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Puerto Rico: La participación laboral más baja del mundo

Por Ricardo R. Fuentes Ramírez*/Especial para CLARIDAD

Publicado en Claridad, El Periódico de la Nación Puertorriqueña

http://www.claridadpuertorico.com

Según las estadísticas del Departamento del Trabajo, durante el mes de septiembre la tasa de participación de Puerto Rico cayó a 39.2%. No sólo es la más baja en nuestra historia, sino que es posiblemente la más baja del mundo. Según las estadísticas más recientes del Banco Mundial, en el 2010 los países con la tasa de participación más baja fueron Gaza, Moldavia, Jordania e Irak, con una tasa de 41%. Por otro lado, nuestros vecinos latinoamericanos tienen una tasa de participación promedio de 66.2% y Estados Unidos una tasa de 63.7%. ¿Cómo explicamos la tasa de participación tan baja presente en Puerto Rico? Este fenómeno sin duda alguna ha abierto las puertas a un sinnúmero de explicaciones no sólo erróneas, sino además elitistas y clasistas.

La explicación más elitista, simplemente argumenta que el puertorriqueño se caracteriza por ser un vago,

propenso por tanto a “vivir del mantengo.” Otra explicación, un poco menos elitista, argumenta que se trata

sencillamente de un asunto de incentivos. Estos argumentan que muchos trabajadores y trabajadoras en cierto

nivel de pobreza se encuentran en una situación en donde realmente salen mejor dejando de trabajar y recibiendo

programas de asistencia. Los partidarios de esta idea suelen comoquiera criminalizar las personas que reciben

programas de asistencia, estimulando el mito generalizado de que se trata de personas que llenan sus carros de

compra de artículos innecesarios e incluso viven mejor que segmentos de la clase trabajadora. Lo más lamentable

es que esta criminalización elitista es sumamente común en gran parte de los sectores progresistas del país. Tan

reciente como esta campaña electoral, podemos encontrar mensajes de candidatos y candidatas cayendo en este

discurso.

No cabe duda de que el asunto de los incentivos influye, pero se queda sumamente corto para comprender a

profundidad los procesos subyacentes en este fenómeno. Por otro lado, podemos encontrar información valiosa

para entender este particular si nos enfocamos en las dinámicas de clase que se dan al interior de nuestra

economía, y entre ésta y el capitalismo global. Específicamente, podemos comprender nuestra participación laboral

si la contextualizamos con nuestro proceso de desarrollo capitalista dependiente, o como lo llamó el sociólogo y

economista alemán Andre Gunder Frank: el lumpendesarrollo.

El análisis no es nuevo. A principios del siglo pasado, Trotsky y Lenin ya hablaban de la “ley de desarrollo desigual y

combinado” y de imperialismo, para explicar cómo las potencias capitalistas bloquean en gran medida el desarrollo

de las naciones del Tercer Mundo, hoy eufemísticamente llamadas “en vías de desarrollo.” El poder económico de

los países capitalistas avanzados les permite explotar y empobrecer a las naciones del Tercer Mundo. No sólo se

trata de que nuestros pueblos están económicamente atrasados, sino que nuestro subdesarrollo es el resultado del

enriquecimiento de los países desarrollados. No obstante, ocurren transferencias de capital y tecnología de esos

países a los nuestros, por tanto vemos desarrollo. Pero es un desarrollo dependiente, siempre a favor de los

intereses del capital extranjero; es decir, lumpendesarrollo.

¿Cómo esto nos ayuda a entender nuestra participación laboral? El imponer desde afuera procesos de producción

capitalistas en países que no habían pasado por procesos de desarrollo industrial propios, creó una incongruencia

en las fuerzas productivas de éstos. El capital de los países avanzados sólo necesita una cantidad limitada de

obreros y obreras, dejando fuera del proceso de producción a una cantidad abrumadora de personas o

integrándolas sólo levemente en el mismo. Esto creó un fenómeno que algunos teóricos han llamado

semi-proletarización, refiriéndose a que muchas de las personas en el Tercer Mundo son integradas a procesos de

producción capitalistas sólo en parte, obligándolas a tener que recurrir a actividades de subsistencia como la

siembra de alimentos y la cría de animales. La teórica alemana Rosa Luxemburgo introdujo la idea, hoy elaborada

por el sociólogo estadounidense John Bellamy Foster, de que esto les permite a los capitalistas mantener los

salarios depreciados a nivel global. En términos marxistas, implica que el ejército de reserva industrial del

capitalismo global se encuentra mayormente en el Tercer Mundo.

