercándolo a temas como la inequidad, la injusticia y la descolonización. Por primera vez en un largo tiempo, la gente común discutía la naturaleza misma del sistema en que vivían; ya no se les podía dar por hecho.

Para la izquierda mundial la cuestión ahora es si puede avanzar y traducir este éxito discursivo inicial en una transformación política. El problema puede plantearse de un modo muy simple. Aun si en términos económicos existe una brecha clara y creciente entre un muy pequeño grupo (uno por ciento) y un grupo muy grande (99 por ciento), esto no significa que así ocurra la división política. A escala mundial, las fuerzas de centroderecha siguen representando a algo así como la mitad de las poblaciones del mundo, o por lo menos a aquéllos que son activos en lo político de alguna manera.

Por lo tanto, para transformar el mundo, la izquierda mundial necesitará un grado de unidad política que todavía no tiene. De hecho, existen profundos desacuerdos en torno a los objetivos de largo plazo y las tácticas de corto plazo. No es que estos puntos no se debatan, por el contrario, están en debate candente, y hay pocos progresos en cuanto a remontar las divisiones.

Estas divisiones no son nuevas. Eso no las hace más fáciles de resolver. Hay dos que son importantes. La primera tiene que ver con las elecciones. No hay dos, sino tres posiciones con respecto a las elecciones. Hay un grupo que sospecha profundamente de las elecciones, y argumenta que participar en ellas no es sólo ineficaz en lo político sino que refuerza la legitimidad del sistema-mundo existente.

Los otros piensan que es crucial tomar parte en el proceso electoral. Pero este grupo se divide en dos. Por un lado, quienes argumentan que son pragmáticos. Quieren trabajar desde dentro –desde el partido principal de centroizquierda cuando funcione un sistema multipartidista, o dentro del partido único de facto, cuando la alternancia parlamentaria no esté permitida.
Y por supuesto hay quienes denuncian esta política de escoger el mal menor. Insisten que no hay una diferencia significativa entre los principales partidos alternativos y respaldan la idea de algún partido que genuinamentesea de izquierda.

Todos estamos familiarizados con este debate y hemos escuchado los argumentos una y otra vez. Sin embargo, es claro, por lo menos para mí, que si no hay cierto acercamiento entre los tres grupos en lo que respecta a las tácticas electorales, la izquierda mundial no tiene mucha oportunidad de prevalecer ni en el corto ni en el largo plazo.

Creo que hay un modo de reconciliación. Implica distinguir entre las tácticas de corto plazo y la estrategia de más largo plazo. Concuerdo mucho con quienes argumentan que obtener el poder del Estado es irrelevante para (y posiblemente hace peligrar la posibilidad de) una transformación de más largo plazo del sistema-mundo. Como estrategia de transformación, se ha probado muchas veces y ha fallado.

Esto no significa que esa participación electoral en el corto plazo sea una pérdida de tiempo. El hecho es que una gran parte del 99 por ciento está sufriendo agudamente en el corto plazo. Y es este sufrimiento de corto plazo su principal preocupación. Están intentando sobrevivir, y ayudar a sus familias y amigos a sobrevivir. Si pensamos en los gobiernos no como agentes potenciales de transformación social sino como estructuras que pueden afectar el sufrimiento de corto plazo mediante sus decisiones en torno a políticas públicas, entonces la izquierda mundial está obligada a hacer lo posible por conseguir decisiones de los gobiernos que minimicen las penurias.

Trabajar por minimizar las penurias requiere de la participación electoral. ¿Y qué pasa con el debate entre quienes proponen el mal menor y quienes proponen respaldar a genuinos partidos de izquierda? Ésta se vuelve una decisión de táctica local, que varía enormemente de acuerdo a varios factores: el tamaño del país, la estructura política formal, la demografía, la localización geopolítica, la historia política. No hay una respuesta estándar, ni pueda haberla. Ni tampoco la respuesta de 2012 va a ser válida para 2014 o 2016. Para mí, por lo menos, no es un debate de principios sino una situación táctica que evoluciona en cada país.

El segundo debate básico que consume a la izquierda mundial es la que existe entre lo que yo le llamodesarrollismo y lo que podría llamarse la prioridad de un cambio civilizatorio. Podemos observar este debate en muchas partes del mundo. Uno lo ve en América Latina en los debates en curso, impulsados con bastante enojo entre los gobiernos de izquierda y los movimientos de pueblos indígenas –por ejemplo en Bolivia, Ecuador o Venezuela. Uno lo ve en América del Norte y en Europa en los debates entre los ambientalistas/verdes y los sindicatos que le dan prioridad a retener y expandir el empleo disponible.

Por un lado, la opción desarrollista, sea que la pongan en marcha los gobiernos de izquierda o los sindicatos, es aquélla de que sin crecimiento económico no hay modo de rectificar los desequilibrios económicos del mundo actual, sea que hablemos de la polarización al interior de los países o de la polarización entre naciones. Este grupo acusa a sus oponentes de respaldar, al menos objetiva y posiblemente subjetivamente, los intereses de las fuerzas del ala derecha.
Los proponentes de la opción antidesarrollista dicen que concentrarnos en la prioridad del crecimiento económico está mal por dos razones. Es una política que simplemente continúa los peores rasgos del sistema capitalista. Y es una política que ocasiona un daño irreparable –ecológico y social.

Esta división es todavía más apasionada, si eso es posible, que la participación electoral. La única manera de resolverla es proponiendo arreglos, sobre la base de caso por caso. Para hacer esto posible, ambos grupos deben aceptar de buena fe las credenciales de izquierda del otro. Y no será fácil.

¿Pueden remontarse estas divisiones de la izquierda en los próximos cinco a 10 años? No estoy seguro. Pero si no se remontan, no creo que la izquierda mundial pueda ganar la batalla en los próximos 20 a 40 años en torno a qué clase de sistema sucesor tendremos conforme el sistema capitalista se colapsa definitivamente.

Traducción: Ramón Vera Herrera