Puerto Rico no se excluyó de este proceso. Nuestro proceso de industrialización, iniciado con Operación Manos a la

Obra, es un clásico ejemplo del lumpendesarrollo. Las empresas extranjeras nunca generaron suficientes empleos

como para integrar la mayoría de nuestra fuerza laboral, y tampoco crearon eslabonamientos con nuestra economía

local, dejándonos en gran medida subdesarrollados, o lumpendesarrollados. Pero las particularidades de nuestro

local, dejándonos en gran medida subdesarrollados, o lumpendesarrollados. Pero las particularidades de nuestro

caso económico colonial implicaron que en vez de semi-proletarización y actividades de subsistencia como la

siembra de alimentos y la cría de animales, tenemos actividades económicas informales y programas de asistencia

social. No obstante, el lumpendesarrollo capitalista al que fuimos sometidos es la raíz de nuestra baja participación

laboral, no la vagancia de los puertorriqueños o un arreglo de incentivos reformable.

A modo de ejemplo, supongamos que se lleva a cabo una reforma que logre incentivar el trabajo en vez del

“mantengo,” y la participación laboral sube a un 60%. Usando los últimos datos del Departamento del Trabajo,

vemos que esto incrementaría nuestro Grupo Trabajador en cerca de 661,000 personas, para un total de cerca de

1,927,000 personas. Actualmente, 173,000 personas no consiguen trabajo. Por tanto, podemos suponer que la

mayoría de esas nuevas adiciones al Grupo Trabajador tampoco conseguirán. En otras palabras, tendríamos cerca

de 834,000 personas desempleadas, con una tasa de desempleo sobre un 40%. Contrastemos esta cifra con que

durante la Gran Depresión, la tasa de desempleo en Puerto Rico nunca subió sobre un 25%. Es decir, nuestra

estructura económica, no podría sustentar un aumento en nuestra participación laboral.

No cabe duda de que el problema no es ni de vagancia o incentivos; es estructural. Pero, no se trata de cualquier

problema estructural, es un problema estructural causado por el lumpendesarrollo capitalista de nuestro país. Esto

debe servir como recordatorio de que la reestructuración económica que nos urge debe ser guiada hacia la

democratización de nuestra economía, socializando nuestros recursos económicos y utilizándolos de una manera

planificada, democrática y participativa. Ésa debe ser la visión que guíe nuestro trabajo actual, una visión socialista

para el Siglo XXI. Finalmente, debemos desprendernos de todo discurso que reproduzca el elitismo, el clasismo,

nuestra denigración como pueblo, y que además promueva visiones que en nada ayudan a comprender o

transformar nuestra realidad. Es fundamental ser críticos de esta retórica, que criminaliza y ataca nuestras

comunidades pobres y marginadas, cuando deberíamos estar integrándonos a sus luchas e integrándolas a las

nuestras.

* El autor es estudiante en el programa doctoral de economía en UMASS.

© Claridad 2004-2009 | http://www.claridadpuertorico.com | Generado: nov 27, 2012

La Vagancia y el Mantengo de los Puertorriqueños

Cuantas veces no hemos escuchado lo siguiente??:

“El problema es q la mayoría de los boricuas son mantenidos; tienen 8 hijos pa llenar el carrito y coger suficientes cupones pa tener un plasma y directv en el caserío”–

El libro “Sobrevivencia, pobreza y “mantengo”, la política asistencialista estadounidense en Puerto Rico: el PAN y el TANF” de Linda I. Colon Reyes derrota este estereotipo y lo recomiendo fuertemente. A continuación una reseña del libro adquirida en la pagina web de Prensa Comunitaria:

Desenmascaran mitos sobre la pobreza en Puerto Rico

LUNES, 21 DE MARZO DE 2011 10:17 CARLA MINET

Como si tuviera una lupa que le permite ver al detalle la realidad del país, Linda Colón se lanzó al reto de estudiar los datos y estadísticas relacionadas con la composición socioeconómica de los grupos en desventaja en Puerto Rico y como resultado de su investigación, entrega el libro Sobrevivencia, pobreza y “mantengo”, la política asistencialista estadounidense en Puerto Rico: el PAN y el TANF. La publicación de Ediciones Callejón será presentada por la Dra. Norma Rodríguez y el Dr. Héctor Meléndez Lugo en la Librería La Tertulia en Río Piedras, este miércoles, 23 de marzo a las 7:00pm.

Durante su investigación, Colón encontró datos que confrontan de forma contundente muchos de los mitos sobre los pobres en el país. La experta en el tema, desmitifica algunas de esas concepciones. En Puerto Rico, son más las personas que viven bajo los niveles de pobreza que las personas que dependen de los programas de asistencia federal. Este y muchos otros datos sobre la política asistencialista estadounidense en Puerto Rico, están detallados en el libro.

La profesora Colón ha dedicado muchos años de estudio al análisis de la pobreza, y enseña sobre el tema en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. También fue directora de la Oficina de Comunidades Especiales y es presidenta interina de la Junta de Directores de Prensa Comunitaria.

Siempre se ha dicho que en Puerto Rico más del 60% de la población vive de la asistencia del gobierno federal. “Falso, nunca ha sido así”, asegura Colón. Según los hallazgos revelados en el libro, en septiembre del 2007, el PAN ofreció servicios asistenciales a 1,086,811 personas. Las mismas constituían el 27% de la población total de Puerto Rico. En septiembre del 2008, debido a la profundización de la crisis nacional e internacional, esa cifra aumentó a 1,243,653 (32%) personas.

Otro mito echado por el piso por Colón es aquel de que “los pobres viven cómodos porque les dan mucho dinero sin tener que trabajar”. También es falso, sustenta. “Las ayudas del PAN y el TANF son ayudas complementarias que no alcanzan para vivir. El promedio de dinero otorgado en ayuda para compra de alimento osciló entre 18 centavos diarios por persona en 1973-74, $1.62 diario en 1989-90 y alrededor de $3.57 diarios en el 2007. Esta última cifra equivale a $1.19 por comida. El promedio de ayuda recibido por personas en el 2008 era $112.87 mensuales equivalentes a $3.64 diario. En ese mismo año hubo un aumento de 8% en el precio de los alimentos. El pasado año llegó a $1.25 diario”.

Colón también exploró el perfil socioeconómico de los residenciales públicos de la isla. En el 2006 el Departamento de la Vivienda informó que en los residenciales públicos de Puerto Rico vivían 134,418 personas y alrededor de 49,413 familias. Entre las familias, 81% estaban encabezadas por mujeres. En el 2006, de acuerdo con los datos provistos por el Departamento de la Vivienda, los porcentajes de familias encabezadas por mujeres en los residenciales se mantenían sobre el 80% en muchos municipios y sobre el 70% en todos.

La situación de pobreza y su efecto en las mujeres se puede atisbar con algunos datos que recopila la socióloga. Por ejemplo, en el 2006, de acuerdo con los datos provistos por el Departamento de la Vivienda, los porcentajes de familias encabezadas por mujeres en los residenciales se mantenían sobre el 80% en muchos municipios.

Otra repetida leyenda de que las familias pobres son numerosas porque las mujeres tienen hijos para que les den más ayudas y el gobierno los mantenga también resulta ser falsa según las estadísticas. La población de Puerto Rico frenó su crecimiento y las familias que reciben el PAN tiene las mismas características que las demás. El 92% de las familias que recibían el PAN tenían 4 miembros o menos.

La presentación del libro Sobrevivencia, pobreza y “mantengo”, la política asistencialista estadounidense en Puerto Rico: el PAN y el TANF será transmitida en directo por http://www.prensacomunitaria.com.

En el contexto del nuevo Informe de Casa Blanca sobre Puerto Rico emitido esta semana, esta discusión adquiere pertinencia pues el informe parece proponer que se aumente la dependencia de la isla de los fondos federales.

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Los puertorriqueños son vagos igual que los negros

Los puertorriqueños son vagos igual que los negros: El Mito de la Vagancia en Puerto Rico

Una de las palabras despectivas que se usaron en EEUU para referirse a las personas negras fue “porch-monkey,” o “mono de balcón.” La palabra implicaba que las personas negras eran vagas ya que lo único que hacían todo el día era estar sentadas en el balcón de sus casas hablando con sus vecinos o vecinas. Este estereotipo de que las personas negras eran vagas creció durante la década de los treinta. Encuestas de la época demuestran que la gran mayoría de las personas blancas en EEUU estaban de acuerdo en que las personas negras eran sobre todo lo demás, supersticiosas y vagas.

Ciertamente, muchas personas negras durante la década de los treinta no trabajaban. Pero no porque eran vagas. La Gran Depresión afectó más a la comunidad negra que a los blancos. Ya para 1932 la mitad de los hombres negros habían perdido su empleo como consecuencia de la recesión. En algunas ciudades las personas blancas exigían que se despidieran las personas negras para preservar empleos para ellas. La violencia hacia las personas negras incrementó significativamente con actos como los linchamientos en los estados del sur.

Sin duda alguna la participación laboral de la comunidad negra era baja, pero al tomar en cuenta las condiciones sociales que la rodeaban entendemos que no trabajaban no porque eran vagos o vagas, sino porque un sinnúmero de factores les obstaculizaba conseguir trabajos dignos o consistentes.

Los puertorriqueños también sufren del estereotipo de la vagancia. En Puerto Rico se determina que la participación laboral es baja y concluyen que las personas son vagas. Y de eso nadie duda.

Según las estadísticas del Departamento del Trabajo, el 80% de las personas que no estaban activamente buscando empleo en el 2009 eran o mujeres en oficios domésticos o personas (hombres o mujeres) retiradas, incapacitadas o estudiando. Ninguno de estos grupos se les puede acusar de vagancia.

¿Y el otro 20%? Esas cerca de 300,000 personas, ¿esos sí son todos unos vagos mantenidos? Tampoco. Otro elemento es el desempleo. Puerto Rico históricamente ha tenido un alto nivel de desempleo. Es importante aclarar que la tasa de desempleo no se refiere simplemente a la gente que no trabaja. El desempleo se calcula según las personas que quieren trabajar, están activamente buscando empleo, pero no consiguen. Si vemos la lista de los países y territorios en orden de tasa de desempleo, vemos que, en términos porcentuales, es más difícil conseguir empleo en Puerto Rico que en todos estos lugares:

“Andorra Monaco Qatar Azerbaijan Guernsey Uzbekistan Faroe Islands Isle of Man Liechtenstein Belarus Vanuatu Cuba Papua New Guinea Thailand Kiribati Bermuda Moldova Morocco Jersey Kuwait Laos Tajikistan United Arab Emirates Bangladesh Bhutan Mongolia San Marino Denmark Ukraine Gibraltar Norway Guatemala Singapore Switzerland Cambodia Macau Malaysia South Korea Cyprus Nicaragua Northern Mariana Islands Brunei Niue Palau Vietnam Cayman Islands Netherlands Austria Saint Kitts and Nevis Mexico Japan Namibia New Zealand Pakistan Hong Kong Paraguay Trinidad and Tobago Costa Rica Australia Romania Taiwan Sri Lanka Montserrat Luxembourg Bulgaria Panama El Salvador Malta India Virgin Islands Aruba Armenia Italy United Kingdom Kazakhstan Belgium Philippines Bolivia Botswana Israel Barbados Fiji The Bahamas Venezuela Uruguay Czech Republic Anguilla Canada Central African Republic Mauritius Germany Guam Argentina Indonesia Slovenia Belize Sweden Ecuador Egypt Finland France Peru Brazil Portugal”

Evidentemente, conseguir empleo en Puerto Rico no es tan fácil cuando nos comparamos con otros lugares alrededor del mundo. Esto provoca lo que se conoce como “trabajadores desalentados.” Se trata de las personas que genuinamente querían trabajar pero dejaron de buscar dado lo difícil que era conseguir un empleo. Si esas cerca de 300,000 personas hubieran decidido intentar buscar trabajo, el desempleo hubiera subido de 15% a 37% en el 2009. En otras palabras, es nuestra estructura económica la que no propicia el trabajo en nuestro país; no la supuesta vagancia de los puertorriqueños.

Finalmente, esta el asunto de la economía informal, o sea toda la actividad económica que no esta siendo registrada por el gobierno. La economía informal no esta compuesta exclusivamente por criminales, aquí se encuentran todas las personas que trabajan y no lo informan al gobierno. Aquí se encuentran los que cortan grama o limpian patios, el constructor independiente que no informa a totalidad sus trabajos, o la joven que hace uñas y pasa “blower” en su casa. Economistas han calculado que la economía informal puede representar alrededor de $10 mil millones de dólares al año. Esto es cinco veces la cantidad de ayudas federales otorgadas anualmente. Dado el tamaño de esa cifra, es evidente que son muchos los puertorriqueños y puertorriqueñas que trabajan sin informárselo al gobierno.

Es improbable que éstas cerca de 300,000 personas hayan sobrevivido exclusivamente de ayudas federales. A modo de ejemplo, según los datos del Censo y el Departamento de la Familia para el año 2006-07, las personas que cogen “cupones” recibieron en promedio $3.57 al día. ¿Uno puede alimentarse con menos de $4 dólares al día? Es necesario trabajar, formal o informalmente. Considerando el tamaño de nuestra economía informal, podemos especular que gran parte de esos 300,000 “vagos” en realidad llevaron a cabo actividad económica de manera informal. En otras palabras, no se trata de vagancia; en todo caso se podría tratar de evasión contributiva.

En resumen, el 80% de las personas que no trabajan definitivamente que no son vagas, y del otro 20% probablemente muchas tampoco lo son. El mito de la vagancia en Puerto Rico es solo eso, un mito. Cumple el propósito de desviarnos de las verdaderas raíces de nuestros problemas: la colonia y el capitalismo